Hermano Joseph Bruener: Al Servicio de Dios
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El Hermano Maryknoll Joseph Bruener, de Port Edwards, Wisconsin, ha servido a la Iglesia con Maryknoll durante 27 años. (Nile Sprague/Hong Kong)

Un hermano Maryknoll enseña que la dignidad proviene del amor de Dios

E l Hermano Maryknoll Joseph Bruener ha encontrado una forma única de compartir el amor de Dios con sus estudiantes de inglés en el norte de China.

Les da papel para escribir cosas positivas sobre cada uno de sus compañeros. “Al final, tienen 24 afirmaciones (sobre ellos mismos)”, dice, y agrega que la mayoría de los estudiantes universitarios agradecen tener la oportunidad de decir algo constructivo sobre sus compañeros.

Se trata de resaltar que todos merecen amor, dice él, “pero no todos tienen padres que los amen, así que están viviendo sin eso”.

El misionero de 62 años de Port Edwards, Wisconsin, dice que el amor y el apoyo que sus padres le dieron a él y a sus cuatro hermanos fomentaron su desarrollo espiritual. “Parte del por qué soy un hermano es el compartir el amor que me dieron”, dice.

Leer la revista Maryknoll y la educación que recibió de las Hermanas Franciscanas de la Penitencia y de la Caridad Cristiana encendieron el amor por la misión que el hermano Bruener tiene. Él fue vicepresidente de un club misionero en su escuela secundaria y ayudó a crear conciencia sobre la misión de las hermanas en Taiwán.

Su interés misionero lo llevó a un retiro con Maryknoll en Guatemala en 1977, cuando era estudiante en la Universidad de Wisconsin-Stevens Point, con especialización en inglés y teatro para la enseñanza secundaria.

El Hermano Maryknoll Wayne Fitzpatrick, quien ayudó a organizar el retiro, recuerda que el joven Bruener tenía una vida de oración fuerte, la capacidad de formar amistades y un constructivo sentido del humor. “Descubrí que Joe era alguien que no tenía miedo de involucrarse, hacer preguntas, salir de su zona de confort y conocer a la gente”, recuerda Fitzpatrick. “Creo que era el maestro en él”.

Durante su estadía con el Padre Maryknoll Carroll Quinn en Huehuetenango, Bruener asistió a una Primera Comunión. Recuerda a las tres niñas vestidas de blanco que iban a recibir el sacramento quienes parecían ángeles en medio de la humilde capilla con suelo de tierra. “La Iglesia Católica le da a las personas dignidad humana, no importa cuán pobres sean sus circunstancias”, pensó.

 

El hermano Bruener reza junto con estudiantes en Hong Kong durante una celebración en honor a la Virgen María en mayo de 2018. (Nile Sprague/Hong Kong)

Aunque se sintió llamado a la vida religiosa, Bruener pospuso su respuesta hasta que se graduó de la universidad en 1981. Tuvo diferentes trabajos, incluyendo trabajar como actor en Los Ángeles; en el aserradero de su padre en Wisconsin y como profesor en las escuelas públicas de Milwaukee.

En 1989, se unió a los Hermanos Cristianos de San Juan Bautista de La Salle. “Nunca me sentí llamado a ser sacerdote, a celebrar los sacramentos, pero quería estar al servicio de la Iglesia de otras maneras”, dice.

Dos años más tarde, cuando se dio cuenta que tampoco estaba llamado a ser un docente en Estados Unidos, recordó su amor inicial por la misión en el extranjero. Se transfirió a la Sociedad Maryknoll e hizo su primer juramento como hermano Maryknoll en 1993.

Asistió a una escuela de idiomas en Cochabamba, Bolivia, y se formó en Curicó, Chile, y en Moho, Perú, y prestó su juramento perpetuo en 1998.

Luego, su enfoque cambió hacia Asia. Estudió chino mandarín en la escuela de idiomas Maryknoll en Taichung, Taiwán.

El hermano Bruener llegó a Jilin, al norte de China, en 1999, y por años enseñó inglés en Beihua, que en ese entonces era la universidad de maestros en Jilin, y en la escuela de electricidad de la ciudad. Regresó a Estados Unidos para trabajar en el ministerio vocacional y, más tarde, en el equipo de formación inicial, para guiar a nuevos misioneros, en Chicago. Después de un año al cuidado de su anciana madre, fue reasignado a China en 2014, donde continuó enseñando inglés en la Universidad de Beihua y en el seminario local en Jilin.

Durante dos años, el hermano Bruener apoyó los departamentos de inglés en dos escuelas secundarias Maryknoll en Hong Kong, ayudando a los estudiantes a practicar ese idioma. (Nile Sprague/Hong Kong)

Durante dos años, el hermano Bruener apoyó los departamentos de inglés en dos escuelas secundarias Maryknoll en Hong Kong, ayudando a los estudiantes a practicar ese idioma. (Nile Sprague/Hong Kong)

“Joe es extremadamente apasionado por su ministerio. Trabaja muy duro y se toma muy en serio lo que se le pide”, dice el hermano Fitzpatrick. “Ha sido muy consistente en vivir su vida con características del Evangelio, con valores humanos. Ya sea en China o Chicago, donde sea que esté, vive de una manera muy devota”.

El hermano Bruener reconoce que la confianza que las personas tienen en los misioneros es una gran responsabilidad—algo para lo que el humilde hermano a veces se siente inadecuado. “Al querer compartir el amor de Dios con las personas, uno se da cuenta que tiene que confiar en el Espíritu Santo”, dice.

En 2018, Bruener se mudó a Hong Kong, donde se desempeñó como ministro de jóvenes y capellán en la Escuela Maryknoll Fathers and Brothers y la Escuela Secundaria Maryknoll. También ayudó a los estudiantes a practicar inglés, una de las materias en las que ellos deben sobresalir para ingresar a la universidad. “Tienen muchas cosas que hacer al mismo tiempo y están abrumados”, dice de los adolescentes que conoció. “(La fe) tiene que ser una invitación, no solo otra tarea para ellos”.

En febrero, mientras las escuelas de Hong Kong pasaron al aprendizaje en línea, el hermano Bruener comenzó a enseñar en línea para Beihua. La universidad china lo había invitado a volver a enseñar poesía e inglés para negocios. Espera volver a dar clases en las aulas pronto, pero por ahora el misionero y sus alumnos han aprendido a ser pacientes. “China es un país muy montañoso, por lo que a veces las conexiones (de Internet) van y vienen”, explica. “Alrededor del 25-30 % de los estudiantes que estudian en casa están esparcidos por todo el país. Muchos de ellos no tenían una computadora en casa y usaban su teléfono, por lo que fue un desafío para ellos participar en la clase”.

 

Pero los altibajos de su nueva tarea no van a disuadir a este maestro que busca lo mejor para sus alumnos. Agrega que la oración constante lo ayuda a ser “una fuerza para el bien” y una persona positiva.

Sus 27 años sirviendo a la Iglesia como hermano Maryknoll lo han transformado, dice. Está continuamente inspirado por el trabajo de los hermanos Maryknoll, que se esfuerzan por usar los dones que Dios les dio en áreas como atención médica, asesoramiento pastoral, educación, agricultura o dirección espiritual.

El hermano Bruener les dice a los hombres que sientan la invitación a ser hermanos Maryknoll que llamen al director de vocaciones. “Se necesita mucho coraje para hacer ese contacto inicial”, dice. “Pero no se arrepentirán de haber hecho la llamada”.

Joseph Bruener asistió a una escuela de idiomas en Cochabamba, Bolivia, y se formó en Curicó, Chile, y en Moho, Perú, y prestó su juramento perpetuo en 1998. En esta foto de archivo el está en el altiplano de Perú. (Maryknoll Mission Archives)
Joseph Bruener asistió a una escuela de idiomas en Cochabamba, Bolivia, y se formó en Curicó, Chile, y en Moho, Perú, y prestó su juramento perpetuo en 1998.
En esta foto de archivo el está en el altiplano de Perú. (Maryknoll Mission Archives)

About the author

Maria-Pia Negro Chin

Nació y creció en Lima, Perú. Completó una maestría en periodismo con especialización en multimedia en la Universidad de Maryland y una licenciatura en comunicaciones en La Universidad de Loyola en Maryland. Como directora asociada, ella escribe, edita y traduce artículos para las revistas MISIONEROS y MARYKNOLL de los Padres y Hermanos Maryknoll. Su trabajo ha sido premiado por la Asociación de Prensa Católica de Estados Unidos y Canadá. Vive en Nueva York, Estados Unidos, con su esposo e hijo.

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