Activista: Campesinos nuevamente ‘tratados como trabajadores de segunda clase’
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Por Mark Pattison, Catholic News Service

WASHINGTON (CNS) — A medida que las vacunaciones de COVID-19 lentamente se distribuyen a través del país, algunos grupos están recibiendo la vacuna incluso más lentamente que otros.

“Ha sido realmente frustrante ver cómo hemos sido tratados como trabajadores de segunda clase otra vez”, dijo Lucas Benítez, cofundador de la Coalición de Trabajadores de Immokalee basada en Florida.

“Se nos ha tratado como trabajadores indispensables, pero al mismo tiempo como trabajadores reemplazables. Si te enfermas, alguien viene y toma tu puesto”, dijo Benítez en un preludio pregrabado para una sesión de Preguntas y Respuestas del Catholic Social Ministry el 7 de febrero, llamada “Acompañamiento de inmigrantes durante el COVID y más allá”.

“Cuando se reveló la pandemia, cuando se le anunció al mundo entero, cuando las pruebas empezaron a llegar, se nos dejó atrás a nosotros, los campesinos”, dijo.

“Los trabajadores agrícolas viajan en camiones que son básicamente autobuses escolares que compran los capataces, donde vamos todos apiñados–40, 50 trabajadores en un autobús, todos juntos. Si uno del grupo está contagiado, el virus ya se ha propagado”, explicó.

“Llegamos a casa al final del día, y no tenemos una casa con una recámara para cada uno de nosotros; tenemos que vivir todos amontonados en un trailera–10, 15 trabajadores. Si no te contagiaste en el camión, los otros que viven contigo, que no trabajan contigo, sino con otra compañía básicamente de la misma industria, pero diferentes compañías, probablemente ya han traído el virus a casa”, dijo Benítez.

Hizo una comparación con los toreros, indicando que ellos salen a entretener al público, “pero el torero quiere regresar a casa sano y salvo y abrazar a su familia y estar con sus hijos y poder sentarse a la mesa”.

“Los trabajadores agrícolas somos iguales, salimos todos los días a luchar contra el toro del coronavirus”, dijo Benítez, “pero queremos regresar a salvo a nuestros hogares al final del día para estar con nuestra familia, si la tenemos acá, o esperando que nuestra familia sepa que estamos bien aquí, donde estamos, incluso si nuestra familia está en México, Guatemala, Honduras, El Salvador, de dondequiera que vengamos”.

La Florida se conoce como estado de turismo, pero ahora es “el turismo de la vacuna”, dijo Benítez. “Ahora mismo, la vacuna está llegando aquí a la Florida, pero la gente que llega de otros países o de otros estados está recibiendo la vacuna aquí en la Florida”.

 

Trabajadores agrícolas migrantes en Hatch, N.M., asisten a misa en un campo de ají el 26 de septiembre de 2019, durante un encuentro pastoral de obispos estadounidenses en la frontera. (CNS/Tyler Orsburn)

Trabajadores agrícolas migrantes en Hatch, N.M., asisten a misa en un campo de ají el 26 de septiembre de 2019, durante un encuentro pastoral de obispos estadounidenses en la frontera. (CNS/Tyler Orsburn)

Cuando Immokalee recibió su primera ronda de vacunas en enero, “unas 10 personas de Immokalee se vacunaron y el resto, los otros cientos de personas que se vacunaron eran gente de Naples que llegaron en sus autos Mercedes Benz, sus autos de lujo, que no habrían venido nunca a Immokalee, pero como había vacunas en Immokalee, a Immokalee vinieron”, dijo.

“Estamos ejerciendo nuestro poder como comunidad para traer vacunas, pero vacunas destinadas a nuestra comunidad, y no a personas que vienen a beneficiarse de nuestra comunidad”, añadió Benítez. “Ya se nos ha explotado de diferentes modos y no vamos a permitir que esto continúe pasando”.

La Coalición de Trabajadores de Immokalee ya ha distribuido miles de mascarillas y botes de alcohol purificador a trabajadores en los campos, dijo, añadiendo: “Básicamente somos el pulmón de la agricultura en el invierno. Noventa por ciento de los tomates que se consumen en los Estados Unidos durante el invierno vienen de nuestra región, vienen de Immokalee”.

La coalición de la Iniciativa para Alimentos Justos ya ha conseguido acuerdos con grandes cadenas como McDonald’s, Burger King y Walmart en las que acuerdan pagar más por los tomates que adquieren en el esfuerzo por erradicar la pobreza entre los trabajadores y el trato abusivo por parte de los supervisores en los lugares de trabajo. Pero la lucha contra el COVID-19 ha tomado la misma importancia, según Benítez.

“Básicamente hemos dejado de asistir a Misa todos los domingos por temor a la infección–hemos tenido que seguir la Misa por televisión”, dijo. “pero en cualquier caso seguimos adelante con nuestra fe y la esperanza de que nos llegue la justicia y que la vacuna nos ayude a sanar un poco más y a regresar a la vida normal que teníamos antes”.

Durante la sesión de Preguntas y Respuestas, Benítez habló con ayuda de un intérprete–bromeó que habla inglés “solo de lunes a sábado”.

“La gente le concede a la iglesia mucha autoridad”, dijo, “así que esto nos ayudaría a derribar un muro”, si la iglesia exhortara a la gente a vacunarse “y la gente viera que esto viene de su congregación”.

Imagen destacada: Trabajadores agrícolas migrantes con visas H-2A cosechan lechuga romana en King City, California, el 17 de abril de 2017. (CNS/Lucy Nicholson, Reuters)

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