VIII Domingo Ordinario
Domingo 2 de marzo del 2025
Sirácida 27, 5-8| 1 Corintios 15, 54-58| Lucas 6, 39-45
Las imágenes en Sirácida y San Lucas en el Evangelio de esta semana crean una colección en mosaico de lo que significa “la plenitud del corazón”. El ritmo del acto de tamizar, la preparación de un alfarero y la recolección de frutas no son imágenes excelsas; son tareas normales para muchos. ¿Qué símbolos estamos obviando en medio de nuestras vidas hoy en día? ¿Qué nos enceguece y qué hay en nuestro punto ciego que nos aleja de nuestro potencial sagrado?
Es probable que muchos de nosotros no hayamos utilizado una criba o un bieldo. Se necesita un ritmo enfocado, practicado y físico para separar las semillas y la barcia. Puede que las semillas y los granos no sean visibles antes del proceso de separación. Pero el proceso se lleva a cabo para recoger granos para nutrir y semillas para el futuro. La barcia y la cascarilla son material regenerativo para futuras cosechas. ¿Qué nos sacude y nos tamiza en estos tiempos para dar una semilla del futuro y nutrir la vida de manera diferente, personalmente, como cristianos, como parte de una comunidad terrenal? La complacencia no es parte del proceso de tamizar.
“En el horno se prueba la vasija del alfarero”. Quizás no muchos de nosotros hemos recogido arcilla cruda de riberas ni la hemos purificado en la labor engorrosa, atenta y discerniente de remover partículas que podrían hacer que una vasija estalle en el intenso calor del horno. ¿Qué es lo que no podemos dejar pasar y no podemos ser tan atentos como para esperar crear un mundo justo y seguro en nuestra vida? ¿Qué es lo que somos llamados a sentir, decir y hacer al respecto, a veces incluso a un gran costo? ¿Cómo recogemos lo que parece roto y ofrecemos esperanza y ayudamos a imaginar algo nuevo?
Vivo ahora en un lugar de muchos árboles de frutas. La cosecha del año pasado fue abundante y con cada fruta tan grande y hermosa que las ramas de los árboles se encorvaban. La fruta de este año es pequeña después de no haber tenido lluvia por un año y temperaturas más intensas. ¿Puede un árbol ser juzgado malo o podrido sin considerar un sistema ecológico saludable en donde pueda crecer y sostenerse? ¿Qué papel jugamos nosotros en mantener ambientes saludables de todos los tipos?
Estos son tiempos cambiantes y difíciles en el mundo: Decisiones sorpresa, políticas creadas sin una consulta amplia, alianzas cuestionadas, miedos de disponibilidad de todas las cosas que sostienen la vida misma, eventos catastróficos climáticos con el dolor y la pérdida que conllevan, desplazamiento de personas y el despertar a una realidad de que las cosas nunca han sido así.
No es tan fácil nombrar las cosas como buenas o malas. Los valores se extienden sobre un rango que va desde la avaricia prevalente hasta el amor compasivo y la generosidad. Pero sin importar qué, es parte de nuestra responsabilidad como hijos de Dios tamizar y depurar y amablemente recoger ahora para tiempos futuros. ¿Qué significa la “plenitud del corazón” para nosotros los discípulos de Jesús? Sufrir es también parte de la plenitud. “la prueba del hombre está en su razonamiento”.
San Lucas, de manera ingeniosa, evoca un contraste interesante entre la paja y la viga, asignándonos el obstáculo más grande y cegador a nosotros. “¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo?”
Los desafíos ante nuestra propia voluntad y capacidad de vivir en tiempos complejos siempre retornan a nosotros mismos. Vigas de ceguera: falta de seguridad, arrogancia, prejuicios, miedo, falta de compromiso, olvidar el impacto de nuestros actos… y otras que conoces bien. No dejemos de notar en esta parábola a: los ojos que ven, ver al otro, potencialmente ver como otro ve, ver pajas de dolor y ver la luz obstruída. Qué privilegio más humilde.
¿Qué nos recuerda el Evangelio que debemos hacer? ¿Qué disposiciones mantenemos? ¿Cómo podemos tamizar y depurar nuestras propias vidas?
Date cuenta. Percibe. Quita los obstáculos. Ve claramente. Da buena fruta. Date a conocer. Produce cosas buenas. Habla desde la plenitud del corazón.
Tienen que saber que hay ojos mirándonos también, Discípulos de Jesús.
La Hermana Maryknoll Janet Hockman sirvió en una misión en Nepal, Haití y las Islas Marshall. Actualmente está sirviendo en Maryknoll Sisters Center, Nueva York, como coordinadora de las Hermanas Maryknoll que residen en el centro de asistencia.
Para leer otras reflexiones bíblicas publicadas por la Oficina Maryknoll para Asuntos Globales, haga clic aquí.
Imagen destacada: Un alfarero elabora una vasija de barro. La alfarería es una de las muchas metáforas espirituales de las lecturas de las Escrituras para el VIII domingo ordinario de este año. (Swapnll Dwivedi/Unsplash)