Por Antoinette Gutzler M.M.
Vigésimo segundo domingo ordinario
Domingo, 3 de septiembre, 2023
Jer 20, 7-9 | Rom 12, 1-2 | Mt 16, 21-27
Los tiempos en que vivimos están llenos de contradicciones, contrastes y desafíos. En la segunda lectura de hoy, San Pablo da una advertencia a la comunidad en Éfeso. También nos concierne a nosotros: “No se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios”. Las lecturas de esta semana nos guían en cómo lograr eso.
Jeremías, en su sufrimiento, clama a Dios: Sus perseguidores se mofan de él. Incluso así la palabra de Dios es una llama ardiendo en su corazón, llevándolo a insistir en divulgar la palabra de Dios, incluso cuando no es bien recibida. En el Evangelio, Pedro no comprende que seguir a Jesús supone sufrir y es reprendido por su falta de entendimiento. Las palabras de Jesús en el Evangelio nos invitan a reflexionar en qué significa “renunciar a uno mismo” y cómo esa “renuncia” conduce a “salvar” nuestra vida.
Planteo que “renunciar a uno mismo” consiste en erradicar los cuentos negativos que creemos sobre nosotros mismos o que han sido impuestos en nosotros – por ejemplo, no ser lo suficientemente buenos o inteligentes, etc. – para que podamos así “salvar” nuestra vida. Esto significa transformarse a semejanza de Dios en cuya imagen hemos sido creados.
Ejemplos de esto en nuestros tiempos vienen del trabajo de la Hermana Maryknoll Mary Vertucci en el Emusoi Center en Arusha, Tanzanía, y la labor internacional de la Hermana Maryknoll Abby Avelino para combatir el tráfico humano. “Emusoi” es una palabra masái que significa “descubrimiento” o “conciencia del potencial total de la propia vida”. El lema de Emusoi “cuando educamos a una niña, cambiamos el futuro de una comunidad”, captura su espíritu.
Así, niñas y jóvenes pasan de “perder” una vida tradicional en donde las mujeres no son iguales a los hombres, no tienen un nivel alto de alfabetización, se casan jóvenes y viven en la pobreza, a “encontrar sus vidas” y a realizarlas a través del valor de la educación en un mundo de posibilidades donde los talentos que Dios les ha dado sean reconocidos y puedan florecer. Su futuro es prometedor ya que usan sus dones y sus voces, no sólo para sí mismas, sino para el bienestar de sus familias y otras comunidades.
La Hermana Abby Avelino, con su trabajo radicado en Roma, está involucrada con Talitha Kum: una red de mujeres religiosas formada por la Unión Internacional de Superiores Generales (UISG, por sus siglas en inglés) para combatir el tráfico humano y la explotación en todo el mundo. En su trabajo con comunidades migrantes en Japón, la Hermana Abby conoció a hombres y mujeres – de varios países en Asia y África – que fueron inducidos a dejar sus países en búsqueda de trabajo y terminaron atrapados en redes de esclavitud y prostitución. Al intentar “encontrar sus vidas”, las han perdido en manos de explotadores y traficantes. Ahora luchan por su libertad en una tierra extranjera sin un lugar o persona que los ayude.
Figuras de Las Naciones Unidas muestran que el 70% de víctimas de tráfico son mujeres y cerca de dos tercios son menores de 30 años. Para ayudarles a “encontrar sus vidas”, la red Talitha Kum aboga por los derechos de migrantes y refugiados y sus miembros. Además proveen orientación, asesoramiento legal y albergues para las víctimas y los sobrevivientes del tráfico. Como dice la Hermana Abby, su trabajo es para “empoderarse entre sí, dar esperanza, fuerza y dignidad a todos, especialmente a los más vulnerables, mujeres y niños”.
Las palabras de San Pablo a los efesios guían a Talitha Kum y a todos nosotros a tomar conciencia de este flagelo contra la vida humana cuando advierte: “No se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios”. Jesús ha declarado cuál es la voluntad de Dios: “Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10, 10).
La Hermana Maryknoll Antoinette (Nonie) Gutzler, de Brooklyn, Nueva York, se unió a las Hermanas Maryknoll en 1964. Ha servido en Tanzania, Taiwán y Estados Unidos en varios ministerios y conferencias. Fue nombrada presidenta de la Congregación de Hermanas Maryknoll del 2014 al 2021.
La Hermana Maryknoll Antoinette (Nonie) Gutzler ha servido en Tanzania, Taiwán y Estados Unidos, incluso como presidenta de la Congregación de las Hermanas Maryknoll. Tiene un doctorado en teología sistemática de la Universidad de Fordham.
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Imagen destacada: Una fotografía de archivo muestra a niñas cargando a sus hermanos menores en un campamento para desplazados internos en el norte de Uganda. La trata de personas alcanzó niveles horrendos en Uganda, con miles de personas buscando trabajo en el Medio Oriente, y obligó a la Iglesia Católica a intensificar las campañas de concientización para poner fin a la espantosa plaga. (CNS/Paul Jeffrey)