Familia celebra el sacramento de la Primera Comunión de Emely (al centro). En la foto, de izq. a dcha., Rocío, Emely, Oswaldo y David.

Cuando eran jóvenes, Rocío y Oswaldo jamás imaginaron que algún día se casarían. Aunque fueron novios brevemente durante la secundaria, ambos emigraron de Leocapac, su pueblito cerca a Cuenca, Ecuador, por rumbos distintos. Pero, eventualmente, se rencontraron en el estado de Nueva York. Dice Oswaldo: “Mi vida cambió. Viví no solo un enamoramiento sino una conversión.”

Rocío había ayudado a iniciar un grupo de oración en su nueva parroquia, Santa María en Poughkeepsie. “Vengo de raíces de fe. Mi madre, que en paz descanse, me guió por el mejor camino; mi padre me enseñó a leer la Biblia”, dice ella. “[Quien fuera] mi esposo tendría que compartir ese compromiso conmigo”.

Eso no fue fácil para Oswaldo por su vida desordenada. “Tomaba mucho”, dice él. Por eso, cuando Rocío lo invitó al grupo de oración y a la misa, a él no le interesó.

Pero, ella buscó la manera de convencerle: “[Un día] le dije que íbamos a un fin de semana de diversión”, relata Rocío sonriendo.  “Oswaldo, como es músico, imaginó que habría baile. ¡Era un retiro de fin de semana!”

Aunque inicialmente estuvo molesto, Oswaldo dice: “Sentí en mi interior que necesitaba de Dios. Allí empezó mi cambio—la sanación de mi vida”.  Tras el retiro, él comenzó a asistir al grupo de oración y a compartir el don que tiene para la música tocando en el coro parroquial.

La pareja creció en la fe y en el amor, y se casaron en el 2008. Quisieron tener pronto una familia, pero ella no quedaba embarazada. Recuerda Rocío: “[Una] Navidad, mi mamá me envió una imagen del Niño Dios. Lo llevé a bendecir en la misa navideña. El padre me dijo que dentro del año tendría uno de carne y hueso en mis brazos”. 

Ella decidió dejar su embarazo en manos de Dios y prometió que nunca dejaría de servir, con hijos o sin hijos. La pareja siguió un método natural de la planificación. Cuando por fin logró embarazarse, la fecha expectativa de nacimiento era el 25 de diciembre. Emely nació el 26, que ese año, cayó un domingo, el día de  la festividad de La Sagrada Familia. Su hermanito, David, nació cuatro años después.

Rocío y Oswaldo tienen varios compromisos misioneros. Iniciaron grupos de oración en dos parroquias y dirigen un coro en otra. Ella es asistente de catequista y él coordina clases de formación religiosa para adultos. Los niños asisten a escuelas católicas y cantan en el coro con sus padres.

Pero no les ha sido fácil llevar proyectos de misión, criar hijos y, sostener a la familia económicamente.  Oswaldo trabajaba en una granja, lo que le causó dolores de espalda y  daño a sus vertebras. Tuvo que ir a terapias por un par de años. Actualmente trabaja en una tienda (deli).

Cuenta Oswaldo: “Un día cantamos la misa matinal y en la tarde íbamos a dar un taller en otra ciudad. Teníamos gasolina para llegar, pero no suficiente para regresar. Ni tuvimos dinero para almorzar”. De pronto, explica él, una señora conocida los vio en un estacionamiento y les preguntó qué hacían. Ellos le contaron lo del taller sin mencionar que necesitaban dinero. “Ella nos dio $20 dólares. ‘Ten’, me dijo. ‘Para la gasolina’. Fue a su carro para irse, pero regresó y nos dio otros $20. ‘Toma, para almorzar con los niños’”.

Rocío comparte, “La base es nuestra comunicación y el apoyo mutuo, en todo. Los dos lavamos los trastes, doblamos la ropa, cambiamos los pañales. Mantenemos un solo calendario. Porque para que uno haga un compromiso, el otro tiene que apoyar”. Oswaldo da un ejemplo: “Como todo músico carismático, mi ilusión era tocar en el Centro Carismático en la Ciudad de Nueva York. El sacerdote encargado me escuchó una vez, y me dijo, ‘algún día, te invitaré’. Por fin llegó ese día. El padre me habló para invitarme. Le pedí que si podía regresarle la llamada en unos 10 minutos. Cuando le marqué para aceptar, me preguntó porque le hice esperar. Le expliqué que tenía que ver el calendario con mi esposa. Tanto le gustó al padre que lo compartió con las parejas en el retiro”.

En estos meses que celebramos el Día de las Madres y el Día de los Padres, oremos por las familias jóvenes, incluyendo la de Rocío y Oswaldo, para que el Señor les bendiga abundantemente.