Patrón De Los Soñadores Y De Los Que Disciernen
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El Padre Benedict Groeschel, quien enseñó en Maryknoll School of Theology durante la década de 1970, una vez opinó. “Les voy a decir porqué San José es un santo. Imaginen que todos los días al sentarse a tomar desayuno ¡tienen que mirar a las dos personas más perfectas de este mundo!” Además de ser graciosa, la observación de Groeschel revela una fisura evidente en nuestro conocimiento del padre adoptivo de Jesús.

Aún así, hay suficiente información sobre José en los Evangelios para pintar algo más que la figura piadosa del santo a quien el Papa Francisco ha dedicado este año completo. De hecho, lo que queda es una imagen muy humana, con la que podemos identificarnos, de un hombre agobiado por problemas, incertidumbres y peligros, quien, como nosotros, tuvo que vivir por la fe.

Mateo describe a Jesús como un hombre “justo” o “recto”. Es decir, fue alguien quien vivió de acuerdo a la ley de Moisés. Sin embargo, su sólida dedicación le causó su primer dilema. María, su amada prometida, estaba embarazada y el niño no era de él. La ley era muy clara: el castigo por infidelidad y adulterio era la muerte. ¿Cómo podía someterla a la condena pública y la ejecución por lapidación? Él decidió “divorciarse de ella en secreto”, rompiendo así su compromiso y perdonándole la vida. José podría razonablemente ser considerado el santo patrón de los matrimonios con problemas y compromisos rotos.

Instruido por un ángel en un sueño, José tomó a María como su esposa, haciendo legalmente suyo el hijo que ella le dio a Dios. ¡Un santo patrón para los niños adoptados y de crianza!

Obligado por el censo imperial a regresar a su ciudad natal, José tuvo que llevar a su esposa embarazada a Belén, “porque él era de la casa y del linaje de David”. Una vez más, en un sueño, se le ordenó a José que huyera con su esposa e hijo para escapar de los asesinos desbocados del rey Herodes. Liderar la huida de la Sagrada Familia a Egipto sin duda le vale el título de patrón de los refugiados.

Después de la muerte de Herodes, José es nuevamente llamado por un ángel en un sueño para regresar a casa. Pero usando su propio buen juicio, él evita regresar a Belén debido al impredecible Herodes Antipas, y en su lugar va a Nazaret. Por lo tanto, José puede ser considerado con razón el santo patrón de los que están en discernimiento.

Después de una peregrinación a Jerusalén, perder a su niño de 12 años durante tres días seguramente llenó de angustia a María y José. María lo expresó cuando lo encontraron en el Templo entre los eruditos. “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando con gran ansiedad”. (Lucas 2, 48.) Los padres de niños desaparecidos pueden encontrar consuelo en el patrocinio de José. La respuesta aparentemente brusca de Jesús: “¿Por qué me buscaron? ¿No sabían que debía estar en los negocios de mi padre?” muestra que incluso en la Sagrada Familia hubieron malentendidos entre padres e hijos.

Presumiblemente, José murió en presencia de Jesús y María, lo que le valdría el título de patrón de una muerte feliz.

José, tanto por su ausencia como por su presencia, se destaca como el hombre que da testimonio silencioso pero fuerte de la vida familiar, alguien en quien todos debemos buscar inspiración e intercesión.

Al final de su encíclica Patris Corde (Con el Corazón de un Padre) en el que anunció la celebración del Año de San José, el Papa Francisco ofrece esta oración a San José por todos nosotros:

Salve, custodio del Redentor
Y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como
hombre.
Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a
nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia
y valentía,
y defiéndenos de todo mal.
Amén.

 

 

Una imagen de San José cargando al niño Jesús. El Papa Francisco ha dedicado el 2021 como el Año de San José y concederá la indulgencia plenaria. (Imagen: Pixabay)

About the author

Joseph Veneroso, M.M.

Joseph R. Veneroso, M.M., es el ex editor de la revista Maryknoll. Él sirvió como misionero en Corea y ahora vive en el Centro de Maryknoll en Ossining, Nueva York, y también atiende las necesidades pastorales de una comunidad coreana en una parroquia católica en New York City. Es autor de dos libros de poesía, Honoring the Void y God in Unexpected Places, una colección de columnas de la revista Maryknoll titulada Good New for Today y Mirrors of Grace: The Spirit and Spiritualities of the Maryknoll Fathers and Brothers.

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