Cuando las mujeres artesanas en la Amazonía boliviana se unen y sonríen, tejen redes de vida.
Las artesanas mojeño-trinitarias de la comunidad Santísima Trinidad en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) han recibido de sus ancestros la sabiduría de tejer la jipijapa, una especie de paja que crece en el lecho de sus ríos. Con este elemento, elaboran hermosas piezas de cestería, un arte manual que consiste en entrelazar materiales para crear cestas, sombreros y adornos.
Las mojeñas-trinitarias forman parte de una comunidad peregrinante. Hace más de 50 años, sus antepasados salieron del departamento del Beni en busca de la “Tierra Prometida”. Esta esperanza los motivó a buscar tierras donde asentarse, cultivar y criar a sus familias. Es un pueblo católico que busca ser fiel a sus tradiciones.
Desde que servimos en la parroquia Santísima Trinidad, ellas nos transmiten su sabiduría y también sus alegrías, sueños y sufrimientos. Las acompañamos, las ayudamos a difundir su trabajo y a vender sus productos los jueves en la Feria Agroecológica y de Salud Integral en la casa Maryknoll en Cochabamba.
Hace un tiempo la misionera laica Maryknoll Ana Morales, de El Salvador, inició un ministerio con este grupo de mujeres artesanas de la comunidad. “Quiero ayudar a fortalecer sus capacidades, mejorar sus emprendimientos y apoyarlas para que su trabajo tenga más visibilidad”, dice Morales.
En esos encuentros comparten sus experiencias de vida, conversan sobre valores, se capacitan en microempresa y aprenden macramé (tejido de hilos y cuerdas). Es un espacio que renueva sus fuerzas para seguir adelante. Ellas han sufrido las inclemencias del clima tropical, el avasallamiento de tierras por otros grupos y la violencia doméstica.
Doña Julia, una de las artesanas, es mamá de 11 hijos y esposa de Lucio, cacique de Santísima Trinidad. Ella nos contó sobre la violencia que sufrió de niña a manos de su padre. Ella y su hermana sufrían golpizas, sobre todo cuando su padre llegaba ebrio. Julia nos dijo que se prometió a sí misma que sus hijos nunca sufrirían lo que ella sufrió. Lucio la ayuda a educar a sus hijos en un ámbito de no violencia.
Doña Cándida es otra integrante del ministerio. Ella lucha por mejorar su salud, ya que padece una enfermedad limitante. Su marido es alcohólico y no la ayuda a comprar su medicación. Sin la medicina, Cándida tiene que pasar el día en cama, sin poder levantarse para atender a sus hijos y hacer las tareas de la casa. Ella hace pequeños trabajos cuando se siente mejor para pagar su tratamiento.
Doña Andreina cuida a su madre de 90 años, cría a su nieto y además va al campo a cultivar y cosechar. En su tiempo libre, teje jipijapa para cubrir sus necesidades.
Micaela aprendió a tejer la jipijapa de Mercedes, su mamá. La joven de 15 años quiere ayudar en la economía de la casa. Esta joven emprendedora busca tutoriales para aprender otras técnicas y fabricar artesanías.
Estas mujeres no solo nos regalan hermosas piezas artesanales, sino que también nos enseñan lo que significa la resiliencia. Nos muestran su capacidad de sobreponerse a las dificultades para salir adelante con sus familias.
Para la misionera Morales, establecer un ministerio en este lugar es todo un reto. “Estamos en el camino correcto. Poco a poco, y con el apoyo de los Padres Maryknoll, estamos conociendo a la comunidad y encontrando la manera de servir a través de nuestros dones”, dice. “Dios está presente entre la gente más pobre; solo espero tener la valentía de pasar mi tiempo aquí, compartir mi vida con amor y generosidad, y tener la bendición de sembrar una semilla de esperanza en cada corazón”.
Las artesanas participan en otros ministerios de la parroquia. Aunque las comunidades mojeño-trinitarias se han caracterizado por un marcado machismo y el ámbito parroquial siempre ha sido ocupado por los varones, las mujeres han ido abriéndose paso hacia una mayor participación para rezar en la iglesia. Otras participan en los encuentros de formación para catequistas.
Las mujeres mojeño-trinitarias no sólo tejen la jipijapa, sino que también tejen redes de sueños y posibilidades. El trabajo implica todo un proceso, desde cosechar la fibra, secarla, teñirla, trenzar y tejer. Creo que este proceso es una hermosa metáfora de cómo luchan en la vida para sacar adelante a sus hijos y verlos convertirse en hombres y mujeres de bien.
El Padre Alejandro Marina, de Argentina, se unió a Maryknoll en 2012 y es superior local en el centro Maryknoll en Cochabamba, Bolivia.
Imagen destacada: Las mujeres artesanas mojeño-trinitarias de la comunidad Santísima Trinidad en la Amazonía boliviana muestran sus piezas de cestería que venden para sostener sus hogares. (Alejandro Marina, M.M./Bolivia)
