El Padre Maryknoll Paul Sykora dirige el programa Apoyo Escolar en un vecindario marginal en Cochabamba, Bolivia. Allí construye juguetes para los niños usando material reciclable. (David Aquije/Bolivia)

en viaje de inmersión misionera a Bolivia, feligreses visitaN ministerio de sacerdote Maryknoll

El sol brilla intenso en el polvoriento vecindario Nueva Vera Cruz en una montaña fuera de la ciudad de Cochabamba en Bolivia, donde viven cientos de familias quechua y aymara que han migrado desde Oruro, Potosí y La Paz en busca de trabajo. Hasta allí sube una camioneta con un grupo de ocho feligreses de Estados Unidos quienes han ido a tener una corta experiencia misionera promovida por el programa Discípulos Misioneros Maryknoll. Se detiene frente a una casa y capilla construida y administrada por misioneros jesuitas. Allí funciona Apoyo Escolar, un programa para niños de 4 o 5 años hasta los 14 años de edad, quienes asisten a las escuelas públicas. Reciben ayuda con las tareas escolares, un alimento nutritivo y, principalmente, acompañamiento en su adaptación a un nuevo estilo de vida en la ciudad donde predomina un idioma, el español, que no es su primera lengua.

El Padre Maryknoll Paul Sykora, quien dirige el Apoyo Escolar en ese lugar llamado Centro Nueva Vera Cruz, abre la puerta de un portón de metal más grande para dar la bienvenida a la visita.

La puerta no es eléctrica, pero es automática. Se cierra sola gracias al peso de un ladrillo que cuelga de una polea construida por el padre Sykora. La entrada da a un patio rústico cuyo piso está regado de piedras pequeñas. Es a la vez un jardín ecológico y recreativo con macetas para cultivar vegetales y columpios hechos con llantas usadas. Una malla verde cubre el patio brindando a los niños protección del sol. En el techo hay una antena de material reciclable, hecha también por el padre Sykora, que captura la señal para que en el centro funcione la radio.

Sykora, quien sirvió como misionero por 25 años entre el pueblo mapuche de Chile, llegó a Bolivia en 2009. Él en su ministerio encarna el tipo de sacerdote que el Papa Francisco pide, aquel que sale a la periferia y huele como oveja.

Niños que migran de zonas rurales a la Ciudad de Cochabamba en Bolivia, reciben apoyo escolar en programa dirigido por misionero Maryknoll (Foto: David Aquije/Bolivia)

Niños bolivianos de bajos recursos reciben un alimento nutritivo como parte del programa de apoyo escolar que dirige un misionero Maryknoll en Cochabamba. (Foto: David Aquije/Bolivia)

“Jesús dijo que si no piensas como niño no puedes entender a Dios”, continúa el misionero de Wagner, South Dakota. “Aquí estamos haciendo cosas básicas con la gente donde se encuentre, especialmente los niños, porque viven en un mundo (la ciudad) que los padres no entienden, pero sí entienden los valores de compartir, jugar juntos, respetar al prójimo”.

Andrea Chileno, una de las profesoras—o facilitadoras como prefieren que las llamen—del Apoyo Escolar dice: “Estoy aquí desde los 10 años. Yo fui una de las niñas que recibió el apoyo escolar. Yo tenía muchas dificultades”. Ver cómo las maestras incentivaban a los niños como ella inspiró a Chileno a seguir una licenciatura en ciencias de la educación.

“El padre Pablo cumple muchos roles: es ‘papá’, consejero de todos los niños, juega con los niños. También saca la basura”, dice Chileno mientras sonríe. “Nos motiva, nos enseña sobre la religión, cuando le sugerimos un proyecto dice: ‘Háganlo, pero háganlo bien’”. Uno de los niños interrumpe. “Hola, soy Marcelo, me gusta venir (al Apoyo Escolar), es divertido, hacemos tareas; el padre Pablo es muy bueno; tengo 11”.

Después de las presentaciones, los visitantes recorren las instalaciones del Centro Nueva Vera Cruz y comparten con las maestras, los voluntarios y los casi 70 niños presentes. Van a las aulas, conversan, juegan, ayudan con las tareas y hasta bailan con los niños.

Feligreses hispanos de EE.UU. visitan a misionero en Bolivia: Giovanna Reyes, trabajadora boliviana, y Dulce Tovar, joven de Estados Unidos, en un abrazo de encuentro misionero. (David Aquije/Bolivia)

“¿Dónde estuvieran estos niños y niñas si no existiera este centro de apoyo?” comenta el Diácono Leonel Yoque, un promotor de Maryknoll quien lidera al grupo de Estados Unidos. “El centro les provee el espacio para que tengan alimentación, educación y porqué no, diversión después de la escuela. Me impactó ver la alegría de estos pequeños al jugar con juguetes elaborados con materiales reciclados por el padre Sykora. Gracias a este ministerio, estos pequeños tienen una oportunidad de ser niños y están alejados de los peligros que puedan encontrar en las calles”.

En la cocina, un grupo de madres voluntarias prepara el almuerzo. Además de brindar trabajo voluntario, los padres pagan una cuota mensual para cubrir algo de los gastos del programa. En retorno, reciben consejería gracias a un convenio con una universidad local y cursos de liderazgo ofrecidos por el Centro Misionero Maryknoll para América Latina (CMMAL), con sede en Cochabamba. Algunas empresas locales, también ofrecen apoyo con alimentos y materiales escolares.

“El programa es flexible y trata de responder a las necesidades y deseos de los niños y padres”, explica el padre Sykora. “Queremos brindar una atmósfera creativa y no sólo un lugar donde se ayuda con la tarea”.

Kate Macan, feligrés de EE.UU. que realizó promoción misionera para Maryknoll, juega con niños que reciben apoyo escolar en un programa dirigido por un sacerdote Mryknoll en Cochabamba, Bolivia. (foto: David Aquije/Bolivia)

Detalle de la vivienda rústica llamada Centro Nueva Vera Cruz, donde opera un programa de apoyo escolar para niños de bajos resursos en Cochabamba, Bolivia. (Foto: David Aquije/Bolivia)

Con el cabello, los bigotes y la barba canosos y desordenados; con un jean, una camiseta, una gorra de béisbol y una chaqueta de cuero, el sacerdote Maryknoll parece un viejo rocanrolero además de abuelo risueño y laborioso que sabe hacer de todo: carpintería, mecánica, jardinería. Su oficina está llena de herramientas, material reciclable, proyectos y juguetes por terminar y modelos de avionetas de juguete que cuelgan del techo.

“Soy un niño grande, nada más, nunca encontré razón para crecer”, dice el padre Sykora tiernamente.

“Él hace todos esos juguetes, le gusta enseñar con cosas recicladas, es el pilar de este lugar”, dice Giovanna Reyes, otra de las facilitadoras. “El padre Pablo tiene una hora con los niños de estimulación temprana. Le decimos ‘La hora del padre Pablo’. Él los recibe, les da galletas, leche, juega con ellos, les enseña cosas nuevas”.

Reyes hizo su Primera Comunión y la Confirmación en la capilla de Nueva Vera Cruz y ha sido facilitadora del apoyo escolar desde que el programa se inició en el 2006.

“Víctor Manuel es un niño autista, que cuando llegó aquí no decía ni mamá ni papá, sólo decía sí o no con la cara, pero actualmente ya puede comunicarse con la gente, decir nombres. Este año ingresó a la escuela”, dice Reyes.

Feligreses hispanos de EE.UU. visitan a misionero en Bolivia: El Padre Maryknoll Paul Sykora da la bienvenida a un grupo de jóvenes adultos de Estados Unidos que visitó Bolivia en viaje de experiencia misionera. (Foto: David Aquije/Bolivia)

“Los mismos papás se sienten tan satisfechos que recomiendan a otros venir acá”, continúa Reyes mientras su voz se quiebra por la emoción. “Muchas personas me dicen: ‘Qué haces ahí’. Yo de profesión soy contadora, no soy pedagoga, pero a mí me encanta el trabajo porque es un servicio a los más pequeños. Estoy convencida que con los niños se puede lograr lo que con los adultos no se logra; estoy convencida que, si ayudamos a ellos, pueden ser mejores personas”.

Dulce Tovar viajó desde Estados Unidos para una experiencia misionera en Cochabamba. En ese momento, al escuchar el testimonio de Reyes y verla llorar, se acercó a ella y la abrazó.