Redescubriendo la “Sabiduría de la Tierra”
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MISIONERO CAPACITA AGRICULTORES INDÍGENAS EN TAILANDIA PARA ENFRENTAR EL CAMBIO CLIMÁTICO.

Después de completar una clase de agricultura sostenible, un joven agricultor indígena en Tailandia dijo que “tuvo que disculparse con la tierra por su comportamiento anterior, por usar químicos que la envenenaban y tirar basura que arruinaba su rostro”.

El adolescente era un estudiante del Centro de Investigación y Capacitación Religioso-Cultural para la Comunidad (RTRC por sus siglas en inglés), que enfoca su trabajo de desarrollo agrícola con grupos étnicos.

Fundado por el padre Niphot Thianwihan, el centro ayuda a estas comunidades indígenas a redescubrir su relación con la creación de Dios y proporciona alternativas agrícolas sostenibles que las empoderan y alientan a vivir en armonía con el medio ambiente, algo que el Papa Francisco llama “ecología integral”.

El Padre Maryknoll Lawrence Radice ha sido profesor visitante en el centro durante una década. Las minorías étnicas en las montañas de Tailandia, dice, a menudo han sido marginadas y económicamente desfavorecidas. Con el tiempo, continua el misionero, su “sabiduría de la Tierra” y su conexión con la Tierra se han erosionado, lo que ha provocado desechos plásticos y el uso de pesticidas.

Líderes de la iglesia del grupo étnico Karen celebran la Semana de Laudato Si’ durante la cual reflexionan sobre la encíclica del Papa Francisco sobre el medio ambiente. Esta iniciativa continuó con la ayuda de un professor que trabaja con el padre Radice. (Sunthorn Vichitporn/Tailandia)

Líderes de la iglesia del grupo étnico Karen celebran la Semana de Laudato Si’ durante la cual reflexionan sobre la encíclica del Papa Francisco sobre el medio ambiente. Esta iniciativa continuó con la ayuda de un professor que trabaja con el padre Radice. (Sunthorn Vichitporn/Tailandia)

“La falta de armonía daña la Tierra, daña nuestra relación entre nosotros, lo que, por supuesto, daña nuestra relación con Dios”, dice el misionero de Grand Junction, Colorado. “La ecología integral reconsidera la historia del Génesis y coloca a los seres humanos como parte de la naturaleza, no como seres dominantes sobre ella”.

Cada año, hombres y mujeres de las tribus de las montañas—como los Hmong, Karen, Kachin y, más recientemente, los Lahu—van al centro para recibir dos meses de capacitación en liderazgo. Después de conectar sus raíces ancestrales con métodos agrícolas renovables, regresan a su aldea para practicar lo aprendido y trabajar la tierra. Luego regresan a RTRC, ubicado en la Diócesis de Chiang Mai, para otras cuatro o seis semanas de educación práctica sobre el mejor enfoque para apoyar a su gente.

“Trabajo con los agricultores explicándoles cómo adaptarse a las condiciones del cambio climático”, dice el padre Radice, quien trabaja a tiempo completo en el centro desde diciembre del 2019. Enseñar a los campesinos que dependen de la agricultura de subsistencia a afrontar el cambio climático les ayudaría a seguir alimentando a sus familias.

El sacerdote ayuda a los aldeanos a encontrar cultivos adecuados para su entorno y les enseña a hacer abono para ayudar al suelo a resistir las fuertes lluvias y las temperaturas más altas. “El compost también tiene un papel mucho más importante aquí en los trópicos”, dice. “Aumenta el contenido de carbono del suelo para que el suelo pueda sustentar la vida de las plantas y tener un buen drenaje de agua y aire”.

El Padre Maryknoll Lawrence Radice (Izq.) ayuda a agricultores de las zonas rurales de Tailandia a adaptarse a las condiciones del cambio climático, a menudo mediante el uso de métodos naturales para el control de plagas y conservación del suelo. (Cortesía de Lawrence Radice/Tailandia)

El Padre Maryknoll Lawrence Radice (Izq.) ayuda a agricultores de las zonas rurales de Tailandia a adaptarse a las condiciones del cambio climático, a menudo mediante el uso de métodos naturales para el control de plagas y conservación del suelo. (Cortesía de Lawrence Radice/Tailandia)

“Les enseñamos a ver, analizar y pensar ‘este es el por qué de lo que haces’”, dice. “Cuando comienzas a enseñar a las personas a cuestionar lo que ven (en lugar de aceptarlo a ciegas), les cambia. Y puede cambiar el mundo”.

El estudiante Jaroen Dinu, por ejemplo, se convirtió en líder juvenil. Después de regresar a casa, enseñó a los niños del pueblo sobre el medio ambiente a través de la música, creando un grupo musical con mentalidad ecológica. “Tiene jóvenes que lo ayudan a recoger basura en el pueblo”, dice el padre Radice. “Al principio, la gente pensaba que tal vez él estaba loco, pero ahora ellos también observan su entorno y su aldea con una nueva perspectiva”.

Recientemente, las universidades tailandesas preguntaron por qué los estudiantes de RTRC regresan a casa para compartir sus nuevos conocimientos con su gente, cuando la mayoría de los estudiantes universitarios se alejan de la vida del pueblo. El padre Radice lo atribuye al llamado del centro al uso de la conciencia crítica.

“Hablamos de ‘¿Quién eres tú? ¿Quién es tu familia? ¿Qué es el pueblo? ‘Y creo que la conciencia los une a su hogar ”, dice. Sin eso, dice, “la ciudad, el potencial de dinero, tiene un mayor atractivo”.

En sus aldeas, los estudiantes de RTRC se han convertido en mentores. Durante el cierre impuesto en Tailandia a causa de COVID-19, miles de personas, que trabajan y viven en Bangkok para mantener a sus familias, se vieron obligadas a regresar a sus aldeas. Una vez de regreso en casa, explica el padre Radice, se encontraron con desafíos durante la temporada de siembra de arroz debido al cambio climático.

 

 

Los miembros del personal de RTRC (de izquierda a derecha) Sra. Phut, Sr. Sornchai, padre Radice y Sr. Manut producen biocarbón quemando material de desecho orgánico. (Cortesía de Lawrence Radice/Tailandia)

Los miembros del personal de RTRC (de izquierda a derecha) Sra. Phut, Sr. Sornchai, padre Radice y Sr. Manut producen biocarbón quemando material de desecho orgánico. (Cortesía de Lawrence Radice/Tailandia)

“Las temperaturas son más altas y la lluvia es impredecible”, dice. “Pero (hacer frente al cambio climático) es el enfoque de muchas de mis lecciones y, por lo tanto, los agricultores a los que he enseñado a lo largo de los años ahora están enseñándole a los recién llegados”.

El padre Radice se da cuenta de que volver a casa está animando a los jóvenes aldeanos a intentar ganarse la vida cultivando la tierra en lugar de trabajar en las grandes ciudades. Agrega que el centro está explorando la creación de un nuevo programa agrícola y ambiental para apoyar a estos trabajadores, que podrían sentirse desconectados de la tierra.

La propia conciencia del misionero sobre la creación de Dios fue alimentada por su madre cuando él crecía en una granja en Colorado. El padre Radice recuerda caminatas por la naturaleza y viajes de campamento con su familia y cómo su madre recogía la basura del bosque para limpiarlo. “No sé si fue algo que dijo mi mamá o si fueron sus acciones las que dijeron: ‘Cuando vas al bosque o vas a la montaña, deberían estar mejor porque has estado allí’”, dice.

Este impulso por hacer del mundo un lugar mejor lo llevó a Maryknoll, agrega. Durante su formación en el extranjero como seminarista de Maryknoll en Tanzania en 1982, siguió pensando en cómo ayudar a las personas que atraviesan la sequía y el hambre. “Finalmente, después de orar y pensar, se me ocurrió la idea de plantar árboles ya que la zona en la que vivía, Ndoleleji, había sufrido una grave deforestación”, recuerda.

El padre Radice, quien tiene una doble licenciatura en química y física de la Universidad de Regis, dice que su impulso para abordar los asuntos agrícolas está vinculado al pensamiento crítico y al proceso científico que formaron la base de su educación en Regis y la experiencia que tuvo con su familia en la granja, donde aprendió jardinería, a hacer abono y cómo cuidar el ganado.

Para abordar el proyecto de reforestación, dice, “también tuve que estudiar y aprender mucho sobre la silvicultura y la agricultura del este de África”.

Su impulso por aprender nuevos métodos agrícolas para transmitirlos a los agricultores solo creció a lo largo de los años. Desde su ordenación en 1985, el sacerdote ha servido a los pobres y marginados en Tanzania, Tailandia y China, siempre enfocándose en el trabajo pastoral y ecológico.

El padre Radice, de 70 años, agradece las puertas que el Papa Francisco ha abierto al hablar de ecología integral y culturas ancestrales. Le alegra, por ejemplo, que Sunthorn Vichitporn, uno de los profesores del centro, organice una “Semana Laudato Si’” en las aldeas de las montañas para llamar a la gente a reflexionar sobre la encíclica del Papa Francisco sobre el medio ambiente y a tomar medidas.

Vichitporn ayudó recientemente a organizar una bendición de un campo de arroz. Esta bendición, dice Vichitporn, desalienta al propietario de usar químicos en la tierra. “Estamos llevando nuestra fe viva al campo”, agrega.

Reflexionando sobre su propio ministerio, el padre Radice dice: “Mi trabajo a menudo tiene una especie de aspecto práctico de enseñar sobre la tierra, enseñar sobre agricultura, pero vincular eso y construirlo dentro de un contexto de fe”, le da un significado más profundo.

“Ayudarlos a redescubrir o reconocer cómo Dios a través del Espíritu Santo ha estado activo en su cultura y sus vidas, y su profundo vínculo cultural con la Tierra es un gozo”, dice el padre Radice.

 

Imagen destacada: El padre Tidkham, un sacerdote de Betharram que trabaja con el grupo étnico Karen en Chiang Mai, y los aldeanos le piden a Dios que bendiga su trabajo y su campo de arroz. El Padre Maryknoll Lawrence Radice trabaja en un centro que ayuda a estas comunidades indígenas a redescubrir su relación con la creación de Dios y proporciona alternativas agrícolas sostenibles que las empoderan y alientan a vivir en armonía con el medio ambiente. (Sunthorn Vichitporn/Tailandia)

About the author

Maria-Pia Negro Chin

Nació y creció en Lima, Perú. Completó una maestría en periodismo con especialización en multimedia en la Universidad de Maryland y una licenciatura en comunicaciones en La Universidad de Loyola en Maryland. Como directora asociada, ella escribe, edita y traduce artículos para las revistas MISIONEROS y MARYKNOLL de los Padres y Hermanos Maryknoll. Su trabajo ha sido premiado por la Asociación de Prensa Católica de Estados Unidos y Canadá. Vive en Nueva York, Estados Unidos, con su esposo e hijo.

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