Llamados, enviados, transformados

Cuando los Padres y Hermanos Maryknoll conmemoren el centenario de su primer envío a misión en el extranjero el 7 de septiembre, un misionero en particular se regocijará de este hito: el Padre Maryknoll Lawrence Schanberger.

“El aniversario me lleva a recordar mi razón de estar aquí”, dice el misionero de 96 años, que estaba en camino de convertirse en sacerdote diocesano en Baltimore, Maryland, cuando el Obispo Maryknoll, James E. Walsh, visitó su seminario diocesano.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo de Envío a Misión - El primer grupo de misioneros Maryknoll enviados a China incluía al co-fundador Thomas Frederick Price y a los Padres James Edward Walsh, Francis X. Ford y Bernard Meyer. (Maryknoll Mission Archives)

El primer grupo de misioneros Maryknoll enviados a China incluía al co-fundador Thomas Frederick Price y a los Padres James Edward Walsh, Francis X. Ford y Bernard Meyer. (Maryknoll Mission Archives)

 

Eso fue en 1942, apenas 24 años después de que el Obispo Walsh, entonces un sacerdote recién ordenado, saliera con los Padres Maryknoll Francis X. Ford, Bernard F. Meyer y el cofundador de Maryknoll, Padre Thomas F. Price, como el primer grupo de misioneros católicos de los Estados Unidos en “llevar el Evangelio” al sur de China.

No fueron las emocionantes historias de evangelización en una tierra lejana lo que más impresionó al joven Schanberger, sino el testimonio de vida del misionero.

“El sacerdote que fue a buscar al obispo Walsh en el tren nos contó que el obispo vio a un anciano temblando en la estación, se acercó a él y le habló”, dice el padre Schanberger. “Entonces el obispo le puso su abrigo al hombre, le dio una bendición y le dijo: ‘Por favor, perdóneme, pero tengo que irme’”.
Los ojos del padre Schanberger se llenan de lágrimas mientras continúa: “Cuando escuché esa historia, dije: ‘Quiero seguir a alguien que se preocupe tanto por los más pobres entre los pobres’. Sabía que Dios me estaba llamando a Maryknoll”.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo de Envío a Misión: El Padre Maryknoll Lawrence Schanberger hablando con niños en Chile. (Maryknoll Mission Archives/Chile)

El Padre Maryknoll Lawrence Schanberger hablando con niños en Chile. (Maryknoll Mission Archives/Chile)

 

Pocos de los misioneros de hoy en día han sido influenciados tan directamente por uno de los pioneros de Maryknoll. Pero todos se esfuerzan por continuar con su legado, ya sea en China o en otros países de Asia, África y Latinoamérica.

“Sigue siendo cierto que la misión es compartir la fe y la vida con la que hemos sido dotados”, dice el Superior General de Maryknoll, el Padre Raymond Finch, agregando que las acciones aún hablan más fuerte que las palabras. “Todavía se trata de compartir las Buenas Nuevas. Todavía se trata de mirar más allá de nosotros mismos y de nuestras necesidades reales de responder a las necesidades de los demás, especialmente los más pobres entre los pobres”.

Finch dice que fue el joven Padre James E. Walsh quien pintó la imagen de la gente a la que misioneros Maryknoll busca servir cuando escribió esta descripción de un campesino pobre al que vio trabajando en un campo de arroz en China: “‘Te elijo a ti’, cantó mi corazón mientras miraba a mi tosco muchacho campesino, imagen perfecta del alma desfavorecida… del cansado por el exceso de trabajo y del pasado por alto, olvidado y despreciado… Te elijo y me dedico a ti y no pido otro privilegio que el dedicar las energías de mi alma a personas como tú”.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo de Envío a Misión: Durante una Misa en una aldea de Kenya, el Padre Maryknoll Robert Jalbert da la comunión a un joven. (Sean Sprague/Kenya)

Durante una Misa en una aldea de Kenya, el Padre Maryknoll Robert Jalbert da la comunión a un joven. (Sean Sprague/Kenya)

 

Ese compromiso resonó a través de los años cuando otros misioneros Maryknoll se encontraron con incontables “muchachos campesinos” que cambiaron sus vidas.

Para el Padre Robert Jalbert fue Elizabeth, una abuela ciega en Tanzania que le regaló dos huevos y le enseñó que los pobres tienen regalos que compartir y que uno debe estar dispuesto a recibirlos.

Para el Padre Stephen Judd fueron dos catequistas aymaras, Mariano y Pedro, cuyo testimonio de fe al visitar remotas comunidades en el altiplano peruano le abrió los tesoros espirituales de los indígenas.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo de Envío a Misión- El Padre Maryknoll Stephen Judd sonríe con catequistas en el altiplano de Perú. (Maryknoll Mission Archives/Perú)

El Padre Maryknoll Stephen Judd sonríe con catequistas en el altiplano de Perú. (Maryknoll Mission Archives/Perú)

En Tailandia, un monje budista moribundo llamado Sanaan oró con el Padre Michael Bassano y le dijo: “Jesús y Buda son hermanos”, recordándole al sacerdote que todas las religiones pueden aprender unas de otras.

Tales testimonios revelan una comprensión de la vocación misionera que ha evolucionado en los últimos 100 años. “La misión no es sólo del mundo ‘católico’ al mundo ‘pagano’”, dice el padre Finch. “No es sólo de occidente a oriente, del norte al sur. Hoy la misión es de todas partes a todas partes”.

Por lo tanto, dice, la Sociedad Maryknoll ha comenzado a dar la bienvenida a nuevos miembros de países extranjeros en los que sirven misioneros Maryknoll, como John Siyumbu, un seminarista de Maryknoll que actualmente recibe entrenamiento en el extranjero en Bolivia.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo de Envío a Misión -Visitar a enfermos fue parte de la labor pastoral del Padre Maryknoll Michael Bassano cuando estaba en Tailandia. (Sean Sprague/Tailandia)

Visitar a enfermos fue parte de la labor pastoral del Padre Maryknoll Michael Bassano cuando estaba en Tailandia. (Sean Sprague/Tailandia)

 

“Cuando el primer grupo de misioneros Maryknoll viajó al extranjero en 1918, a los ojos de la Iglesia, el único misionero era el sacerdote”, dice el Hermano Maryknoll John Blazo. “Los laicos y las hermanas y hermanos religiosos fueron vistos como auxiliares, que apoyaban en lo que fuera necesario para que el sacerdote pudiera hacer su ministerio, que era principalmente sacramental”.

Al principio, sin embargo, uno de los pioneros de Maryknoll, el Padre Francis X. Ford, reconoció que las religiosas eran esenciales para ministrar a las mujeres de China. A petición suya, el primer grupo de seis Hermanas Maryknoll se unió a la misión en el sur de China en 1921. Tan indispensable fue su contribución que el padre Ford escribió a sus superiores: “Creo que… hay poco futuro para cualquier misión que no tenga hermanas trabajando allí”.

El rol de los hermanos gradualmente se expandió e incluyó catequesis y trabajo en justicia social, así como ministerios para jóvenes y adultos jóvenes, como los que el hermano Blazo emprendió en Centroamérica.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo de Envío a Misión - El Hermano Maryknoll John Blazo carga un bebé en Guatemala, donde sirvió como misionero en los 1970s. (Maryknoll Mission Archives/Guatemala)

El Hermano Maryknoll John Blazo carga un bebé en Guatemala, donde sirvió como misionero en los 1970s. (Maryknoll Mission Archives/Guatemala)

 

El Concilio Vaticano II afirmó que la misión no es prerrogativa exclusiva del clero y de los religiosos, sino que todos están llamados a la misión mediante el bautismo. Por lo tanto, en 1975 los primeros Misioneros Laicos Maryknoll fueron enviados a servir en el extranjero y finalmente el grupo se convirtió en la tercera expresión de Maryknoll.

En 1991, Maryknoll invitó a aquellos interesados en la misión a formar capítulos locales para reunirse regularmente para orar y apoyarse mutuamente en ministerios de servicio en sus países de origen y en el extranjero. Así surgieron los Afiliados Maryknoll que ahora tiene 50 capítulos en 10 países.

El Diácono Matt Dulka y Anna Johnson, promotores misioneros de Maryknoll, nos dicen que hoy en día tal vez el mayor defensor de la vocación misionera de todos los cristianos es el Papa Francisco. Citan la exhortación apostólica de 2013 del papa La Alegría del Evangelio, que, explican, “desafió a la Iglesia a reorientarse en su comprensión de la misión a lo que los obispos pidieron en el Vaticano II: una mejor base en el modelo de discipulado misionero establecido por Jesús y la Iglesia primitiva”.

El encuentro está al centro del discipulado misionero, señalan Dulka y Johnson. Citando al Papa Francisco, dicen: “Cada vez que nos encontramos con otra persona enamorada, aprendemos algo nuevo acerca de Dios”.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo de Envío a Misión - El Diácono Matt Dulka en un viaje de inmersión a Tanzanía. (Cortesía de Matt Dulka/Tanzania)

El Diácono Matt Dulka en un viaje de inmersión a Tanzanía. (Cortesía de Matt Dulka/Tanzania)

 

“Sabemos que la persona promedio en la banca de la iglesia seguirá señalando a un sacerdote, hermano o hermana como el misionero que se envía a evangelizar en un lugar lejano”, agrega el padre Jalbert. “Nosotros en Maryknoll estamos trabajando para ayudar a las personas a seguir su propio llamado a ser discípulos misioneros donde sea que estén”.

Algunos, como Magdalena Arellano, quien trabaja en la Oficina de Misión en Los Ángeles, California, han llegado a comprender su vocación misionera a través de sus encuentros con colegas. Otros descubren su vocación misionera en retiros, talleres y viajes de inmersión a corto plazo como los que la Sociedad Maryknoll patrocina, a menudo en asociación con otros grupos misioneros, aquí y en ultramar.

 

Llamados, enviados, transformados: Un Siglo del primer Envío a Misión - Cuatro de los sacerdotes Maryknoll que sirven en Hong Kong y en China: los Padres (de izq. a dcha.) Daniel S. Kim, Peter Latouf, Rodrigo Ulloa y Shaun Crumb. (Nile Sprague/Hong Kong)

Cuatro de los sacerdotes Maryknoll que sirven en Hong Kong y en China: los Padres (de izq. a dcha.) Daniel S. Kim, Peter Latouf, Rodrigo Ulloa y Shaun Crumb. (Nile Sprague/Hong Kong)

 

Rosina Hendrickson, quien trabajó en el Departamento de Evangelización y Catequesis para la Diócesis de Sacramento, California, se embarcó en un viaje de inmersión a Jamaica. Allí vio el rostro de Dios reflejado en varios de los “muchachos campesinos” de hoy en día, incluyendo a Jevaughn de 9 años, un niño con discapacidades de desarrollo que “brindaba abrazos a todos”. Al regresar a casa, concluyó: “La gente que conocí durante mi semana en Jamaica me recordó que estoy llamada a ser el rostro de Dios para los demás y que debo ser alegre y cariñosa con todos los que conozco”.

Mientras los misioneros Maryknoll dan gracias por lo que fue y continúan encontrándose con Dios en los márgenes de la sociedad, el padre Schanberger comparte estas palabras de sabiduría: “La misión comienza con la vida espiritual, pidiéndole a Dios: ‘¿Qué quieres que hagamos hoy?’ Siempre y cuando escuchemos, Dios nos mostrará el camino”.

Foto Principal: El Padre Maryknoll James Edward Walsh observa la costa del primer territorio misionero al que la Sociedad Maryknoll fue enviada. (Maryknoll Mission Archives)

 

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