Un grupo de adolescentes y jóvenes adultos del sur de Chicago se reúnen para reflexionar sobre su misión en el mundo. (Octavio Durán / Illinois)

Jóvenes católicos son mentores de adolescentes en Chicago

Un viernes por la noche, el sótano de la parroquia de St. Gall en el sur de Chicago se llena con una docena de adolescentes. Afuera, otros adolescentes que jugaban fútbol dejan de hacerlo para unirse a rezar el rosario frente a una mesa con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

Todos ellos son Guerreros de Paz, un ministerio que brinda a los jóvenes un espacio seguro y acogedor donde puedan crecer en su fe. Reunidos en la parroquia, ellos hablan sobre Isaías y Jeremías, dos profetas que dijeron sí al llamado de Dios.

“Nos reunimos todos los viernes para tratar de inspirar y mover corazones con la gracia de Dios”, dice Alberto Rodríguez, de 25 años, quien ayudó a fundar este ministerio en 2016. “Nuestra visión es inspirar a nuestros jóvenes en el vecindario, para que puedan ser líderes como Cristo y amar como Cristo”.

Durante sus reuniones semanales en St. Gall, una parroquia predominantemente hispana en el vecindario Gage Park, los jóvenes mentores y los adolescentes, de 13 a 17 años, discuten temas que los afectan, como la presión de grupo, la inmigración, los problemas familiares, la tentación de las drogas y la violencia relacionada con pandillas. Las reuniones también se centran en oración, lectura de la Biblia, música y dinámicas que fomentan la unidad. Sobre todo, dicen, es un espacio de encuentro con Jesús.

Durante el Mes Misionero Extraordinario, un grupo de adolescentes y adultos jóvenes se reúne en la parroquia de St. Gall para reflexionar sobre su misión en el mundo de hoy. (Octavio Durán / Illinois)

Los líderes explican que a menudo los jóvenes y adultos jóvenes que viven en estos vecindarios de Chicago carecen de espacios donde puedan expresarse sin sentirse juzgados. Para Jacqueline Pérez, de 20 años, sentirse bienvenida por el grupo y encontrar un sentido de comunidad la salvó. “Cuando era niña, me sentía perdida”, dice ella. “Si no fuera por ellos, ya no podría ser parte de este mundo porque estaba en un lugar muy oscuro. Pero poder aprender acerca de Dios y sentirlo presente en mi vida me ayudó”.

Guerreros de Paz participan en la Carrera Guadalupana 2019. Ellos fueron al Santuario de Nuestra Sra. de Guadalupe en Des Plaines, Illinois, y regresaron corriendo, por cinco horas, a su parroquia de St. Gall en Gage Park, en el sur de Chicago. (Alberto Rodríguez / Illinois)

Janet Morado participa en una marcha por la paz en el barrio de Gage Park. Luego, ella presentó una reflexión sobre la no violencia y sobre la necesidad de estar unidos como comunidad. (Brian Treviño/Illinois)

Los Guerreros de Paz participaron en una marcha por la paz en el 2018, llevando una pancarta que dice “Encontré Paz en tu violencia”. (Brian Treviño/Illinois)

“En un mundo que quizá solo vea un sótano con adolescentes pasando el tiempo, yo veo un sótano lleno de esperanza”, dice Marie N. Ramírez, de 30 años, otra líder de Guerreros de Paz. “Con los jóvenes no se pierde el tiempo; siempre estás sembrando una semilla. Les hacemos saber que tienen dignidad, que son respetados, amados y vistos por Dios”.

En octubre del 2019, los jóvenes líderes eligieron “la misión” como tema mensual para alentar a los adolescentes a reflexionar sobre su vocación y dar el primer paso en su camino misionero. “Estamos preparando a nuestra juventud con una serie de tres partes: el llamado, la respuesta y el envío”, explica Daniella Cruz, de 19 años.

“Los jóvenes quieren ser parte de un cambio social, un impacto social. Quieren hacer una diferencia y servir a los demás”, dice Jorge Rivera, un educador misionero Maryknoll que busca promover una cultura de misión entre los jóvenes de 29 diócesis en el oeste medio de Estados Unidos. Fue uno de los invitados a las reuniones de Guerreros de Paz en octubre. “Una de sus mayores necesidades es que se sientan parte de la Iglesia”, donde pueden servir, dirigir y formar comunidades centradas en Cristo, agrega Rivera.

Antes de la reunión de octubre, Daniella Cruz y otros líderes jóvenes, que se autodenominan “servidores”, se reunieron para garantizar que los jóvenes más jóvenes puedan encontrar el llamado de Dios en medio de sus luchas. “Sin voluntarios, (Guerreros de Paz) no sería posible”, dice Rodríguez, estudiante universitario a tiempo completo y coordinador comunitario en Sinai Health Systems en Chicago.

A pesar de tener trabajos como maestros, consejeros y estudiantes, los jóvenes adultos dedicaron tiempo una noche para resolver los detalles de su próxima reunión. Ellos eligieron historias bíblicas, juegos y una actividad de oración, donde los líderes compartirían sus historias de vocación.

“Las experiencias [y luchas] que han tenido en su vida, los pueden empoderar para crear el Reino de Dios”, dice Rodríguez. “No importa la historia que han tenido, su propio pasado, o presente, los puede ayudar a ser líderes, a ser discípulos misioneros”.

Ese respeto por las experiencias de los adolescentes encapsula el espíritu de Guerreros de Paz. El respeto, combinado con la fe y la determinación de ayudarlos a crecer en su comprensión del amor de Dios, es lo que crea un sentido de comunidad.

“Los niños o adolescentes pueden sentir que nadie puede entenderlos, pero aquí pueden ser entendidos”, dice Richard Magaña, de 17 años.

Miembros y líderes de Warriors of Peace se reúnen en una casa antes de su «Carrera Guadalupana» anual, una carrera en honor de Nuestra Señora de Guadalupe. (Alberto Rodríguez / Illinois)

Hace dos años, Michelle Enríquez, de 17 años, asistía a las reuniones de Guerreros de Paz de mala gana, dice, porque estaba pasando por un mal momento en su casa. Pero hablando con los servidores y sus compañeros, se dio cuenta de que no estaba sola. “Comencé a confiar lentamente en ellos porque siempre estaban ahí para mí”, dice Enríquez, y agrega que sus compañeros mantuvieron en confidencia lo que compartía. Le muestran el amor de Dios a través de sus acciones, agrega. “Siento que Guerreros de Paz es mi segundo hogar. Si no viniera aquí, no estaría en el camino correcto y no estaría creciendo como persona”.

Fátima Carrillo (al centro), una líder de Guerreros de Paz, habla con adolescentes un viernes. (Octavio Durán / Illinois)

En el mes de Octubre del 2019, un grupo de adultos jóvenes líderes de Guerreros de Paz pasaron una tarde planeando cómo hablar con los adolescentes sobre cómo responder al llamado de Dios. (Maria-Pia Negro Chin / Estados Unidos)

Adolescentes y jóvenes adultos participan en una dinámica durante la reunión semanal del grupo Guerreros de Paz en la parroquia de St. Gall. (Octavio Durán / Illinois)

Guerreros de Paz también se enfrenta a la violencia en la comunidad. Los jóvenes adultos de St. Gall trabajaron con parroquias vecinas para organizar marchas de paz en honor de un compañero de clase asesinado por la violencia armada en 2017. “Fue una persona amable y genuina que nos inspiró a hacer lo que hacemos: traer más jóvenes más cerca de Dios y su propósito y vocación”, dice Rodríguez.

Durante la reunión del viernes, Rodríguez habló de su llamado, explicando que sus padres emigraron de México en 1993 y fueron a Chicago, donde trabajaron por primera vez en una fábrica. Vivieron en La Villita (Little Village) en South Lawndale durante 11 años, en un momento en que las pandillas luchaban por el territorio. Su padre más tarde trabajó en un taller mecánico y finalmente pudo abrir su propio taller. “En 25 años, nunca pasé hambre por el arduo trabajo de mi padre”, dijo Rodríguez a los adolescentes en St. Gall. “¿Cómo no ser valiente para decir sí al llamado de Dios, si he visto lo peor de lo peor en la vida y, sin embargo, tenemos tantas bendiciones?”

Escuchar a los jóvenes adultos compartir sus testimonios animó a los adolescentes. “El tema de esta noche fue muy inspirador porque nos dijeron que no solo estuviéramos preparados, sino que fuéramos valientes para recibir la misión de Dios”, dice George Álvarez, de 16 años. “Siento que Dios me ha estado llamando para ayudar no solo a la comunidad sino en mi propia casa”.

Celena García Ávalos, de 13 años, dice que reflexionar sobre cómo reaccionaron los profetas Jeremías e Isaías al llamado de Dios fue revelador. “Uno todavía dudaba y pensaba que era demasiado joven, mientras que el otro dijo ‘envíame’”, explica. “Todos pueden responder de diferentes maneras y en diferentes momentos”.

La oración es componente clave para el grupo Guerreros de Paz que se reúne cada viernes en el sótano de la parroquia de St. Gall en Chicago. (Octavio Durán / Illinois)

Juan Pablo Padilla, el coordinador de Pastoral Juvenil Hispana y el Ministerio de Jóvenes y Jóvenes Adultos de la Arquidiócesis de Chicago, dice que los jóvenes buscan mentores, apoyo y confianza para lograr lo mejor en sus habilidades de liderazgo. Él y Rivera acompañan a los jóvenes, ofreciendo orientación para que puedan satisfacer sus necesidades.

“Nuestra principal responsabilidad es la formación”, dice Padilla. “Estamos ayudando a preparar a nuestros líderes, nuestros ministros de jóvenes adultos, ministros de jóvenes para que sean agentes y líderes pastorales”.

Después de la última reunión de octubre, los adolescentes fueron enviados a servir a otros. Esa noche, los Guerreros de Paz se acercaron a los custodios en la parroquia de St. Gall y ofrecieron limpiar la iglesia. Más tarde, 20 adolescentes recorrieron Chicago para repartir comida a las personas sin hogar. “Estamos buscando hacer cosas que requieran que salgamos de nuestra zona de confort”, dice la feligresa de St. Gall, María Tatiana Aranda, de 26 años, una líder que a través del voluntariado encontró su propósito y ahora trabaja en la oficina de compromiso de los jóvenes adultos de la Arquidiócesis.

Ministerios como Guerreros de Paz importan, dice Rivera. “Estos jóvenes traen un gran regalo a la Iglesia y a la sociedad”, dice. Con el acompañamiento y el apoyo de la arquidiócesis, él cree que pueden ayudar a la Iglesia en posiciones de liderazgo.