El Padre Maryknoll Rodrigo Ulloa se encuentra realizando una cuarentena en su habitación en la sede central de Maryknoll, en Ossining, Nueva York.

Sacerdote Maryknoll en riesgo de quedarse varado en Guatemala por restricciones de viaje por el Covid-19, cuenta experiencia de su regreso a Nueva York

La noche del viernes 20 de marzo, tuve que tomar una decisión apresurada, arriesgada y con mucha oración. El presidente de Guatemala Alejandro Giammattei había anunciado, cuatro días antes, el cierre de las fronteras de Guatemala debido a la pandemia del coronavirus. Inmediatamente los aeropuertos, buses, transporte urbano, comerciales y centros turísticos cerraron sus puertas también para prevenir el aumento del contagio. Las noticias en la televisión y en los diarios indicaban que la salida de extranjeros de Guatemala sería casi imposible. Yo estaba en Guatemala, con la incertidumbre de quedarme varado allí por quién sabe cuánto tiempo.

Viajé a Guatemala el 6 de marzo en plan de trabajo, para evaluar la posibilidad de realizar un retiro para el programa de vocaciones de Maryknoll para la Semana Santa del próximo año. Tenía previsto también el bautizo de Emma Mendoza, hija de Alejandra y Germán Mendoza, amigos míos.

Yo nací en Guatemala, pero han pasado 21 años desde que migré a Estados Unidos. Después que el presidente de Estados Unidos dijo que podría cerrar todas las fronteras y aeropuertos y alentó a los ciudadanos estadounidenses que se encontraban en el extranjero a regresar debido a la pandemia, sentí la urgencia de volver «a casa», que para mí es el lugar dónde están mis padres, hermanos y Maryknoll.

Buena señal

Por eso, la noche del 20 de marzo me hice esta pregunta: ¿Cuál es la señal que necesito para tomar una buena decisión?


Unos amigos, la familia Santa Cruz, a quién le agradezco por su fina atención y hospitalidad durante mi estadía en Guatemala, me ayudaron a reconocer la respuesta a mi pregunta, pues en medio de esta situación nos llegaron los rumores que la única frontera abierta con Guatemala era la del sur de México, en Tapachula, pero todo el transporte terrestre estaba cerrado.

De repente, ellos me ofrecieron la posibilidad de viajar en carro hacia esa frontera para hacer un último intento de salir antes de que fuera demasiado tarde.

El Padre Maryknoll Rodrigo Ulloa celebra un bautizo en Ciudad de Guatemala, país en el que se encontraba cuando el gobierno de ese país decidió cerrar sus fronteras debido a la pandemia del Covid-19

Como los tres reyes magos

Y así fue. El sábado en la mañana viajé con dos amigos que también viven en Estados Unidos, Cristian y Brenda, respaldados por el apoyo de la familia Santa Cruz, quienes pagaron a nuestro chofer Rafael, para que nos maneje hacia la frontera de Tapachula. En el carro invocamos la bendición de los tres Reyes Magos haciéndolos nuestros guías y recordamos que ellos, después de visitar el pesebre y conocer a Jesús, María y José, fueron enviados por el ángel del Señor a regresar a casa por un nuevo camino, pues corrían peligro.

La familia Santa Cruz me dijo, “Rodrigo, ésta quizá va a ser la última oportunidad de regresar a casa; tómala, nosotros te apoyamos”. Sin lugar a dudas, esa fue la señal—el sentirme apoyado por una familia—de que yo estaba tomando una buena decisión.

Como sacerdote misionero que ha servido en Nepal y en China, se me vinieron a la mente los momentos en que tuve que cruzar otras fronteras, como la frontera del lenguaje de otro país, la de adaptarse a una nueva cultura, la de emprender camino hacia un lugar desconocido y la de confiar en la estrella en el cielo, como lo hicieron los tres Reyes Magos en su visita al recién nacido Jesús, nuestro salvador.

reservas del corazón

En la vida uno acumula y deposita fuerzas en el corazón, frases de tus abuelitos, eventos que nos reivindicaron, poemas de tu mamá o papá, memorias que nos ayudan a levantarnos de las cenizas. ¡Qué importante es tener esas reservas en nuestro corazón!

El Padre Maryknoll Rodrigo Ulloa y su amigo Cristian cuando cruzan la frontera de Guatemala a México en su largo camino de regreso a Estados Unidos debido a las restricciones causadas por Covid-19.

Para mí la frase que me acompañó viene de la Biblia, “Los Reyes Magos confiaron y se fueron por otro camino”. Los tres reyes magos tuvieron que sentirse apoyados por la sagrada familia al también regresar a casa por otro camino.

de tapachula a nueva york

Eso es exactamente lo que estaba frente a nosotros: regresar a casa por un camino desconocido. Al cruzar la frontera hacia Tapachula, le agradecí a Dios por las bendiciones que recibimos en el camino incluyendo a todas las personas lindas que conocimos en el viaje, como las autoridades de migración del gobierno de México, quienes nos hicieron sentir en casa al cruzar la frontera, sobre todo en estos tiempos en que otras fronteras tienen serias medidas con los extranjeros que llegan de otros lados debido al temor a la enfermedad.

El camino de Ciudad de Guatemala a la frontera con Tapachula duró más de cuatro horas. En el trayecto, por la carretera vi un sinnúmero de anuncios publicitarios de productos de toda índole. Para mi sorpresa, había uno con la representación del pesebre, con Jesús, José y María. Cuando lo vi, le dije a Brenda: “Mira quién está ahí”. Ella vio la imagen y sonriendo me dijo: “Los tres Reyes Magos están con nosotros”.

Ya en Tapachula, la mañana del domingo 22, abordamos un avión hacia la Ciudad de México con conexiones a Atlanta, en Georgia, y Austin, en Texas. Desde Austin, manejamos hacia San Antonio, Texas, y a la mañana siguiente, yo tomé un vuelo a la sede central de Maryknoll en Ossining, Nueva York, a donde llegué por la noche y donde desde entonces me encuentro haciendo cuarentena en mi habitación.

Gracias a Dios tomé una buena decisión y por eso comparto estas palabras con vos para que también te animes a sacar las fuerzas de tu banco, las reservas más preciadas en el depósito de tu corazón y así unirlas para que juntos podamos vencer este virus. Nuestra Señora de Maryknoll, ora por nosotros.