Dos jóvenes que escaparon violencia de género en sus hogares encontraron refugio en un albergue diocesano en Musoma, Tanzania. (Sean Sprague/Tanzania)

DIÓCESIS CATÓLICA EN TANZANIA PROTEGE A LAS NIÑAS CONTRA EL ABUSO 

Cuando tenía sólo 8 años de edad, Ghati fue vendida por su hermano mayor a un hombre de 55 años de edad, quien puso a la niña huérfana en su motocicleta y se la llevó a su casa cerca de Musoma, Tanzania. Allí el hombre la violó.

Después de dos semanas de agresiones diarias, Ghati escapó cuando el hombre estaba fuera trabajando en el campo. En el camino hacia el pueblo local, se encontró con una mujer y le pidió ayuda. La mujer, que tenía formación jurídica, aconsejó a Ghati que volviera a la casa y espere hasta que ella vaya a buscarla esa noche. La mujer llegó, junto con la policía, y enfrentó al hombre. “Oh, no”, dijo el hombre. “Ella es empleada de mi casa”.

“Pero me dices que soy tu esposa”, dijo Ghati. El hombre fue detenido y eventualmente condenado a prisión.

Ghati, un nombre ficticio para proteger su identidad, fue llevada a la ciudad de Musoma, en la orilla del Lago Victoria, y colocada en un refugio bajo el cuidado de las Hermanas del Inmaculado Corazón de África.

“Lo que hace el centro es apoyar a los niños vulnerables”, dice la Hermana Annunciata Chacha, directora del refugio llamado Jipe Moyo, un término swahili que significa: dar corazón. Jipe Moyo, un programa de la Diócesis de Musoma, cuida a los niños que han estado viviendo en la calle, niños que huyen de la violencia doméstica, niñas que huyen de la mutilación genital femenina (MGF), a veces llamada circuncisión femenina, y niñas que escapan de matrimonios infantiles.

“Los traen aquí a Jipe Moyo”, dice la hermana Chacha. En el centro, los niños reciben atención, asesoramiento y educación. “Ofrecemos alojamiento, material escolar, alimentos, medicinas, ropa, zapatos, todo”.

Jipe Moyo da refugio a 70 menores de edad, la mayoría de los cuales son niñas, algunos de tan sólo 2 años de edad que han quedado huérfanos o abandonados. Una niña de 5 años de edad, fue encontrada durmiendo en un vertedero de basura después de haber sido expulsada de su casa por su madrastra. Más de una docena de niños en el centro fueron rescatados de las calles. Jipe Moyo también ayuda a más de 50 niños de la zona que están en escuelas de internado. Unos pocos han llegado a la universidad.

Misionera Laica Maryknoll Elizabeth “Liz” Mach saluda a niños y niñas en el refugio de Jipe Moyo en Tanzania. (Sean Sprague/Tanzania)

La ubicación del centro junto al lago en el centro norte de la ciudad no es ninguna coincidencia. La región de Mara en Tanzania, de la cual Musoma es la capital, tiene una de las tasas más altas de matrimonio infantil y mutilación genital femenina de ese país, a pesar de que ambos son técnicamente ilegales en Tanzania.

En la Región de Mara, el 55% de los matrimonios incluyen a menores de la edad legal de 18 años, muchos de los cuales son niñas tan jóvenes como de 12 o 13 años, dice Elizabeth Mach, una misionera laica Maryknoll que trabaja como asistente del director de la Oficina de Planificación y Desarrollo para la Diócesis de Musoma. Esa cifra se compara con el 37% de los matrimonios de menores de edad a nivel nacional. Al mismo tiempo, el 44% de las niñas en la región de Mara están sometidas a la mutilación genital, en comparación con el 15% a nivel nacional, dice Mach.

“Así que tenemos matrimonios infantiles, tenemos abuso doméstico, niños que huyen de la MGF y tráfico de niños, lo tenemos todo y todo está bajo ese gran tema de la violencia de género”, dice Mach, una enfermera que ha pasado 44 años en África Oriental con los Misioneros Laicos Maryknoll. Gran parte de su trabajo, sobre todo en la última década, se centra en ayudar a las mujeres y la lucha contra la violencia de género.

Jipe Moyo da refugio a 70 menores de edad, la mayoría de los cuales son niñas, algunos de tan sólo 2 años de edad que han quedado huérfanos o abandonados. (Sean Sprague/Tanzania)

Mach anota que parte de la razón de la alta tasa de mutilación genital femenina y de matrimonios de niños en la región de Mara es étnica y cultural: el grupo étnico dominante en la zona, el pueblo Kuria, ha practicado tradicionalmente la MGF como un rito de transición para las niñas; haciéndolas elegibles para el matrimonio. Esto lleva a los matrimonios tempranos y a que niñas de tan sólo 12 queden embarazadas. Eso da como resultado una alta tasa de mortalidad para estas aspirantes a madres. Para las sobrevivientes, puede significar dolorosos problemas de salud a largo plazo y potencialmente peligrosos para la vida. “Físicamente, sus cuerpos no están preparados para el embarazo”, dice ella.

Entre otros grupos étnicos en Tanzania, como los Luo y los pueblos Mkwaya, la práctica de la circuncisión no es parte de su cultura, dice ella. “No dan MGF, pero el abuso de las niñas y el uso de las niñas para una vida sexual es muy, muy alto”, dice ella.

Sin embargo, la violencia de género, sobre todo contra las mujeres en diversas formas no se limita a Tanzania o el Este de África, dice Mach. Se produce en todo el mundo, incluso en Estados Unidos, donde el matrimonio de menores sigue siendo un problema. De acuerdo con un informe de PBS Frontline en el 2017, que examinó los registros de matrimonio de los estados entre 2000 y 2015, a niños tan jóvenes como de 12 o 13 años se les había permitido casarse en varios estados de Estados Unidos. Y la Organización Mundial de la Salud estima que anualmente 3 millones de niñas de todo el mundo se enfrentan a la mutilación genital en 30 países diferentes.

Residentes del refugio Jipe Moyo trabajan el huerto que ayuda a alimentar a 70 niños y jóvenes vulnerables, mayormente niñas en peligro de experimentar violencia de género. ((Sean Sprague/Tanzania)

En Jipe Moyo, Mwita de 17 años de edad, dice que escapó de su casa para evitar la mutilación femenina, que su padrastro insistía en someterla. “Mi madre no quería que pase por esa etapa, pero la tribu dice que cada niña debe pasar esa etapa”, dice Mwita. “Así que cuando le dije a mi madre que no lo haría, ella se negó a escucharme, porque sabía que sería golpeada o incluso divorciada”.

Angustiada ante la perspectiva de ser cortada, Mwita confió su situación a la directora de la escuela, quien con la trabajadora social de la escuela llevó a la niña a Jipe Moyo. Hoy en día, Mwita continúa sus estudios y espera convertirse en una doctora. Su madre la visita de vez en cuando, pero sólo en secreto por temor a ser golpeada por su marido. Mwita no tiene contacto con el resto de su familia.

Incluso en familias donde la madre o el padre se oponen a que sus hijas sean cortadas, los padres pueden ser anulados por otros varones en la familia como un abuelo o un tío en estos asuntos, dice Mach. Ella cita el caso de tres niñas cuyos padres las llevaron a Jipe Moyo. “Tenían 6, 7 y 9 en ese momento, y las trajeron a nosotros en busca de protección porque el padre dijo, ‘yo no puedo hacerlo, no puedo proteger a mis hijas’”.

Con su labor en la diócesis, Liz Mach (al centro) apoya a un refugio bajo el cuidado de las Hermanas del Inmaculado Corazón de África que cuida a niños y niñas vulnerables y protege a niñas de sufrir violencia de género. (Sean Sprague/Tanzania)

Mach da crédito al Obispo de Musoma Michael Msonganzila por dirigir los esfuerzos para contrarrestar la MGF en la zona. “Cuando recién fue  instalado como obispo en 2008, tomó una postura en contra de la mutilación genital femenina”, dice ella. El obispo pidió a los ancianos en la región poner fin a la MGF e inauguró campos de rescate para impedir que las niñas sean cortadas, mientras estaban en casa durante las vacaciones de la escuela en noviembre y diciembre.

El primer campamento de rescate en el 2008 tenía 53 niñas, dice Mach. En diciembre del 2019, habían más de 600 menores bajo protección. La asistencia en los campamentos es una señal de progreso en el tema de la MGF. “Las llevan sus propios padres”, dice.

La hermana Chacha dice que a pesar de los horrores que los niños de Jipe Moyo han escapado, la situación está mejorando lentamente en la zona, en parte debido a los esfuerzos de educación de la Diócesis de Musoma. Esto incluye la educación de los estudiantes y profesores a través de seminarios y talleres de extensión para los líderes del pueblo y de la comunidad.

Mach, que está escribiendo un libro sobre la violencia de género, basado en su experiencia en el este de África, ahora dice que su papel es principalmente administrativo, redacción de propuestas de subvención y apoyar el trabajo de las hermanas y la diócesis.

“Ellos están administrando todos los programas”, dice ella. “Es el obispo. Son nuestros sacerdotes. Tenemos algunos estupendos sacerdotes jóvenes. Tenemos algunas estupendas hermanas jóvenes. Tenemos algunas estupendas mujeres jóvenes que están trabajando en nuestros proyectos”.

Pero, Mach dice que cree que el mayor crédito realmente le pertenece a las jóvenes valientes, como Mwita y Ghati que se ponen de pie para decir “no” a la MGF y al matrimonio de niños.

“Estas chicas están de pie y van en contra de sus padres, en contra de su cultura. Ellas son las valientes”, dice. “No seríamos capaces de hacer cualquier avance si no fuera por ellas”.