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De la Piedra a la Carne

Por Joseph R. Veneroso, M.M.

Señor, toma mi corazón de piedra,
herido, encallecido, oscurecido, frío.
Dame un corazón nuevo como el tuyo:
cariñoso, atento, alegre, audaz…

y que palpita en sincronía con todas las lágrimas
de aquellos que sufren el cruel destino de la vida,
cuyo amor aumenta a lo largo de los años,
a pesar de las plagas de la guerra y el odio.

Tú no me pides que cambie mi camino
de fe en ti, y desde el principio
Tú pides que yo muera a mí mismo y ore
para poder tener un cambio de corazón.

Oh, deja que nunca deje de escuchar
Tus palabras, la verdad más preciosa de la vida,
que son los corazones llenos de amor en lugar de miedo, la prueba viva, amorosa y duradera

que sólo Tú eres real y verdadero,
sólo Tú tienes razón y eres justo.
Por eso te ofrecemos nuestros corazones
como santuarios sagrados de polvo terrenal.

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