Reflexión Cuaresmal: Esperanza en el perdón

Tiempo de lectura: 4 minutos
Por: La Oficina de Asuntos Globales Maryknoll
Fecha de Publicación: Mar 28, 2025

Por Marjorie Humphrey

Cuarto domingo de Cuaresma
Jos 5:9a, 10-12 | 2 Cor 5:17-21 | Lk 15:1-3, 11-32

La lectura del Evangelio de esta semana es la parábola del hijo pródigo; una historia tan familiar que es fácil sentirse inmune respecto a la amplitud y profundidad de su mensaje. Es la historia de tres personas, un padre y sus dos hijos, y las acciones y reacciones de cada uno de ellos en un momento importante.

El hijo menor es el hijo “pródigo”. Este hijo toma su herencia y se marcha a “tierras extranjeras” y lo despilfarra todo en excesos en un derroche egoísta. El meollo de la historia es que el hijo —ahora arruinado, solo, sufriendo y avergonzado— regresa a casa para suplicar el perdón de su padre y a la vez reconoce su indignidad para recibir tal perdón.

En una acción extraordinaria, el padre ve a su hijo desde lejos y sale corriendo a su encuentro. El hijo ni siquiera tiene la oportunidad de confesar y pedir perdón cuando su padre ya está abrazándolo con gran alegría y emoción.

La tercera persona de la parábola es el hijo mayor, que ha trabajado fielmente durante toda su vida y regresa al final del día para encontrar a su padre recibiendo a su hermano díscolo no sólo como a un hijo igual, sino casi como realeza. El padre ha traído el becerro gordo y lo ha matado para celebrar su retorno. El hermano mayor está lleno de ira y celos, quejándose con vehemencia de que su padre nunca ha matado ni una cabra para él.

Mis años como misionera laica Maryknoll en diferentes culturas me han ayudado a ver que tenemos mucho que aprender de la gente que vive una tradición cultural, una teología, una visión de la realidad que es diferente de la nuestra.

A veces me pregunto si nuestra cultura estadounidense es “pródiga”. ¿Cuándo veremos los excesos de nuestro país en comparación con la mayor parte del resto del mundo? ¿Cuándo sentiremos por fin el “pellizco” y nos daremos cuenta de que estamos despilfarrando lo que tan generosamente se nos ha dado?

¿Cuándo reconoceremos que estamos consumiendo recursos naturales en exceso mientras las generaciones más jóvenes y otras partes del mundo nos ruegan que paremos? ¿Cuándo nos daremos cuenta de los efectos de nuestro modo de vida en el resto del mundo? ¿Cuándo reconoceremos lo que hemos hecho y pediremos perdón?

¿Cuándo abriremos los ojos a esa parte de nosotros que es el hijo mayor, que ha recibido tanto, gracias a un padre generoso y cariñoso? El Padre nos invita a compartir la alegría de saber que los necesitados son acogidos en la plenitud de la vida sin condiciones.

Este relato del Evangelio grita reconciliación. El padre desea que su familia se reconcilie. En lugar de insistir en las malas acciones, él ayuda a cada hermano a comprender que son amados por igual y merecedores de todo lo que tiene.

Nuestro país está profunda y amargamente dividido. Habiendo servido en África Oriental durante muchos años como misionera laica Maryknoll, encuentro esperanza en los increíbles actos de perdón, así como en el abrazo al “otro” que presencié allí. Recuerdo los poderosos intentos no violentos para “la Verdad y la Reconciliación” por parte de los sudafricanos, independientemente de su raza y de las atrocidades perpetradas contra ellos. Recuerdo el genocidio de Ruanda, que ocurrió mientras yo servía en el cercano Sudán, y las notables historias de ruandeses de ambas tribus étnicas que eligieron el camino de la reconciliación ante los horrendos actos cometidos contra ellos.

Aunque algunos discutirían la eficacia de los métodos de la Verdad y la Reconciliación, la profunda verdad que encierran estos gestos sigue nutriéndonos hoy.

El padre de la parábola del hijo pródigo está vivo en nuestros hermanos y hermanas de todas las razas, sexos, nacionalidades y orientaciones sexuales que, día a día, nos enseñan a perdonar y a reconciliarnos. Por muy importante que sea el perdón personal, nuestra sociedad clama por un abrazo más amplio.

Marjorie Humprhey sirvió en África Oriental y el sur de Sudán desde 1987 al 2007 en ministerios que atendieron a personas seropositivas con tratamientos antiretrovirales. Ella volvió a los Misioneros Laicos Maryknoll en el 2024 y fue nuevamente asignada a África Oriental para servir con el equipo arquidiocesano de Justicia y Paz en Gulu, Uganda, y para trabajar con refugiados sudsudaneses. 

Imagen destacada: Un padre sostiene la mano de su hijo. (Julien Harneis/Flickr)

Preguntas para la reflexión

¿Hay alguien que te resulte difícil perdonar o que sientes que no “merece” ser perdonado?

¿Cómo podría perdonar a ese alguien conducir a un camino de verdad y reconciliación?

Oración

Señor, dame valentía para seguir encendiendo velas, aunque sé que algunas se quemarán y otras se apagarán.

Sáname, Señor, cuando me queme al intentar mantener la luz encendida.

Enséñame a dar generosa y sabiamente, Señor, incluso cuando no tenga suficientes velas para todos.

Dame fuerza, Señor, cuando la desesperación y el desánimo me tienten a aceptar la oscuridad.

Señor, perdóname cuando predico velas a los que no tienen ni para unas cerillas.

Concédeme humildad, Señor, cuando todos los demás parecen tener focos y reflectores y todo lo que yo tengo es una triste vela.

Enséñame a tener paciencia, Señor, cuando pase mucho tiempo entre vela y vela.

Ayúdame a perdonar, Señor, cuando alguien a quien intento ayudar me engaña, me estafa o roba mi vela.

Pero, sobre todo, perdóname Señor y concédeme fe y esperanza cuando empiece a creer que el mundo es demasiado oscuro, frío y huracanado para estas simples velas.

—Dan Griffin, Misioneros Laicos Maryknoll

 

Sobre la autora/or

La Oficina de Asuntos Globales Maryknoll

La Oficina de Asuntos Globales Maryknoll (MOGC por sus siglas en inglés) expresa la posición de Maryknoll en debates sobre políticas públicas, con el propósito de ofrecer educación en temas de paz y justicia social, defender la integridad de la creación y abogar por la justicia social, económica y del medio ambiente. Visita maryknollogc.org

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