Parroquia Misión Dolores en Los Ángeles abre sus puertas a los desamparados

Cae la tarde y en la placita que está fuera de la parroquia Misión Dolores en el vecindario Boyle Heights en el Este de Los Ángeles, California, poco a poco empieza a llegar un grupo de desamparados.

Uno de ellos, de baja estatura, se acuesta en una de las bancas de cemento y se pone a leer un libro. Su nombre es Manuel y pide mantener su apellido en reserva. Él fue un ingeniero civil en México, pero ahora es un inmigrante indocumentado.

José es más alto que Manuel. Tiene el cabello cano y una dulce sonrisa. Llegó a la placita escuchando un programa en una radio que sostenía sobre su hombro. Él prefiere escuchar deportes para no quejarse de los malos gobernantes de su nativo México. No recuerda exactamente cuando salió de su país, pero lo extraña.

Ambos son personas sin hogar que cada día desde hace un par de meses llegan a Misión Dolores en busca de refugio. Por más de 30 años, la parroquia ha sido un faro de esperanza para miles de desamparados, refugiados e indocumentados que no tienen un techo donde quedarse.

Según datos revelados por la Autoridad de Servicios para Desamparados de Los Ángeles (LASHA por sus siglas en inglés), en 2018, el condado de Los Ángeles reportó más de 53.000 personas sin hogar.

“Este grupo tiene muy buenas personas; me están apoyando y me han dado la bienvenida”, dice José sobre el programa, el cual ofrece diariamente un lugar donde dormir, cena y desayuno para hombres y mujeres, que como él, necesitan una mano amiga.

La ayuda para desamparados empezó en los años 80 cuando Misión Dolores abrió sus puertas a cientos de refugiados que llegaban de El Salvador huyendo de la guerra civil en ese país. En 1986, líderes comunitarios y los misioneros Jesuitas que administraban la parroquia, fundaron el Proyecto Pastoral en Misión Dolores, que incluye la ayuda para desamparados, ahora conocida como Proyecto Guadalupano y otros cuatro programas de ayuda comunitaria.

Un inmigrante indocumentado de México tiende su cama para pasar la noche en el altar de la parroquia Misión Dolores en el 2014. (CNS/Los Ángeles)

El Proyecto Pastoral tiene como misión empoderar a la comunidad a través de proyectos de educación, liderazgo y servicio. El proyecto, que recibe ingresos de LASHA, donaciones privadas y la ayuda de cientos de voluntarios, se compromete a involucrar a los miembros de la comunidad en la planificación, el diseño y la implementación de sus programas.

Más de 400 desamparados reciben refugio en Misión Dolores cada año. Las personas tienen que registrarse para pertenecer al programa. Aproximadamente 45 hombres se albergan cada noche en Misión Dolores y desde el 2015 también se ofrece albergue para 15 mujeres mayores de 55 años en las oficinas del Proyecto Pastoral, a dos cuadras de la parroquia.

Los hombres pueden quedarse en la parroquia desde las 4 de la tarde hasta las 7 de la mañana. En la parroquia pueden ducharse y, en un garaje donde están almacenadas las camas plegables de campaña donde dormirán por la noche, pueden ver televisión.

El servicio para hombres desamparados se ofrece generalmente por un lapso de 90 días, con excepciones para personas mayores que necesiten más tiempo. Las mujeres se pueden quedar hasta un año. Hay casos en los que las personas empiezan a trabajar y eventualmente rentan un lugar, compran un carro y salen adelante, pero otros requieren más tiempo.

Después de cenar en el comedor del colegio parroquial, un desamparado con sus pertenencias se dirige hacia la parroquia Misión Dolores, en Boyle Heights, para poder descansar. (Giovana Soria/Los Ángeles)

Después de cenar en el comedor del colegio parroquial, un desamparado con sus pertenencias se dirige hacia la parroquia Misión Dolores, en Boyle Heights, para poder descansar. (Giovana Soria/Los Ángeles)

Un grupo de voluntarios­—al año suman más de 1.000—prepara el desayuno y la cena que se sirven en la escuela parroquial Misión Dolores, que está frente a la iglesia. Después de la cena, servida a las 6, las mujeres se dirigen a su albergue mientras que cada uno de los hombres regresa al garaje a recoger la cama plegable donde dormirá, y camina silenciosamente hacia la puerta de la iglesia.

En la pequeña parroquia de Misión Dolores, que tiene en la pared detrás del altar una cruz misionera, ocurre una transformación compasiva. Con mucho cuidado, los hombres sin hogar mueven el altar, el púlpito y las bancas para hacer espacio donde colocar las camas plegables donde pasarán la noche, cerca a Dios.

Esta noche de octubre, el Diácono Leonel Yoque, quien es coordinador del programa Discípulos Misioneros Maryknoll, visita Misión Dolores para compartir la cena con el grupo de desamparados y lidera la oración final de la noche con el grupo de hombres.

“Le damos gracias a Dios por ofrecernos un techo donde dormir y le pedimos por nuestros seres queridos… Le damos gracias a Dios y le pedimos que el día de mañana podamos levantarnos y vivir un día más para experimentar el amor de Dios y poder conseguir lo necesario para vivir una vida digna”, dice Yoque en oración.

“Fue impactante ver que el altar donde Jesús es diariamente partido y compartido entre nosotros se haya convertido en un espacio para una cama. Misión Dolores es un modelo de una parroquia o comunidad misionera que se transforma en lo que Jesús haría si él estuviera en medio de nosotros”, dice Yoque. Para él—quien lleva a feligreses de su parroquia para que tengan una experiencia de voluntariado en Misión Dolores—compartir ese momento con los desamparados fue un privilegio. “Nuestro trabajo es llevar una voz de aliento y esperanza a personas que están pasando dificultades en su vida; es una oportunidad para transmitir esa seguridad que Dios camina con ellos y escucha el clamor de su pueblo que sufre”, dice él.

Voluntarios sirven comida a desamparados en California.

Voluntarios de la parroquia Misión Dolores, en Boyle Heights, sirven comida a cientos de desamparados en California. (Nelson Bracamonte/Los Ángeles)

En Misión Dolores, las personas sin hogar también reciben ropa gratuita cuando la necesitan y la asistencia de consejeros y administradores de trabajo social quienes les ayudan a buscar trabajo para que eventualmente puedan conseguir un hogar permanente.

“Para mí es una bendición trabajar acá. Algunos piensan que las personas que llegan aquí son gente de mal vivir, pero cada uno tiene una historia y si están en la calle es por que algo les pasó en sus vidas y estamos aquí para apoyarlos”, dice Verónica Mesa, administradora de casos del proyecto. “Nuestra comunidad de fe es muy activa y comprometida con la justicia social y apoyan y dan la bienvenida a todos”.

Manuel cuenta con entusiasmo que dos semanas atrás le consiguieron un trabajo de medio tiempo. Además, hay una enfermera en la parroquia que les refiere a un doctor, dentista o a cuidado de salud mental cuando es necesario.

“Tratamos de crear un ambiente solidario y que nadie se sienta rechazado sino bienvenido y en familia”, dice Raquel Román, directora del Proyecto Guadalupano. “Mientras estén bajo nuestro cuidado, haremos lo mejor para que no les falte comida, ropa y un hogar”.

DYN EN ESPAÑOL

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Foto principal: La parroquia Misión Dolores en Los Ángeles, California, cobija a más de 40 hombres sin hogar cada noche. (Nelson Bracamonte/Los Ángeles)

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