Relatos Misioneros Invierno 2021
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Durante la temporada de lluvias de mayo a octubre en Malakal, Sudán del Sur, las carreteras están tan mojadas que dejan un barro pegajoso (o «barro de algodón», como lo llaman los lugareños).
Un día, mientras visitaba a personas en el campamento de la ONU para desplazados, mis pies se atascaron en el barro. Mientras trataba de avanzar con las botas puestas, una pierna se atascó y se me salió la bota. Traté de mantener el equilibrio sobre una pierna mientras intentaba meter la otra pierna en la bota. Cuando los niños me vieron, todos nos echamos a reír. Finalmente, tres jóvenes vinieron a rescatarme. Dos tomaron mis brazos mientras otro niño me ponía la bota en la pierna. En ese momento, me di cuenta de cuánto nos necesitamos los unos a los otros para recorrer los difíciles y embarrados caminos de la vida.
Michael Bassano, M.M.
Relatos Winter 2020: Foto de Sean Sprague (Brasil)
Conocí a José cuando participó en mi grupo de Teatro del Oprimido en una parroquia en João Pessoa, Brasil. José (no es su nombre real) tenía unos 20 años y era muy activo en la parroquia. Cuando una joven con la que salía quedó embarazada, él dejó de venir al grupo pues su prioridad era su nueva familia. Perdí el contacto con él después de mudarme a São Paulo en 2010. El año pasado, nos volvieron a asignar a João Pessoa y fui visitar a José. Me enteré que se había separado de su esposa, dejado la Iglesia y se había mudado con amigos. Un día estaba tan borracho que sufrió un accidente. En el hospital, reflexionó sobre su vida, se mudó a casa de sus padres, dejó de beber y consiguió trabajo. José ahora está casado con otra mujer con quien tiene dos hijos, y no ha perdido contacto con su primer hijo. Estudia contabilidad y, en su parroquia, organiza el drama de la pasión de Semana Santa usando lo que aprendió en mi grupo. Su historia me recordó la del hijo pródigo.
Flavio Rocha, MKLM
Relatos Winter 2020: Foto cortesía Padre Maryknoll Lawrence Radice (Tailandia)
¿Qué es la tierra? Hace unos dos años, hice esta pregunta a profesores universitarios, académicos y agricultores, pero casi nadie pudo responder. Algunos compararon a la tierra con el barro, pero esto tenía una connotación negativa que de alguna manera implicaba que los agricultores estaban sucios. Finalmente, le pregunté a los indígenas Karen con los que trabajo en el Centro de Investigación y Capacitación para la Comunidad Religioso-Cultural en Chiang Mai, Tailandia.
Decían cosas como «Es nuestra madre» o «La tierra nos da vida». Cada descripción que dieron sobre el suelo fue relacional. Entendían nuestra conexión con la tierra.
Lawrence Radice, M.M.
Relatos Winter 2020: Foto cortesía Susan Nagele (Sudan)

De 1997 a 2003, trabajé en la campaña de erradicación de polio en Toposa en lo que hoy es Sudán del Sur. Capacitamos a trabajadores de la salud para llevar las vacunas hasta la meseta de Kauto, cerca a nuestra parroquia del Buen Pastor en Nanyangacor. Un día, envié a dos fornidos jóvenes Toposa con 1,000 dosis de vacunas en cajas refrigeradas. Debían colocar tres gotas de la vacuna en la boca de cada niño y llevar un registro. Por supuesto, siempre hay desperdicio cuando el gotero falla o el niño escupe las gotas y tienen que volver a recibirlas. El objetivo era distribuir un 80%, esperando un desperdicio del 20% según los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los jóvenes regresaron un par de días después y reportaron una distribución de ¡1,100 dosis! Nunca estuve segura de lo que pasó en Toposa, pero de alguna manera, esos dos jóvenes hicieron lo que había que hacer. El 26 de agosto de 2020, la OMS declaró que la polio había sido erradicada del continente africano.

Susan Nagele, MKLM

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