Director de misiones pontificias para El Salvador muere de COVID-19

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Por Rhina Guidos, Catholic News Service

SOYAPANGO, El Salvador (CNS) — La casulla y la estola del sacerdote iban pegadas al ataúd cubierto con plástico mientras cuatro hombres con trajes sanitarios lo levantaban hacia su viaje final el 11 de mayo, a través de las puertas de la iglesia que había sido su hogar durante 34 años.

En la iglesia católica que lleva el nombre de San Antonio de Padua en Soyapango, en El Salvador, el padre Estefan Turcios, de 70 años, pastoreó a generaciones de salvadoreños de clase obrera.

Durante el conflicto armado en El Salvador, en la década de 1980, con una bandera blanca colgando de su pickup, salía a repartir comida y comunión a su rebaño.

«Dijo que tenía que darles de comer, así en medio de las balas», dijo Angelita Molina, ama de llaves en la casa parroquial.

En ese entonces, a pesar de que había sido torturado por soldados, se enfrentó a ellos cuando una estatua de un santo popular para sus feligreses desapareció después de que militares ocuparon la iglesia.

Recuperó la estatua.

Pero fue el coronavirus, lo que acabó con la vida del querido pastor el 8 de mayo.

El padre Estefan Turcios bendice a un niño el 7 de mayo de 2017, después de bautismos en la parroquia de San Antonio, Soyapango, El Salvador. El querido pastor, quien también fue director de la oficina de derechos humanos para la Arquidiócesis de San Salvador, murió el 8 de mayo de 2021, uno de los más de 2,000 salvadoreños que han muerto de COVID-19, según datos del gobierno. (Foto CNS/Rhina Guidos)

El padre Estefan Turcios bendice a un niño el 7 de mayo de 2017, después de bautismos en la parroquia de San Antonio, Soyapango, El Salvador.  (Foto CNS/Rhina Guidos)

«Te queremos, Padre Estefan», gritó una mujer desde una multitud de feligreses y amigos que se reunieron el 11 de mayo para animar su última entrada a la iglesia. Esta vez, sin embargo, las puertas que siempre daban la bienvenida a la entrada se cerraron para evitar la multitud.

El Ministerio de Salud del país tuvo que aprobar el entierro, y solo a un sacerdote con traje sanitario y la cabeza cubierta se le permitió estar cerca para ofrecer un responso antes del entierro debajo de los pies de una imagen del Cristo Negro de Esquipulas.

Igual que a las personas que pastoreaba, el padre Turcios había estado rodeado por la muerte, ya sea por la guerra o por la violencia de las pandillas por décadas. Criticó ambos tipos de agresión, lo que había producido una fuga de su comunidad cristiana que salía de su país en busca de un futuro mejor en EE.UU. o Europa.

En las afueras de la iglesia en Soyapango, los feligreses llenaron una pizarra con fotos de ellos con su pastor, en salidas en familia, bautismos, matrimonios y durante las procesiones que tanto amaba.

En octubre del 2020, el padre Turcios dijo que decidió dejar de contar cuántas personas de su parroquia habían muerto de COVID-19 porque le causaba dolor, pero un mes después, durante la celebración del Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos, él hizo que feligreses llevaran en una procesión fotos de miembros de la comunidad que murieron.

Aunque su principal cargo era atender su parroquia, también era el encargado del departamento de evangelización para la Arquidiócesis de San Salvador, vicario episcopal de la misión permanente para la arquidiócesis, así como el director de la oficina de derechos humanos y asesor del arzobispo.

Los feligreses y amigos del padre Estefan Turcios, jefe de las sociedades misioneras pontificias de El Salvador, se reúnen para orar junto a su tumba el 21 de mayo de 2021, luego de una misa conmemorativa en la iglesia de San Antonio en Soyapango, El Salvador. El querido sacerdote, quien también fue director de la oficina de derechos humanos de la Arquidiócesis de San Salvador, falleció el 8 de mayo de 2021 por COVID-19. (Foto del SNC / Rhina Guidos)

Los feligreses y amigos del padre Estefan Turcios, jefe de las sociedades misioneras pontificias de El Salvador, se reúnen para orar junto a su tumba el 21 de mayo de 2021, luego de una misa conmemorativa en la iglesia de San Antonio en Soyapango, El Salvador. (Foto del SNC / Rhina Guidos)

«Es como un pulpo, ese padre Estefan, tentáculos por todos lados», dijo el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez, quien presidió la misa en la parroquia de San Antonio el 21 de mayo.

Debido a su incansable y constante contacto con la gente, cientos llegaron junto con feligreses a las calles de la ruta que el sacerdote recorría durante las procesiones, con la esperanza de que pasara el coche fúnebre cerca de ellos para poder despedirse.

Más allá de las puertas de la iglesia, una banda militar tocó en el estacionamiento de la parroquia mientras el ataúd entraba. La iglesia, de la que había estado el padre Turcios tan feliz al verla llenarse cuando su rebaño comenzó a perder el miedo al coronavirus, estaba vacía.

Menos de un mes antes, muchos se habían alegrado porque había recibido la primera inyección de CoronaVac, una versión china de la vacuna contra el coronavirus que el gobierno salvadoreño ha administrado a la población. Aunque su primera dosis había sido el 14 de abril, para el 20 de abril comenzó a sentir síntomas de lo que parecía una gripe. Una semana después fue hospitalizado y poco más de una semana después de eso, murió.

La última imagen de su viaje terrenal fue el diseño azul marino de una casulla favorita, la cual brillaba antes de ser cubierta al sellarse la cripta.

«Hoy su pastor los lleva en su corazón y en su casulla, su comunidad por la que se esforzó», dijo el cardenal Rosa Chávez en la misa terminando los ritos funerarios del padre Turcios. «En su casulla el llevaba a su comunidad con la que él se esposó … y estamos aquí, en familia, estamos intensamente en esta celebración».

Imagen destacada: Los feligreses se reúnen para una misa en memoria del padre Estefan Turcios, jefe de las sociedades misioneras pontificias de El Salvador, el 21 de mayo de 2021 en la iglesia de San Antonio en Soyapango, El Salvador, donde pastoreaba a la clase trabajadora salvadoreña durante 34 años. El querido sacerdote, quien también fue director de la oficina de derechos humanos de la Arquidiócesis de San Salvador, murió el 8 de mayo de 2021, uno de los más de 2.000 salvadoreños que supuestamente murieron de COVID-19. (Foto del SNC / Rhina Guidos)

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