Reflexión Maryknoll: Domingo de Pascua

Tiempo de lectura: 4 minutos
Por: Oficina de Asuntos Globales
Fecha de Publicación: Abr 2, 2026

Por Frank Breen, M.M.

Domingo de Pascua
5 de abril de 2026
Hechos 10, 34a, 37-43 | 1 Corintios 5, 6b-8 | Juan 20, 1-9

El Evangelio de esta semana, en la mañana de Pascua, trata sobre María Magdalena al descubrir la tumba vacía, su relato a Pedro y Juan (a quien no se nombra, pero se le llama “el discípulo a quien Jesús amaba”), y cómo ellos llegaron a creer en la Resurrección al ver los lienzos cuidadosamente doblados.

La historia en el capítulo 20 de Juan trata de la aparición de Jesús a María Magdalena en el jardín y de cómo ella llegó a creer en la Resurrección. El relato de San Mateo sobre este episodio presenta a Jesús diciéndoles a las mujeres que no tengan miedo. Por lo tanto, creer y vencer el miedo son dos acciones complementarias de responder a la Resurrección de Jesús.

Ninguno de los Evangelios describe la manera concreta en que Jesús resucitó de entre los muertos, solo que después se apareció ante las mujeres y a los discípulos. Todos tenían miedo, debido a los impactantes acontecimientos del sufrimiento de Jesús y su cruel muerte en la cruz, y se preguntaban si ellos también corrían el peligro de ser capturados y asesinados.

Por lo tanto, parece que dos aspectos de la vida de Jesús son dar a sus discípulos el poder para vencer su miedo y estar en paz. Posteriormente, aquellos que fueron testigos de Jesús resucitado fueron llamados a evangelizar a otros para que, a través de Jesús, los poderes del mal y de la muerte hayan sido vencidos. Quienes creen en su nombre tendrán vida, llamada vida eterna en el evangelio de Juan, que es sinónimo del reino de Dios presente en el mundo hoy.

Estamos llamados a proclamar la vida. En la Biblia no hay dualismo entre carne y espíritu, sino una totalidad. La vida está anclada a nuestra existencia como criaturas, se encuentra dentro de la creación, no aparte de ella. La vida es un regalo de Dios, quien ha creado el mundo y lo ha dotado de vida. Jesús, a través de su Resurrección, está trayendo nueva vida a la recreación del mundo.

Como seguidores de Cristo, también estamos llamados a proteger y preservar la vida. La nueva vida que florece en primavera cada año es una señal para nosotros de que no hemos creado esta nueva vida y, por lo tanto, no tenemos el derecho de destruirla para nuestro beneficio personal.

Sin embargo, la vida en nuestro planeta está sometida a una enorme presión, debido a los gases de efecto invernadero que provocan un aumento vertiginoso de la temperatura planetaria, a la extracción de minerales que deja tras de sí una terrible destrucción ambiental, al uso irresponsable del hábitat natural, tanto en tierra como en agua, lo que conduce a una inexorable extinción de cada vez más especies, y al envenenamiento de la tierra, el agua y el aire con productos químicos y plásticos que no solo dañan el medio ambiente natural, sino que también repercuten en la salud humana.

Algunas personas, en su ansia de enormes ganancias, creen que tienen derecho a destruir la creación viviente de Dios. Por lo tanto, vale la pena recordar las palabras del Papa Francisco escritas en su encíclica Laudato Si’: “entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’ (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”.

El Papa Francisco también nos dio una profunda enseñanza sobre la ecología integral, que estudia “la relación entre los organismos vivos y el medio en el que se desarrollan”. En un nivel fundamental, toda la realidad viva forma parte de una compleja red física, química y biológica, y los seres humanos estamos integrados en esa red. La naturaleza no es simplemente el entorno en el que vivimos. Somos parte de la naturaleza, estamos incluidos en ella y en constante interacción con ella.

Recordemos el mensaje de la Pascua: Dios dio vida al mundo y Cristo resucitado y vivo está dando nueva vida al mundo recreado. Somos criaturas y no tenemos derecho a destruir este Don de Dios. También somos discípulos y amigos de Cristo, llamados a proteger, preservar y promover la vida. Respondamos con alegría y esperanza.

El Padre Maryknoll Frank Breen, oriundo de Boston, Massachusetts, ejerció su ministerio en Kenia durante casi 30 años, donde también se desempeñó como corresponsal extranjero para la revista Maryknoll Magazine. Actualmente, es coordinador de Justicia y Paz de la Sociedad para la Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll.

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Imagen destacada: Rayos de sol penetran en una cueva en Curaçao. (Bruno van der Kraan/Unsplash/Curaçao)

Sobre la autora/or

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La Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll expresa la posición de Maryknoll en debates sobre políticas públicas en Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y ante los gobiernos de Estados Unidos y otros países, con el propósito de ofrecer educación en temas de paz y justicia social, la integridad de la creación y abogar por la justicia social, económica y del medio ambiente.

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