Durante esta pandemia del virus Covid-19, nos unimos al Papa Francisco y a los obispos de los Estados Unidos para orar por la intercesión de María, Nuestra Santísima Madre, en nombre de todos los que sufren a causa de esta epidemia en todo el mundo. Oramos por los miles que ya han muerto y los cientos de miles más que se encuentran enfermos en el momento que escribimos este mensaje, a fines de marzo, y por el número incalculable que se verá afectado a medida que la enfermedad continúe. También oramos para que se alivie la dificultad de tantos otros que se verán afectados negativamente de innumerables maneras por la interrupción sin precedentes que el coronavirus está causando en todo el mundo.

En este momento de prueba, apoyamos los esfuerzos de los líderes y trabajadores de la salud en todas partes que están respondiendo a esta crisis con urgencia y compasión, y rezamos para que esta emergencia sirva para recordarnos que somos un solo cuerpo, todos nosotros hijos de Dios, y que la lucha para vencer este mal sirve en última instancia para unirnos en este nuestro Hogar Común. Porque, como dijo San Pablo, “Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él”, (1 Corintios 12, 24-26).

En Maryknoll, mantenemos en nuestras oraciones a todos los miembros de nuestra familia Maryknoll y extendemos nuestras oraciones a todos nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo, y les pedimos sus oraciones por nuestros misioneros en ultramar y por aquellos a quienes sirven.

Oremos con el Papa Francisco a la madre de Jesús durante esta pandemia: “Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!”.

Sinceramente suyo en Cristo,
Padre Raymundo J. Finch, M.M.
Superior General de Maryknoll

 

Oración en tiempo de pandemia
Por Joseph Veneroso, M.M.

¡Sálvanos, salvador del mundo!
Deja que tu misericordia cubra la Tierra
como la luz del sol llena los cielos.

Que estos días de enfermedad, incertidumbre y miedo
nunca eclipsen tu llamado a ser
los guardianes de nuestros hermanos y hermanas.

Mantennos a salvo, oh Señor, no solo de
enfermedad física y peligro,
pero también de enfermedades espirituales
de odio, envidia, avaricia y apatía.

Concede que estos momentos de prueba
nos enseñen a apreciar nuestra salud,
nuestra fe, nuestros amigos y familiares,
y, sobre todo, nuestra vida.

En tus manos misericordiosas
encomendamos las almas de los fallecidos
y te rogamos por tu bendición sobre los enfermos.

Abre nuestros corazones a tu
amor y perdón
y nuestros ojos a tu imagen divina
en todos los pueblos en todo momento.

Que nunca nos cansemos de servirte.

Amén