Reflexión Maryknoll: Compartir comida es celebrar los regalos de la vida

Tiempo de lectura: 3 minutos
Por: Oficina de Asuntos Globales
Fecha de Publicación: Ago 16, 2024

Por Judy Coode

Veinteavo Domingo del Tiempo Ordinario
Domingo 18 de agosto del 2024
Prv 9, 1-6 | Ef 5, 15-20| Jn 6, 51-58

Todos los seres vivos deben comer — calorías, nutrientes — para poder sobrevivir. Ciertamente, las lecturas de esta semana reconocen la profunda necesidad y la gran importancia de la comida en nuestras vidas. La sabiduría pone la mesa; Jesús ofrece su propio cuerpo.

Además del hecho de que necesitamos alimento para vivir, la relación de los humanos con la comida varía de muchas maneras. Algunos pueden vivir con menos y abstenerse a menudo. Puede que disfruten mucho comer y sientan más intensamente el sacrificio, o puede que sean indiferentes a la comida a causa del atrofiamiento de sus papilas gustativas u otros sentidos.

Algunos se sacian sobremanera hasta un punto malsano. Una de las cosas básicas que necesitamos para nuestra supervivencia resulta ser algo que acorta nuestras vidas. Otros son gourmets y les satisface preparar complejos platos que armonicen sabores y texturas.

La mayoría de nosotros estamos en uno de estos grupos. La mayoría de nosotros disfrutamos el alimento y para algunos es gratificante poder preparar comida para nuestros amigos o seres queridos. Como la Sabiduría, hemos puesto la mesa y hemos servido alimentos deliciosos para beber y comer. Hemos dado la bienvenida a nuestros invitados. Es lo que los humanos hemos hecho por milenios: extendernos en comunidad, encontrar riqueza en el simple placer de compartir comida con otros. Cuando alimentamos a alguien, le estamos diciendo que nos importa.

¡Cuán profundamente se extiende Jesús en nosotros, en este lenguaje cotidiano del pan y el vino! Sus discípulos y la gente alrededor suyo comieron pan y bebieron vino todos los días. El describirse a sí mismo como pan y vino, según explica el Evangelio, era un poco desconcertante. Y, sin embargo, qué hermosa descripción del amor que Jesús tiene por nosotros: No sólo nos alimenta, sino que se ofrece a sí mismo.

Sin duda, veremos en Viernes Santo que él da su cuerpo por nosotros. Como católicos creemos que él continúa dándonos su cuerpo para nuestra supervivencia espiritual cada vez que el pan y el vino se consagran cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía

La mayoría de nosotros tenemos tanta comida como queramos. Probablemente estemos cerca de algún supermercado, repleto con surtidos de lo que queramos comer. Muchos de nosotros podemos encontrar mercados al aire libre o tiendas de alimentos orgánicos si queremos comprar productos menos procesados. Muchos de nosotros tenemos pequeños huertos o granjas.

Muchos tenemos el privilegio de escoger cierta dieta. Quizás queremos más proteína, o menos productos de origen animal, o productos sin trigo. Somos conscientes de los efectos que ciertas comidas tienen en nuestros cuerpos y podemos alterar nuestro consumo de estos alimentos para mantenernos saludables. Poder tener este conocimiento es un regalo maravilloso de la ciencia y la investigación moderna que ha mejorado la vida de millones de personas.

Pero millones y millones de los hijos de Dios en el todo el mundo no tienen acceso a la nutrición saludable necesaria para su supervivencia. A menudo esto sucede porque sus regiones han pasado por catástrofes climáticas que han modificado las temporadas de lluvia en algunas áreas y han empeorado la erosión de la tierra en otras.

No, la realidad es que muchas personas tienen hambre por políticas comerciales creadas por naciones ricas y sostenidas por mercados financieros internacionales que favorecen la especulación de productos como el trigo y otros alimentos.

Cuando compartimos una comida, ¿pensamos en los que tienen poco? ¿Recordamos a todos aquellos que hicieron posible que la comida llegase a nuestra mesa? Nuestros momentos diarios de compartir comida son oportunidades para celebrar los regalos de la vida y la comunidad. Ojalá podamos trabajar juntos para celebrar los regalos de la vida y la comunidad. Que trabajemos juntos para promover políticas que garanticen que todas las personas puedan acceder a la comida que necesiten y a la vida abundante que Jesús prometió.

Judy Coode es exdirectora de comunicaciones de la Oficina Asuntos Globales Maryknoll y actualmente es coordinadora de la Iniciativa Católica por la No Violencia, un proyecto de Pax Christi International. Esta reflexión fue publicada originalmente en el libro A Maryknoll Liturgical Year: Reflections on the Readings for Year B, disponible en inglés por la casa editorial Orbis Books.

Esta reflexion fue publicada previamente en el 2014.

Para leer otras reflexiones bíblicas publicadas por la Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll, haga clic aquí.

Imagen destacada: En esta imagen del 2018, niños esperan en fila para recibir comida del programa alimenticio creado por el Padre Maryknoll Edward Schoellmann para aquellos afectados por sequías. (Sean Sprague/Tanzania)

 

Sobre la autora/or

Oficina de Asuntos Globales

La Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll expresa la posición de Maryknoll en debates sobre políticas públicas en Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y ante los gobiernos de Estados Unidos y otros países, con el propósito de ofrecer educación en temas de paz y justicia social, la integridad de la creación y abogar por la justicia social, económica y del medio ambiente.

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