Reflexión Maryknoll: segundo domingo de Cuaresma

Tiempo de lectura: 5 minutos
Por: Oficina de Asuntos Globales
Fecha de Publicación: Feb 26, 2026

Por Teresa Hougnon, M.M. 

Segundo domingo
1 de marzo de 2026
Génesis 12,1-4a | 2 Timoteo 1,8b-10 | Mateo 17,1-9

Nuestro camino cuaresmal es un tiempo para reflexionar detenidamente y con amor sobre por qué seguimos a Cristo. Con la oración, las Escrituras y el tiempo de reflexión, nos adentramos en lo más profundo de nosotros mismos, donde nos conectamos con Dios. Es en este lugar donde encontramos nuestro porqué, nuestra pasión, la profunda chispa interior que es la presencia de Dios en nosotros. En ese espacio hay amor, esperanza y paz, la paz que el Papa León XIV dice en su mensaje del Día Mundial de la Paz que la paz “quiere habitar en nosotros”.

Las lecturas del segundo domingo de Cuaresma hablan de la Transfiguración. Jesús sale al monte con Pedro, Santiago y Juan. Se transfigura ante los ojos de los apóstoles, junto a Elías y Moisés. Pedro quiere construir una tienda, pero una voz que viene de las nubes dice: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo​”. En Timoteo, se nos recuerda que Dios nos ha llamado a esta vida santa por medio de la gracia. Lo único que nos corresponde es acoger el amor, la esperanza y la paz de Dios que ya moran en nosotros.

En nuestro contexto actual, la paz y la esperanza parecen ser pequeños destellos frente al odio, la violencia y el miedo que se están ejerciendo contra nuestros hermanos y hermanas inmigrantes y contra cualquiera que se ponga de su lado. Mientras buscamos la paz desarmada y desarmadora que nos ha presentado el Papa León, debemos reflexionar sobre la paz que hay en nosotros y lo que podemos aprender de nuestra propia capacidad de acción, dada por Dios, como amados de Dios.

En Kenia, trabajé con mis hermanas y el pueblo keniano para restaurar la paz en las comunidades que habían sufrido de violencia postelectoral caracterizada como conflicto étnico. Reunimos a las personas en pequeños grupos para conversar sobre los acontecimientos que habían tenido lugar y sus esperanzas de paz. Creemos que el cambio social no puede producirse sin un cambio personal. Reconocimos que en cada grupo había tanto víctimas como agresores. De hecho, hay un poco de ambos en cada uno de nosotros. El Papa León habla de un desarme del alma. No es posible encontrar una paz desarmante en el mundo si no comenzamos por nuestro propio interior. Esto me venía a la mente cada vez que nos reuníamos en nuestros pequeños círculos.

En uno de esos círculos, el tercero de una serie de seis con el mismo grupo, una mujer que había sido muy reservada expresó la profunda ira que sentía. Estaba enojada porque ella y otros participantes no estaban siendo honestos en sus intercambios. Reconoció que nada cambiaría sin honestidad y apertura. Al expresar su ira, estaba desarmando su propio corazón y el de los demás participantes. Necesitamos un espacio seguro para expresar todos nuestros sentimientos que bloquean nuestra capacidad de conectarnos entre nosotros. Una vez que fue capaz de expresar esa ira, se involucró más plenamente con los demás participantes. Y el espacio se abrió para que otros hicieran lo mismo. Esa comunidad de Kenia, llamada Molo, no ha vuelto a experimentar una violencia postelectoral como la de 2008.

Recientemente, experimenté una intensa rabia cuando un ser querido se enfrentó a una injusticia. Al reflexionar, me di cuenta de que la intensidad de mi rabia iba más allá de este incidente concreto. No me había permitido sentir la ira que había en mí en respuesta a las injusticias que ocurrían en nuestro país, tanto contra los inmigrantes como contra los ciudadanos. Solo quería aferrarme a la esperanza. Una vez que fui capaz de reconocer la profunda ira que había en mí, pude utilizar esa energía para pedir justicia y dar cabida a la esperanza real, y la paz desarmante que habita en mi interior puede utilizarse para enfrentarse a un mundo de injusticias que necesita el desarme de la vida.

Las Escrituras nos recuerdan que, como descendientes de Abraham, estamos llamados a llevar bendiciones a las naciones. Podemos hacerlo desarmando nuestros corazones y nuestras mentes con, como dice el Papa León, “una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente”.

La Hermana Maryknoll Teresa Hougnon, una egresada de la Academia Militar West Point, Nueva York, y veterana del ejército, se unió a la congregación en 1996. Sirvió en Timor Oriental como directora de una escuela secundaria parcialmente reconstruida y como parte de un equipo para resolución de conflictos en Kenia. Actualmente sirve como presidenta del equipo líder de la congregación de las Hermanas Maryknoll.  

Preguntas para la reflexión

En tu vida personal:

¿cómo mantienes la paz y la esperanza en medio de tanto sufrimiento?
¿Cuándo has experimentado una ira justa?
¿Cómo sabes que es justa?
¿Cómo puedes utilizar esa ira ante la injusticia para lograr traer el cielo a la Tierra?

Oración

Señor Jesús, cuando multiplicaste los panes y los peces, proveíste más que comida para el cuerpo, y nos ofreciste el don de ti mismo, ¡el don que satisface toda hambre y sed! Tus discípulos estaban llenos de temor y dudas, pero tú derramaste tu amor y compasión sobre la multitud migrante, acogiéndolos como hermanos y hermanas.

Señor Jesús, hoy tú nos llamas a acoger a miembros de la familia de Dios que llegan a nuestra tierra escapando la opresión, la pobreza, la persecución, la violencia y la guerra. Como tus discípulos, nosotros también estamos llenos de temor y dudas, e incluso sospecha. Construimos barreras en nuestras mentes y corazones.

Señor Jesús, ayúdanos con tu gracia,

  • A erradicar todo miedo de nuestros corazones, para que podamos acoger a cada uno de tus hijos como nuestro propio hermano y hermana;
  • A darle la bienvenida al migrante y al refugiado con alegría y generosidad, respondiendo a sus muchas necesidades;
  • A darnos cuenta de que tú llamas a toda persona a tu montaña santa para conocer los caminos de paz y justicia;
  • A compartir de nuestra abundancia mientras tú compartas un banquete frente a nosotros;
  • A dar testimonio de tu amor por toda persona, al momento en que celebramos los muchos dones que traen consigo.

Te bendecimos y te damos gracias por la familia que has llamado a unirse de muchos pueblos. Observamos en esta familia humana una reflexión de la unidad divina de la Santísima Trinidad en quien realizamos nuestra oración: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

—Cortesía de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

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Imagen destacada: Mujeres y otros feligreses de la comunidad de Vingini se reúnen para recibir alimentos en la iglesia católica de San Antonio, en la localidad de Kibwezi, Kenia. (Moses Njagua Gitahi/Kenia)

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La Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll expresa la posición de Maryknoll en debates sobre políticas públicas en Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y ante los gobiernos de Estados Unidos y otros países, con el propósito de ofrecer educación en temas de paz y justicia social, la integridad de la creación y abogar por la justicia social, económica y del medio ambiente.

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