Niños que asisten a escuela Mercy Montessori School en Mwanza, Tanzania, están libres de castigos físicos. (Sean Sprague/Tanzania)

Hermana Maryknoll trabaja para proporcionar educación infantil sin castigos

Cuando Agness, 6, vino con su madre para matricularse en el jardín infantil Mercy Montessori School en Mwanza, Tanzania, la niña tenía antecedentes de comportamiento pasivo en clase en su escuela anterior.

Durante la entrevista de preinscripción, la directora de Mercy Montessori, la Hermana Maryknoll Celeste Derr, intuyó que los “problemas emocionales” de la niña podrían deberse a su miedo a ser castigada físicamente, si no lo hacía bien o cometía errores.

El castigo corporal de los niños no es solo una práctica común entre los padres tanzanos—muchos de los cuales creen firmemente en el equivalente africano del viejo adagio “la letra con sangre entra”—sino que los maestros también aplican castigos corporales en la escuela. En el caso de Agness, la madre admitió haber golpeado a la niña para disciplinarla.

“Incluso el día de la entrevista con la niña, yo estaba muy preocupada”, dice la hermana Derr. “Mientras trabajábamos con números y letras, yo temía que si ella no lo hacía bien, si no respondía las preguntas, cuando llegara a casa, sería golpeada”.

La Hermana Derr, ahora de 72 años, aceptón el pedido de establecer un preescolar en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús usando métodos de aprendizaje positivos, usando el modelo Montessori que es diferente a lo que había visto en Tanzania. (Sean Sprague/Tanzania)

Ex-Misioneros Laicos Maryknoll Guadalupe y Charlie Petro estuvieron trabajando en Mwanza, Tanzania. Guadalupe apoyaba a la Hna. Derr en Mercy Montessori School. (Sean Sprague/Tanzania)

Para la hermana Derr, evitar el castigo físico y enfatizar lo positivo son valores centrales y el nombre de la escuela  Mercy (Misericordia) no es  coincidencia. “La misión es realmente importante: ser cuidadores misericordiosos y compasivos aquí en nuestra escuela”, dice ella. “Sin golpes, sin vergüenza”, dice, solo “refuerzo positivo de los conceptos educativos”.

La misión de la Hermana Derr en Tanzania

Cuando la hermana Derr comenzó su misión en Tanzania hace 12 años, su objetivo era trabajar con jóvenes vulnerables. La misionera de Akron, Ohio, tenía años de experiencia como maestra y trabajadora pastoral durante su tiempo como hermana dominica de Akron, lo que incluía trabajar con jóvenes en Covenant House en la ciudad de Nueva York. En 1990, fue a Guatemala como hermana asociada Maryknoll y trabajó con indígenas en la iglesia San Andrés Sajcabajá en la provincia de Quiché. Su ministerio incluyó ayudar a establecer un centro educativo parroquial para que los jóvenes indígenas estudien desde preescolar hasta el noveno grado. En 2005, la hermana Derr decidió transferirse a las Hermanas Maryknoll y también optó por ir a Mwanza, Tanzania.

“Cuando vine aquí, quería trabajar con niños vulnerables”, dice la hermana, que ahora tiene 72 años, y agrega que inicialmente trabajó con la Misionera Laica Maryknoll Joanne Miya en un programa para después de la escuela (lea p. 42). “Comencé a aprender sobre la vida de Tanzania, especialmente porque estaba interesada en los niños de la escuela, y estos eran niños de escuela primaria”, dice ella. “Eran niños que eran huérfanos, y también algunos niños VIH positivos”.

El modelo Montessori

Cuando el párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús le pidió que lo ayudara a establecer un preescolar en la parroquia, ella aceptó a regañadientes, con condiciones.

“Le expliqué al párroco que, si me involucraba en un programa, preferiría un modelo como Montessori, un modelo diferente del modelo tradicional de Tanzania. “Usaríamos métodos de aprendizaje positivos. No habría golpes ni palizas, ya que había observado eso en Tanzania. Él aceptó”.

La Hermana Maryknoll Celeste Derr, directora de la preescolar y la escuela Mercy Montessori, ofrece apoyo a los de cientos de niños que asisten a las clases. (Sean Sprague/Tanzania)

Mercy Montessori ahora tiene más de 100 estudiantes en varias clases de preescolar en dos locales y 222 estudiantes en los grados 1° a 7°. (Sean Sprague/Tanzania)

Al estar libres de castigos físicos, los estudiantes de Mercy Montessori School en Tanzania pueden concentrarse en aprender (Sean Sprague/Tanzania)

Desde entonces, el programa ha pasado de ser un preescolar a una escuela primaria hasta el séptimo grado. Este año Mercy graduará a su primera clase de estudiantes, incluidos muchos que comenzaron en el preescolar. La parroquia espera expandir el programa aún más para educar a los estudiantes durante toda la escuela secundaria.

Mercy Montessori ahora tiene más de 100 estudiantes en varias clases de preescolar en dos locales y 222 estudiantes en los grados 1° a 7°. Un preescolar está en el complejo parroquial, donde comenzó, y la escuela preescolar y de primaria, recién construida, está a unos 25 minutos en Igombe, en las afueras rurales de Mwanza, en un terreno que el obispo Jude Thaddaeus Ruwa’ichi le dio a la escuela. Los donantes de las escuelas, incluyendo a los Padres y Hermanos Maryknoll, proporcionaron fondos para dos autobuses para transportar a los estudiantes a la ubicación de Igombe.

“Nuestro modelo es educación segura, ambiente seguro. Trabajando especialmente con niños que son huérfanos, niños con VIH y niños con anemia falciforme. Ellos, especialmente los que tienen células falciformes, si están en un ambiente con tensión y presión, se enferman fácilmente”, dice la misionera.

Si bien la escuela no se limita a alumnos con problemas físicos, emocionales o de aprendizaje, añade, el personal está atento a las necesidades de cada uno y, por lo tanto, Mercy ha atraído a estudiantes cuyos padres se dan cuenta de que sus hijos podrían necesitar atención especial y o un ambiente positivo.

La cultura en Tanzania y el refuerzo positivo

No obstante, lograr ese ambiente positivo de aprendizaje requiere trabajo porque el castigo corporal está arraigado en la cultura y muchas personas lo ven como una parte necesaria de la crianza de los hijos. “No siempre es fácil con nuestros maestros de Tanzania, quienes vieron muchas palizas en sus familias; también es la falta de reconocimiento personal y refuerzo positivo por las cosas buenas que pueden hacer”, dice ella. “Entonces es trabajar con nuestros estudiantes; y con nuestros hermanos y hermanas tanzanos”.

La necesidad del refuerzo positivo va más allá de terminar con los golpes como forma aceptable de castigo. Ella ve una falta de reconocimiento positivo en los comentarios de los padres en las boletas de calificaciones. “Les pedimos que escriban sus comentarios, y ellos escriben: ‘Puedes hacerlo mejor’. ‘Esfuérzate más’”, incluso si el niño tiene As, dice ella. “Tratamos de romper esa idea de tener que ser perfecto”, dice ella. “Aceptar a los niños como son, ayudar a los padres a comprender más sobre la realidad de sus hijos, la realidad de todos nosotros, y tratar de ayudar a los padres a reflexionar sobre su (propio) comportamiento”.

Misionera Laica Guadalupe Petro durante una clase con niños que asisten a escuela Mercy Montessori School en Mwanza, Tanzania. (Sean Sprague/Tanzania)

Guadalupe Petro, una misionera laica Maryknoll que ayudaba a la hermana Derr con tareas administrativas y ayudó a establecer la biblioteca escolar, dice que la cultura puede cambiar. Ella, quien creció en Perú, recuerda  haber sido golpeada por el director por llegar tarde. Hoy, dice ella, la cultura ha cambiado. “Ya no es así”, dice ella.

Perú es uno de 56 países en todo el mundo que ha prohibido el castigo corporal a los niños, incluso en sus hogares, según la Iniciativa Global para Terminar con Todos los Castigos Corporales a los Niños. Ni Tanzania ni Estados Unidos tienen prohibiciones tan claras.

Sé que esto va a cambiar, pero tiene que haber más escuelas, más maestros, más padres; entonces pueden hacerlo”, dice Petro, quien completó su misión y regresó con su familia a Estados Unidos.

La hermana Derr ve que ese cambio ocurre ante sus ojos, incluso si a veces es solo un niño o una familia a la vez.

Afortunadamente para Agness, su madre escuchó a la hermana. La madre de Agness estuvo de acuerdo de inmediato en dejar de golpear a la niña como forma de castigo.

“Los primeros dos años, fue muy difícil para ella salir de sí misma”, dice la hermana Derr sobre Agness, pero hoy la niña está bien, tiene amigos, parece feliz, aprobó sus exámenes nacionales de cuarto grado con B y está en quinto grado en Mercy Montessori.