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[googlefont font=“Cormorant Infant” fontsize=”20″]Por Padre Alejandro Marina[/googlefont]


El Centro Misionero de Maryknoll en América Latina (CMMAL) ofrece el Curso de Formación Misionera Internacional en su sede central en Cochabamba, Bolivia—para las personas que viven en América del Sur—y en Ciudad de Guatemala, Guatemala, para las personas que viven en Centro América. Tiene como propósito acompañar los procesos de renovación de nuestra teología y prácticas misioneras impulsadas por el Papa Francisco.

En Guatemala, el curso se ofrece dos veces al año, en abril y en octubre. Cuando llegamos a la residencia de Maryknoll en Ciudad de Guatemala, el primero que nos recibe es el Hermano Maryknoll Martín Shea, quien es una fuente de inspiración para todos nosotros. El Hermano Martín ha vivido casi toda su vida misionera en Guatemala y ha acompañado a ese pueblo en momentos históricos muy duros. Vivió con los refugiados que tuvieron que salir del país durante el conflicto armado interno en la década de 1980 y compartió su suerte en el exilio. Todos hemos aprendido algo de cómo fue esa época gracias al Hermano Martín: a través de las fotografías que tomó y a través de un diario que tituló Salven a los Chicos. Salven sus Vidas, en el que relata su testimonio con el pueblo de Guatemala en oraciones, poemas, perfiles y reflexiones.

Cuando pienso en la misión vivida en clave de misericordia, pienso en él, porque creo que la misericordia es acercar tanto el corazón a la realidad del otro que el corazón queda tocado y transformado. Algo que me impresiona cada vez que escucho sus historias, es su emoción al recordar rostros, diálogos, nombres concretos de personas que pasaron por su vida. De ellos, el Hermano Martín lleva en su corazón multitud de sonrisas, lágrimas, heridas; y todas son motivos de oración y de acción de gracias en su vida.

La renovación misionera que intentamos impulsar tiene que ver con esta experiencia misericordiosa. La renovación misionera pasa por acercar nuestro corazón a los otros y otras, de tal manera que quedemos transformados por el encuentro. La salida a la periferia, al entrecruce de caminos, al encuentro con quieres han sido desplazados o considerados descartados por la sociedad, no nos deja inmunes. Nuestro aprendizaje de cómo ser misioneros y misioneras hoy en día viene de dichos encuentros. La mística de una Iglesia en salida a las periferias será el proceso pedagógico de renovación de nuestra teología y prácticas misioneras.

Es por eso, que desde el CMMAL, impulsamos distintas aproximaciones a esta actitud misericordiosa capaz de transformarnos: La enseñanza de los idiomas con enfoque comunicativo e inserción en la cultura; diplomados que abordan diferentes desafíos misioneros en ámbitos pastorales y sociales; la construcción de liderazgos que permitan otro acercamiento y compromiso con la realidad; las experiencias de inmersión en las que el encuentro con los otros se vuelve experiencia teológica, es decir, de encuentro con lo sagrado.

En el Año de la Misericordia, nos proponemos ofrecer espacios formativos en los que hagamos experiencia de dejarnos tocar el corazón, y desde ahí aportar a la transformación de la sociedad desde los valores del Reinado de Dios y los principios del Buen Vivir.

Foto principal: Un momento de reflexión durante el programa de formación misionera internacional ofrecido en Ciudad de Guatemala, Guatemala, por el Centro Misionero Maryknoll en América Latina. Cortesía Padre Alejandro Marina.
 

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