Yesenia Meléndez (izq.) y Jessica López sonrién con el PadreThomas “Martín” Deely de la organización “Reaping the Harvest”. (Cortesía de Deirdre Cornell/Nueva York)

La educación de hijos de migrantes beneficia a la sociedad que los recibe

En estos días, los estudiantes regresan a la escuela–y la siembra de manzana llega a la madurez. Muchas veces, usamos esa fruta para representar el agradecimiento hacia maestros. El junio pasado, dos alumnas universitarias de familias campesinas que laboran en los huertos de manzana, recibieron becas. Estas becas son el legado del trabajo del Hermano Daniel Denis Crimmins, CFC, con campesinos migrantes en Nueva York.

Jessica López y Yesenia Meléndez, hijas de padres campesinos que “piscan” la manzana en los huertos, estudian enfermería en el colegio comunitario del Condado de Ulster. Sus respectivos padres emigraron de México hace dos décadas. Encontraron trabajo en los campos de manzana y otros cultivos de Nueva York. El hermano Crimmins los visitó mientras se establecían en sus nuevos empleos y hogares. Y cuando los padres de Jessica quisieron casarse por la Iglesia, el hermano Crimmins los acompañó en este proceso. Quería tanto a la familia López que Jessica y sus dos hermanos le llamaban abuelo.

Ahora Jessica expresa su propia ilusión de ayudar a la gente desde niña. “La enfermería se trata del impacto, el cuidado, y la habilidad de ayudar a los pacientes. Eso es lo que a mí me importa”, dice.

El Padre Thomas “Martín” Deely de la organización “Reaping the Harvest” con Jessica López (de blusa roja). (Cortesía de Deirdre Cornell/Nueva York)

Las dos becarias sintieron ese llamado desde la niñez. “Recuerdo que le ayudé a uno de mis compañeros cuando le sangró la nariz. Puro instinto, agarré un pañuelo”, dice Yesenia. “Al día siguiente, la maestra nos pidió dibujar la carrera a la que queríamos dedicarnos. El compañero que ayudé se inclinó hacia mí y susurró, ‘debes ser doctora’”.

Durante la ceremonia, Cristian Ávila presentó las becas en nombre de la organización “Reaping the Harvest”. Cristian, un hijo de inmigrantes quien también creció en la comunidad de familias campesinas, es graduado de SUNY Plattsburg y trabaja para un centro de justicia para obreros. El joven expresó su preocupación por las olas de refugiados centroamericanos en la frontera y dijo que los inmigrantes ya establecidos pueden apoyar a los recién llegados.

“El hermano Daniel (Crimmins) era hijo de inmigrantes irlandeses. Nunca se olvidó de eso; al contrario, nos hizo entender que su compromiso con los inmigrantes era parte de su propia identidad”, dice. “Él nos inspira a preguntarnos, ¿Qué podemos hacer?”

El hermano Crimmins decía que la educación de los hijos de inmigrantes era la llave al futuro–para sus propias familias, pero también para la sociedad que los recibe.

“La necesidad de proveedores de atención médica bilingües está aumentando. Siento que es mi deber no solo lograr mi sueño, sino también brindar una excelente atención médica a quienes la necesitan–sin el temor de la falta de comunicación”, dice Yesenia.

Ella y Jessica vieron a sus padres esforzarse para comunicarse con el personal médico y, por eso, quieren reducir las incidencias de falta de comunicación. “Cuando era niña mis padres dependían de mí … Ir con ellos a sus citas médicas aumentó mi deseo de ayudar”, concuerda Jessica. “Al saber español e inglés, ayudaré a más pacientes, haciéndoles sentir apoyados”.

Seguramente, el hermano Crimmins está orgulloso. Aunque las becas son pequeñas en monto, son grandes en amor.

Ahora que empieza otro año escolar, oremos para que todos nuestros alumnos sientan el deseo no solo de estudiar, sino también, de servir.