El Diácono Gregory McPhee espera lleno de júbilo su ordenación como sacerdote Maryknoll en junio. (Octavio Durán/Illinois)

UN HOMBRE DE NUEVA YORK ABANDONA SU CARRERA DE ABOGADO PARA CONVERTIRSE EN SACERDOTE MARYKNOLL 

Gregory McPhee disfrutaba su trabajo como abogado defensor penal en Syracuse, Nueva York. “Me gustaba ir a la corte, litigar, discutir y pensar de pie”, dice. Pero mientras trabajaba duro para equilibrar la balanza de la justicia del lado del acusado, sabía en el fondo que algo faltaba. “Simplemente sentí que realmente no estaba ayudando a las personas en la forma en que necesitaban ayuda”, dice McPhee, explicando que se concentraba más en lograr que las personas fueran absueltas que en cambiar sus vidas.

Luego, el Espíritu Santo intervino, dice, y lo guió por el camino del sacerdocio misionero y la posibilidad de acompañar a las personas más vulnerables del mundo en su búsqueda del amor y la luz de Dios. Para hacer eso, será ordenado sacerdote de Maryknoll, el 6 de junio. (Nota Editorial: La ordenación del diácono McPhee fue  pospuesta debido a las medidas de distanciamiento social implementadas para prevenir la propagación de COVID-19. La nueva fecha de la ordenación es el 22 de agosto, 2020.)

El viaje ha sido bastante tortuoso para el abogado atlético y de cabello rubio rojizo, que cumplirá 50 años en mayo. Nacido en Florida, se mudó con sus padres al norte de Nueva York cuando tenía 2 años. La familia continuó mudándose a menudo, dice, ya que su padre, Gerard, asistió a la escuela de medicina para convertirse en oncólogo radiólogo y su madre, Carol, realizó estudios de posgrado como profesora de ciencias políticas. “Fui a cuatro escuelas diferentes antes del quinto grado”, dice McPhee, que tiene una hermana y dos hermanos menores. Finalmente, los McPhees se establecieron en Syracuse, la ciudad que ahora llama hogar.

Después de recibir su doble licenciatura en política y economía de la Universidad de California en Santa Cruz, McPhee asistió a St. John’s College, una universidad laica con campus en Santa Fe, Nuevo México, y Annapolis, Maryland. Estudió en ambos campus, obtuvo una maestría en artes liberales en el programa Great Books, un plan de estudios que se abstiene de los libros de texto en favor de leer y discutir las grandes obras literarias de la civilización occidental. “Me encantó aprender y compartir nuevas ideas”, dice McPhee, quien en medio de sus estudios obtuvo su licencia de piloto. “Entonces sentí que necesitaba hacer algo más práctico con la gente”.

Decidió obtener un título de abogado en la Universidad de California Berkeley. “Mi motivación fue ayudar a las personas y ser su defensor”, dice, pero admite que fue alimentado por preocupaciones humanitarias más que por motivos religiosos. “Los valores católicos me fueron inculcados como parte de mi familia”, dice. “Creía en Dios y siempre tuve una perspectiva católica. Pero había dejado de ir a la iglesia. Me había vuelto muy secular y enfocado en las cosas de este mundo”.

Una profunda experiencia espiritual cambió todo para el joven abogado. “Había seguido mi propio camino”, dice, “y luego Dios estaba allí para recibirme cuando regresé, con todo ese amor y perdón que me ayudó a sanar y cambiar, cambiar en el sentido de encontrarme en Dios”.

Su respuesta fue involucrarse en el servicio en su comunidad: construir casas para los pobres con Habitat for Humanity, ser voluntario con personas sin hogar y llevar la Comunión a las personas confinadas en sus hogares. Renunció a su práctica legal y comenzó a enseñar a paralegales.

De niño, al ahora Diácono Gregory McPhee le encantaba jugar trepando el pasamanos.

El diácono McPhee reza en la Casa de Formación Maryknoll en Chicago. (Octavio Durán/Illinois)

Al mismo tiempo, su vida de oración se profundizó y buscó dirección espiritual del difunto Padre Jesuita George Coyne, que enseñaba en el Le Moyne College en Syracuse, después de dejar su puesto como director del Observatorio Vaticano, la institución de investigación y educación astronómica de la Santa Sede. El padre Coyne ayudó a McPhee a discernir su llamado a la misión en el extranjero, y el joven contactó a los Padres y Hermanos Maryknoll. “Me sentí como en familia cuando los visité”, recuerda McPhee. “Me enviaron a Bolivia durante cuatro meses y medio para recibir capacitación en idiomas”. Disfruté no solo de aprender español, sino también de probar otra cultura. “Eso confirmó mi llamado a Maryknoll y la misión”, dice. Fue aceptado en la Sociedad Maryknoll como candidato al sacerdocio en 2012 y se unió a otros candidatos que se preparaban para la misión en la casa de formación de Maryknoll en Chicago.

El padre Maryknoll John Waldrep, párroco de la parroquia St. Thérèse of the Child Jesus en Dar es Salaam,Tanzania, fue el mentor de Greg McPhee durante su entrenamiento en el extranjero. (Sean Prague/Tanzania)

Durante su entrenamiento misionero en el extranjero, en Tanzania, Gregory McPhee visitó una escuela en Sudán del Sur. (Foto cortesía de Greg McPhee/Sudán del Sur)

Greg McPhee, durante su entrenamiento en el extranjero en Tanzania, celebró la renovación de sus votos temporales con Maryknoll usando ropa tradicional de la tribu Maasai. (Cortesía de Greg McPhee/Tanzania)

Sus dos años de entrenamiento en el extranjero en Tanzania, dice, no solo solidificaron su vocación, sino que profundizaron aún más su vida espiritual. “La gente me enseñó, porque eran como Cristo en su compasión y aceptación de mí”, dice. Su paciencia, mientras luchaba inicialmente al aprender su idioma swahili, lo ayudó a aceptarse a sí mismo y a tener más fe en Dios, como lo hacen ellos.

“Todo el mundo parece creer en Dios”, continúa, “y viven eso en su generosidad hacia los demás”. Cita el ejemplo de niños que conoció en las clínicas, que compartían el único dulce que les había dado con otro niño, a pesar de que ellos mismos no tenían nada. “Me enseñaron a ser como un niño pequeño ante Cristo y a regocijarme en las pequeñas cosas de la vida”, dice McPhee.

Él elogia al Padre Maryknoll John Waldrep, pastor de la parroquia St. Thérèse of the Child Jesus en Dar es Salaam, donde McPhee trabajó durante su entrenamiento en el extranjero. “No es tan crítico”, dice McPhee de su mentor. “Me ayudó a conectarme con la gente”.

Conectarse con las personas incluía realizar estudios bíblicos, capacitación catequética y visitar a los enfermos. “Estar en los hogares de las personas me abrió a su forma de vida”, dice. “La muerte es parte de la vida allí”. Él recuerda haber visitado a una mujer para consolarla por la muerte de su hija, solo para enterarse de que también acababa de perder a su nieta. “A menudo es una tragedia”, dice, “pero las personas son resistentes y uno se queda con ellas en ese espacio emocional”.

De regreso en Chicago, para su año de formación antes de la ordenación, McPhee ayudó como diácono en la parroquia de St. Ita con las misas dominicales, administrando los sacramentos y con el programa RICA. También dio clases particulares de inglés a estudiantes de África Oriental mientras cursó estudios de asesoramiento pastoral en la Universidad de Loyola Chicago.

Gregory McPhee, como seminarista, después de una misa dominical en la Iglesia St. Ita en Chicago, Illinois. (Cortesía de Greg McPhee/Illinois)

Después de la ordenación, será asignado a la región de América Latina y comenzará su vida como sacerdote Maryknoll en Bolivia. No está seguro de qué forma tomará su ministerio, pero está seguro de su dirección. “Quiero ser Cristo para los que más lo necesitan… para ver la bondad que tienen y que otros no puedan ver… y para ayudar a construir una comunidad juntos como los discípulos originales”.

Todavía quiere ser un defensor de los que están en problemas, y con la guía del Espíritu Santo, dice, espera “ayudar a las personas a transformarse internamente mientras continúo mi propia transformación”.