Ernestina, Luis Eduardo y sus tres hijos agradecen a Dios y a la Virgen por su intercesión, en la Catedral de San Patricio, NY. (Cortesía de la familia Martínezl/Nueva York)

inmigrante se reencuentra con su Familia

Ernestina y Luis Eduardo Martínez, de New Paltz, Nueva York, fueron con sus tres hijos a la Catedral de San Patricio. ¿Su motivo? Dar gracias. Hincados a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe, agradecieron a Dios y a la Virgen por su intercesión. Después que Luis Eduardo estuvo detenido por cinco meses, la familia está junta de nuevo.

Luis Eduardo, Lalo, era un niño cuando llegó a Estados Unidos con su madre y su hermano Jesús, después de que su padre fue asesinado en México. Su madre logró la residencia y empezó el proceso de petición para sus hijos.

Los años pasaron, y ocurrió otra tragedia: unos pandilleros, que buscaban a otro muchacho, asesinaron por equivocación a Jesús. Lalo, testigo del crimen, cooperó con la investigación. La gran fe de su madre ayudó a la familia a seguir adelante.

Ya adulto, Lalo inició un negocio de construcción, conoció a Ernestina, su esposa, y tuvieron tres hijos: Sharai, Valeria y Luis. Se volvieron miembros activos de su parroquia.

Sin embargo, el caso de inmigración de Lalo quedó sin resolver. Un abogado le recomendó que cambiara su solicitud y pidiera una visa especial que protege a testigos de crímenes violentos.

El 16 de enero, 2018, Lalo fue detenido por autoridades de inmigración. Empezó la angustia. “Desde el primer día cuando llegué [al centro de detención] quedé destrozado”, dice Lalo. Pero también crecieron el amor y el compromiso. “Mientras hay fe, hay esperanza,” dice Ernestina. La pareja se comunicó por teléfono y rezaron juntos todas las noches. Miembros del grupo parroquial Brazos Abiertos rezaron rosarios. “Uno se siente solo, pero no lo está. Hay gente que te apoya”, dice Ernestina. Lalo inició un grupo de oración en el centro de detención. “Al principio, éramos dos. Cuando me trasladaron [a otra cárcel] éramos unos 25”.

El caso de Lalo era complicado.  “Un viernes, un oficial me llevó a su oficina y me dijo, ‘ya vas para tu casa’. Me puse alegre porque entendí que iban a dejarme ir. ‘No,’ me dijo el oficial, ‘estás en la lista corta para ser deportado’”, dice Lalo.

Ernestina contactó a su abogada. Feligreses de New Paltz, llamaron a autoridades para abogar por Lalo. Un domingo, unas 200 personas, hispanas y no-hispanas, realizaron una protesta pacífica frente al centro de detención.

El 25 de marzo, un oficial le dijo a Lalo que se había cancelado su orden de deportación. La mala noticia fue su traslado a otro centro de detención más lejano. “Lo más doloroso fue que los niños esperaban ver regresar a su papá”, dice Ernestina. Le tomó meses tener una audiencia para pedir salir bajo fianza—petición que fue rechazada. Ese día, Ernestina había preparado la cena favorita de Lalo. “Estábamos seguros que iba a salir bajo fianza, pero no fue así”. Tuvieron que seguir esperando. Lalo continuó con su grupo de oración y se cobijó con libros espirituales, y las lecturas del día. “Me llenaron de esperanza esas lecturas”, dice él.

Gracias al apoyo de muchos, y la perseverancia de la familia y de los abogados, el caso de Lalo llegó a ser revisado a nivel federal. Fueron tantas las irregularidades en su caso, que el juez decidió a su favor. No necesitó pagar fianza, fue liberado sin condiciones. Mientras la familia esperó un par de días para que la decisión se ejecute, Lalo oró el Salmo 98: “Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas, su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia…” Lalo, Ernestina y sus hijos, empiezan de nuevo. Dice Ernestina con fervor: “Dios está con nosotros. Nunca nos abandona”.