El Padre Maryknoll Thomas Henehan, un sacerdote misionero por casi 55 años, sirvió en Guatemala, Chile, Bolivia y, actualmente, en los Estados Unidos. (Sean Sprague/Bolivia)

Sacerdote ha dedicado su vida a inspirar a ser discípulos de Jesucristo

Al visitar su antiguo vecindario en Santiago, Chile, 15 años después de haberse ido del país, un transeúnte reconoció al Padre Maryknoll Thomas Henehan y lo saludó “¡Vecino Tomás!” El misionero sonrió ya que el título de vecino en Chile  no tiene precio, dice el padre Henehan, quien sirvió allá por más de dos décadas. “Ser llamado vecino indicaba la confianza de la gente”.

Este vecino recordaba al padre Henehan por su solidaridad durante tiempos de opresión política. Otros lo recuerdan por sus esfuerzos para empoderar a laicos comprometidos en las zonas más pobres de Santiago.

“Estamos llamados a actuar como el buen samaritano y responder a las necesidades de los demás”, dice el padre Henehan, que este año celebrará 55 años como sacerdote. “Saber que pueden ser parte de la misión de la Iglesia, la misión de Dios, proporciona un sentido de vida”.

A pesar de crecer en una familia muy devota en Chicago, Henehan descubrió su vocación más tarde. Fue un atleta dedicado a tres deportes en Loyola Academy en Wilmette, Illinois, y luego jugó fútbol americano y fue capitán del equipo de atletismo en College of the Holy Cross en Worcester, Massachusetts. La disciplina y el trabajo en equipo que aprendió al ser deportista lo prepararon para la misión, dice.

Foto durante la ordenación de la clase de sacerdotes Maryknoll del 1965. (Maryknoll Mission Archives)

El padre Henehan entrenó a atletas en Guatemala en 1974. (Maryknoll Mission Archives)

Durante su último año universitario, Henehan escuchó la homilía del Padre Maryknoll Edwin McDevitt y, de repente, el joven se sintió atraído al sacerdocio. Decidió faltar a una competencia de atletismo para tomar los exámenes de ingreso al seminario. Al preguntarle sobre el paradero de su jugador, su entrenador dijo que Henehan “se fue a ser sacerdote”. La noticia se publicó en un periódico local. El joven atleta—cuyas opciones después de la universidad incluían estudiar derecho, unirse a la fuerza aérea o jugar fútbol profesional—tuvo que discernir rápidamente cómo decirles a sus padres, su novia y sus compañeros sobre su nueva dirección de vida. Se unió a la Sociedad Maryknoll después de su graduación.

Después de su ordenación en 1965, fue promotor misionero y luego sirvió en Guatemala, donde entrenó al equipo nacional de atletismo y estableció un centro juvenil arquidiocesano. En 1975, Maryknoll lo asignó a Chile y él trabajo en la parroquia San Alberto en Santiago, Chile, la cual tenía más de 150.000 feligreses y varias comunidades eclesiales de base. Tenían un gran espíritu de entrega, dice.

El padre Henehan demuestra la técnica para el lanzamiento de disco a estudiantes atletas en Guatemala, 1974. (MaryknollMission Archives)

El padre Henehan le habla a una feligresa en Perú en 1994.(Maryknoll Mission Archives)

El padre Henehan mira las cruces y flores colocadas en el sitio de una fosa común para los desaparecidos en Lonquen, Chile, en el 1980. (Maryknoll Mission Archives)

El padre Henehan, quien fue superior regional Maryknoll de la región andina en los 1990s, lee durante una misa en Perú en 1994. (MaryknollMission Archives)

“El obispo estaba instalando 130 ministros laicos cada año”, dice el padre Henehan. Muchos laicos buscaron formación espiritual, agrega, por lo que el obispo le pidió que creará el Centro de Reflexión Pastoral.

El centro capacitó a miles de líderes laicos ayudándolos a responder a problemas como el desempleo, la represión política y crisis familiares desde una perspectiva cristiana.

“Fue una escuela de aprendizaje. Donde echamos raíces que nos permite mirar con mayor claridad lo que somos”, escribió el fallecido Alberto Cancino, quien descubrió su vocación de pedagogo al trabajar con el sacerdote Maryknoll. Más tarde, Cancino y otros líderes laicos formados por Mary-
knoll se hicieron cargo de la dirección del centro. “Descubro otro tipo de sacerdotes en ellos. Otro tipo de compromiso y servicio”, dijo. “Me siento con más energía y valor para enfrentar mi compromiso en mi parroquia”.

El padre Henehan y Misioneras Laicas Maryknoll Simone Charpentier (centro) y Susan Koenig conversan con sus jóvenes vecinos en Chile, 1990. (Maryknoll Mission Archives)

El padre Henehan, otros misioneros Maryknoll y cientos de miles de personas participan en la March por el Clima en la Ciudad de Nueva York en el 2014. (Giovana Soria/Nueva York)

Reunión de miembros del equipo del Centro Pastoral en Chile en el 2018. En la foto, de izq. a dcha., Doris Muñoz, Alberto Cancino, Thomas Henehan, Tito Reyes. (Foto cortesía de Thomas Henehan, M.M./Chile)

El pedagogo Alberto Cancino y el padre Henehan celebran durante la clausura del programa de formación misionera que Cancino había facilitado en CMMAL, Bolivia, en el 2006.

Saber que Dios los ama inspira a las personas a defender sus derechos, explica el padre Henehan. “Hay que acompañar a las personas de manera que se sientan empoderadas … Ellos descubren el poder que tienen dentro de si como hijos de Dios”.

“Empoderamiento por acompañamiento”, como él lo llama, ha sido crucial durante sus 44 años como misionero en América Latina. Pero empoderar al laicado no fue fácil durante la dictadura de Augusto Pinochet, dice el misionero.

“Había un ambiente de represión, de miedo, de amenazas a la Iglesia”, dice. “Las mujeres no sabían si la policía iba a detener a su padre o sus hijos”.

Durante el régimen de 17 años de Pinochet, más de 40.000 personas sufrieron violaciones de derechos humanos y más de 3.000 fueron ejecutadas o desaparecieron, según dos comisiones nacionales.

El padre Henehan recuerda que cuando civiles era detenidos, sacerdotes y religiosos iban a los barrios a rezar y mostrarles que no estaban solos.

Ser “una Iglesia de los pobres para los pobres” en ese entonces era causa de sospecha y malos entendidos, dice. Pero “Dios no está separado de la realidad”, explica el padre Henehan. “Si es una realidad de pobreza, violencia, injusticia y discriminación, la teología debe reflejar encontrar a Dios encarnado para vencer esos pecados”.

El gobierno tomó represalias contra quienes apoyaron el llamado del pueblo a la democracia y la paz.

La pequeña casa del padre Henehan fue allanada cuatro veces. En 1986, después de un atentado contra la vida de Pinochet, el gobierno rodeó las zonas más pobres de Santiago y arrestó a 40 personas, incluyendo al padre Henehan y otro sacerdote Maryknoll. Los misioneros fueron liberados ocho horas después, pero su residencia permanente chilena fue revocada. No obstante, ellos continuaron su trabajo pastoral utilizando visas temporales, ganando la credibilidad de la gente. Vivieron preocupaciones hasta el regreso de la democracia en 1990. “Acompañar a la gente es esencial” para un misionero, dice el padre Henehan.

El padre Henehan dirigió un retiro de adviento en el 2019 con la parroquia St. Mother Teresa of Calcutta, formada recientemente al combinar una parroquia mayormente china (St. Theresa) y una parroquia polaca (St. Barbara).

En 1996, el padre Henehan fue elegido miembro del Consejo General de la Sociedad Maryknoll en Nueva York, donde trabajó hasta 2002. Posteriormente, él llevó su experiencia pedagógica al Centro Misionero Maryknoll en América Latina (CMMAL) en Cochabamba, Bolivia. Allí, él ayudó a dirigir la Oficina Latinoamericana de Servicios Misioneros y a publicar materiales de capacitación misionera. También ayudó a desarrollar programas de formación a nivel local, nacional e internacional.

Miembros de la familia de Maryknoll, e incluso algunos obispos latinoamericanos, enviaron a sus líderes a Bolivia para fortalecer su formación misionera. Alberto Cancino también fue a Bolivia y ayudó a desarrollar programas de formación que enfatizaban “aprender haciendo”. Esos programas de educación popular inspirarían herramientas pedagógicas futuras, dice el misionero. Él agrega que Cancino ilustra cómo acompañar a las personas en su desarrollo cristiano produce frutos. “Aprendí más de mi alumno de lo que podría haber imaginado”, dice Henehan.

Cuando dos empleados de Maryknoll, quienes visitaban Cochabamba, le pidieron a CMMAL el crear un programa para la creciente población de hispanos en Estados Unidos, el padre Henehan aceptó el desafío.

El padre Henehan en la reunión anual de LaRED National Catholic Network de Pastoral Juvenil Hispana con Adriana Visoso (l.), presidenta de LaRED, y los participantes Dulce Hernández y Jorge Leal. Hernández y Leal, líderes católicos de Texas que convocaron Encuentros Misioneros Juveniles en Dallas con el apoyo de Maryknoll. (Foto cortesía de Thomas Henehan, M.M./Illinois)

Se comunicó con organizaciones pastorales y oficinas misioneras para conocer las realidades de la comunidad hispana. Luego, se asoció con el Instituto Fe y Vida para desarrollar un programa de formación misionera de cuatro años. “El 60% de todos los jóvenes católicos (menores de 18 años) en los Estados Unidos son hispanos”, dice Henehan, citando estadísticas publicadas por USCCB. “Tenemos que ser conscientes de su responsabilidad como iglesia misionera”.

Como parte del equipo de Discípulos Misioneros Maryknoll (DMM), sacerdote ha ayudado a desarrollar programas bilingües que alientan a las personas a descubrir su llamado bautismal a la misión. (Para mayor  información, visite misionerosmaryknoll.org)

El padre Henehan regresó a su Chicago natal en 2015 y aunque está semi-retirado, la misión continúa para el sacerdote de 81 años. Su vida ahora incluye ocasionalmente apoyar a 10 parroquias, visitar a antiguos compañeros en el hospital y conducir talleres de formación misionera y capacitación de catequistas y jóvenes.

“El padre siempre está listo para ayudar”, dice María Erazo, coordinadora de educación religiosa en Chicago. Inspirada por el misionero, Erazo asistió a talleres de capacitación de Maryknoll en Chicago, Nueva York y Guatemala. Ella dice que el entrenamiento reavivó su compromiso de compartir el amor de Dios en su vida diaria.

El padre Henehan—quien dejó su hogar hace más de medio siglo para entrenar a laicos comprometidos en América Latina—ve cómo las herramientas educativas que ayudó a desarrollar ahora están alentando a líderes laicos en los Estados Unidos a ir a las periferias de la sociedad, como dice el Papa Francisco. “Hablamos de la necesidad de ser agentes de esperanza”, dice el padre Henehan. “La misión es un compromiso de ser un agente de transformación en un mundo que necesita desesperadamente esperanza y vida abundante para todos, no solo para una pequeña minoría”.