Maryknoll comparte extractos de una entrevista a la líder indígena Patricia Gualinga, vocera en la lucha por la defensa del agua en la Amazonía.
Entrevista a Patricia Gualinga, líder indígena Kichwa y defensora del agua del Amazonas para el pueblo Sarayaku en Ecuador, por Lisa Sullivan, Senior Program Officer for Faith-Economy-Ecology para la Oficina de Asuntos Globales Maryknoll. La entrevista se realizó en la casa de la Sociedad Maryknoll en la ciudad de Nueva York durante la Conferencia Mundial del Agua de la ONU del 22 al 24 de marzo del 2023.
Esta semana de la Conferencia Mundial del Agua, representas a la Amazonía. ¿Qué significa el agua?
Patricia Gualinga: El agua es vital. El ecosistema amazónico es de las fuentes de agua dulce más importantes de este planeta. Soy de tierras de cascadas, lagunas y ríos afluentes del Amazonas y el agua nos da soberanía alimentaria. En mi pueblo no hay mercados; nos alimentamos de los peces del río. Si [el agua] se seca perdemos nuestra fuente de alimentación, se seca la tierra y se genera un desequilibrio porque el agua es una cuestión viva, con energía, con luz propia, con una finalidad y tenemos que cuidarla.
En un artículo, tu padre Sabino Gualinga, habló de sus esperanzas. ¿Qué te enseñó tu padre sobre el agua?
Patricia Gualinga: Mi papá era un yachak (shaman), un sabio de la naturaleza que tenía el don de comunicarse con ella. Pienso que son los mismos dones que tenía San Francisco de Asís. Mi papá podía hablar con la naturaleza, sentir sus protestas, escucharla e interpretarla. Para él, los ríos y lagunas son sagradas y vivientes.
Una vez, cuando regresé al pueblo del colegio en la ciudad, fui a un río aislado a lavar mi ropa con detergente. De repente, se oscureció todo y empezó a llover. El río creció a cántaros. Bajé en la canoa rápido para llegar a casa y papá me preguntó: “¿Qué fuiste a hacer?” Le dije: “Fui a lavar mi ropa”. Él me dijo: ¿Con qué lavaste, con el detergente que trajiste de la ciudad? “No puedes hacer eso en un río que es demasiado vivo. [El río] se ha molestado con lo que acabas de hacer”.
No somos dueños del agua, sino que podemos utilizarla, cuidarla y respetarla. Esa relación existente entre los ríos, las lagunas y las cascadas, es innata a los pueblos indígenas. Nuestra cosmovisión mantiene un equilibrio general. Lo que [genera el] desequilibrio es el desconocimiento, el egoísmo y la soberbia. No hay respeto al río, a la tierra y a la hermana agua.
¿Cuáles han sido las bendiciones y los sufrimientos de tu pueblo?
Patricia Gualinga: Según nuestros ancestros, [somos] el pueblo del Cenit, que significa mediodía, pueblo de la lucha. Nosotros lo llamamos Sarayaku. Es un pueblo de 1250 personas que luchó fuertemente contra empresas extractivas.
El dolor que hemos tenido [es] algo que llaman un “caso exitoso” porque somos el único pueblo que en los años 2000 expulsó a una empresa argentina petrolera, [Compañia General de Combustibles], se enfrentó a la nación de Ecuador y denunció violaciones de derechos humanos. Aparte, nos estigmatizaron, violentaron, denunciaron y persiguieron. Sarayaku se enmarca en el derecho, reconocido dentro de la Constitución del Ecuador y en el derecho internacional. En el 2012, la corte [Interamericana de Derechos Humanos] nos da la razón y sentencia a favor de Sarayaku, sancionando al estado.
[La bendición de] Sarayaku es convertirse en símbolo de resistencia, lucha y dignidad de los pueblos indígenas. Nuestro pueblo empezó diciendo: “No pueden entrar a nuestro territorio sin consulta y sin consentimiento porque violan los derechos humanos”. Pero no se quedó ahí. ¿Cómo podemos convertirnos en una islita protegida mientras otros pueblos están luchando y no tienen victorias como deberían? ¿Cuál es la importancia? Esa es la discusión de la crisis del clima. Hace mucho ya se denunciaba que el equilibrio del planeta estaba siendo afectado, que los ecosistemas amazónicos estaban amenazados y que los bosques eran vivientes.
Tuvimos que construir una propuesta. Así nace [Kawsak Sacha] Selva Viviente que es la misión de nuestros ancestros, de mi padre y del mundo. Es la búsqueda de que la naturaleza de la selva amazónica sea considerada a nivel global como un ser vivo y sujeto de derecho. Con base a eso se ha ido desarrollando todo el esquema de protección de la naturaleza. Los pueblos indígenas luchamos por nuestros derechos, pero también por un derecho universal de que haya equilibrio.
¿Cómo puedes relacionar la fe con el agua?
Patricia Gualinga: El bautizo era en el agua, en un río, en el río Jordán. El elemento agua estuvo siempre presente en la vida católica y de los que llevan la fe. Muchas veces en sus milagros Jesús envió a lavarse en agua. Es tan importante en el mundo católico como en el mundo indígena que por su visión la respeta y la utiliza. El agua es tan trascendental para el ser humano que es impensable [desperdiciarla] en cosas banales como la minería y el petróleo, sin las que sí podemos subsistir. Uno puede sentarse en el río y desestresarse y escuchar su ruido como un arrullo. Me emociona ver en las Misas y en los sacramentos religiosos cómo el agua está presente.
¿Qué mensaje quisieras compartir desde tu Amazonía hasta esta plataforma mundial?
Patricia Gualinga: No es solo por el bienestar egoísta de los pueblos indígenas, que sí, tenemos derechos y somos los pueblos originarios. Piensen en la humanidad, en sus hijos, en la gente que se beneficia del bioma amazónico. No pueden decir que estamos lejos, porque estamos cerca y conectados.
No pueden tomar decisiones sin nuestra voz. Somos pueblos que hemos cuidado milenariamente esos bosques y ecosistemas. Venimos a las Naciones Unidas y, si no nos escuchan, por lo menos venimos a decir que estamos presentes, a hablar y a seguir insistiendo. El derecho humano al agua es de todo humano y por lo tanto defender la Amazonía es responsabilidad de todos, porque gracias a [ella] hay agua.

Patricia Gualinga, defensora de los derechos indígenas de Ecuador, habla en una conferencia de prensa sobre el Sínodo de los Obispos para la Amazonía en el Vaticano el 17 de octubre de 2019. También en la foto aparece Leah Rose Casimero, representante indígena de Guyana. (CNS/Paul Haring)
Si el bosque está bien, el agua sale con fuerza. Los pueblos indígenas estamos conscientes de eso. Desforestar todos los bosques como el comercio quiere hacer, afecta directamente al agua; empieza a secarse, a tener desequilibrio. Ahora es tiempo de escucharnos, de actuar y de ver las cosas desde otra perspectiva; ya no como el hombre que domina la naturaleza, sino como el hombre [que] es parte de la naturaleza y del agua.
Es impresionante tu capacidad de expresarte, de llevar la voz de tu pueblo a foros locales hasta la ONU. ¿Cuál ha sido tu inspiración y tu fuerza?
Patricia Gualinga: Siempre estuve involucrada en los procesos de organización de los pueblos indígenas a través de mi familia. Cuando la petrolera ingresó a territorio Sarayaku en el 2002 y el pueblo decidió luchar, me di cuenta que el pueblo era mi familia. Era imposible no volver y luchar con ellos. No sabíamos a dónde nos llevaría esa lucha, pero sabíamos que no podíamos quedarnos quietos.
Sabía de todo el esquema, del funcionamiento del gobierno, como direccionar, como documentar la parte técnica del proceso y la comunicación. Tenía algunos contactos con los medios y podía utilizar lo que sabía para luchar. Pero al inicio pensé que era una lucha que acabaría, que, si lográbamos decirle a la empresa no, así quedaría.
En el 2018 decidí retirarme y tener un perfil más bajo sin ser dirigente, pero no fue posible. Seis meses después recibí amenazas de muerte y comprendí que no podía alejarme de este proceso, porque implicaba mi vida, la de mi familia y aunque quisiera alejarme, tratarían de amedrentarme.
Ese fue el caso de Berta Cáceres, una líder Indígena Lenca ecologista de Honduras que fue asesinada en 2016. ¿Qué sucedió en tu situación?
Patricia Gualinga: Cuando uno empieza una lucha contra los intereses económicos mundiales, siempre hay riesgo de vida.
Fue terrible porque vinieron a la una de la madrugada a destruir mi casa. Estaba con mis papás ancianos. Me amenazaron: Si continúas con esto, te matamos.
Entendí que callarme no era la opción y tenía que continuar. Si querían alejarme con miedo, no lo lograron. Luego de unos meses empecé a preocuparme porque veía demasiados intereses extractivos e inseguridad en el país, especialmente en el sector de la Amazonía. Cualquier pretexto era bueno para eliminar a un defensor luchando por la conservación de los ríos y del bosque amazónico. Pero soy una persona que cuando veo una injusticia lo digo.
En Ecuador, por ejemplo, se firmó el Acuerdo de Escazú que trata de los líderes ambientales [Según la Naciones Unidas, esta resolución legislativa aprueba el acuerdo regional sobre el acceso a la Información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe]
Trabajo con mujeres de varias nacionalidades y pueblos de la Amazonía para empoderarlas. Somos el Colectivo de Mujeres Amazónicas y defendemos la selva. También, al inicio con temor, pedí a la Iglesia ser aliada. Les dije que no podían quedarse mirando cuando se cometían violaciones a los derechos de los pueblos indígenas. Que tenían que hablar y acompañar. Hemos luchado tanto tiempo con muchos sacerdotes, pero faltaba la institución desde la cabeza de la Iglesia.
[Actualmente] Soy parte de la vicepresidencia de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA). Participé en el Sínodo, pero soy muy crítica cuando veo cosas que no están funcionando.
Mencionas la nueva conferencia eclesial de la Amazonía creada por el Papa Francisco. ¿Crees que el Papa está escuchando y prestando atención?
Patricia Gualinga: Eso no puede ser otra cosa que la obra del Espíritu. Que un papa, en un momento en que tanto necesitaba la Amazonía, haya visto a la Amazonía. La lucidez con la que se expresa pone a la Amazonía dentro de ese corazón.
Es una gran fortaleza que un vocero mundial hable por los pueblos marginados, por aquellos que habitan y cuidan un bioma tan biodiverso y que a la vez sufren todo el embate del extractivismo. Creo que es el momento ideal. O sea, [finalmente] nuestras súplicas y ruegos han sido escuchados. Tengo 53 años y de esos, por lo menos 30 años llevo en la lucha.
Mis padres fueron católicos, los primeros catequistas del pueblo. Siempre soñé y pedí que la Iglesia forme parte de este caminar, de este acompañamiento. Dios está en la Amazonía, en aquellos pueblos.
Imagen destacada: Patricia Gualinga, defensora de los derechos indígenas de Ecuador, concurre a una conferencia de prensa sobre el Sínodo de los Obispos para la Amazonía en el Vaticano el 17 de octubre de 2019. (CNS/Paul Haring)
