Entonando con la misión

Tiempo de lectura: 6 minutos
Por: Paul Jeffrey
Fecha de Publicación: Mar 2, 2026

SEMINARISTAS ADQUIEREN EXPERIENCIA MISIONERA EN TAIWÁN A TRAVÉS DEL PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO EN EL EXTRANJERO DE MARYKNOLL

Las paredes de la Casa Maryknoll en Taichung, Taiwán, están cubiertas con fotos de sacerdotes y hermanos Maryknoll que llegaron hace décadas de Estados Unidos a la isla asiática. Pero desde que la sociedad misionera empezó a aceptar vocaciones de sitios de misión Maryknoll, los jóvenes que viven hoy en la casa lucen diferente.

“Hay un nuevo rostro de Maryknoll en el mundo”, dice el Padre Maryknoll Joyalito Tajonera, superior regional de la sociedad en Asia.

Sin embargo, sin importar de dónde vengan —y como parte esencial de su formación— todos los candidatos a sacerdotes y hermanos deben vivir y trabajar en una nueva cultura. En Taiwán, el Padre Tajonera dirige el Programa de Entrenamiento en el Extranjero (OTP por sus siglas en inglés) de Maryknoll, que traslada a algunos seminaristas a la nación insular.

Guilervan Ignacio Omnes consideró una carrera en Derecho, pero escogió servir como misionero en Taiwán. (Paul Jeffrey/Taiwán)
Guilervan Ignacio Omnes consideró una carrera en Derecho, pero escogió servir como misionero en Taiwán. (Paul Jeffrey/Taiwán)

“El OTP no es una experiencia fácil”, dice Josephat Odundo, seminarista Maryknoll de Kenia que llegó en 2023 para pasar dos años en el programa. “Tienes que sentirte cómodo en situaciones incómodas”.

Odundo, 33, pasaba sus mañanas en la Universidad Providence en Taichung, repasando los variados tonos del chino mandarín. “Aprender el idioma es la parte más importante para apreciar y comprender la cultura”, dice. “Cuanto mejor podamos comunicarnos, más espacio tendremos para la revelación de Dios en la gente”.

Odundo pasaba el resto del día en el barrio de Shalu, donde el Padre Maryknoll Kurt Anderson es párroco de la Iglesia Católica Santa Bernadette. Allí el seminarista servía a la congregación de habla china, un papel que le resultaba incómodo.

En Kenia la religiosidad está en todas partes. El cristianismo está en nuestra sangre. Un sacerdote católico siempre es uno de los hombres importantes de la comunidad”, dice.

“Pero cuando llegué a Taiwán, donde los cristianos son una pequeña minoría, me di cuenta de que cuanto más sencillo te vuelves como ser humano, mejor eres como sacerdote. Mi enfoque hacia el sacerdocio ha cambiado a estar disponible y abierto a las realidades de las personas con las que trabajo”.

Odundo acoge el legado Maryknoll que le ha sido heredado.

“Ve a la catedral y verás que fue construida por Maryknoll. El primer obispo católico de Taichung fue un sacerdote Maryknoll”, dice. Aunque “hay presión cuando llevas este gran nombre”, señala, el trabajo de los misioneros anteriores “facilita mi ministerio gracias a la base que construyeron”.

Jethro Natividad dirige el coro. Ambos jóvenes sirven en la parroquia de Taichung y fueron aceptados como seminaristas Maryknoll. (Paul Jeffrey/Taiwán)
Jethro Natividad dirige el coro. Ambos jóvenes sirven en la parroquia de Taichung y fueron aceptados como seminaristas Maryknoll. (Paul Jeffrey/Taiwán)

Los misioneros Maryknoll “hicieron algo más que construir iglesias”, continúa Odundo. “Podían interactuar con cualquiera”. Esa cercanía con la gente, dice, “me llama a ser como ellos”. Actualmente está estudiando para obtener una Maestría en Divinidad en la Catholic Theological Union de Chicago.

El seminarista Maryknoll Paschal Madukwa actualmente está realizando el OTP en Taiwán. El médico de Tanzania fue voluntario en un ministerio para personas sin hogar alrededor de la estación de tren de Taichung mientras estudiaba idiomas en Providence. Tras un año, se trasladó a Kaohsiung, una ciudad del sur, para comenzar un posgrado de dos años en Medicina Tropical.

Madukwa dice que sintió el llamado al sacerdocio porque quería explorar cómo la medicina y la espiritualidad podían complementarse. “Algún día me encantaría estar al lado de los pacientes no solo como médico, sino también para brindar acompañamiento espiritual”, dice. “En la etapa final de la vida, cuando las intervenciones médicas ya han cumplido su curso, estar presente como compañero espiritual podría marcar una verdadera diferencia”.

Su atracción por Maryknoll comenzó en casa.

“Vi cómo los misioneros Maryknoll venían a Tanzania y trabajaban arduamente para aprender el idioma y la cultura para relacionarse con la gente local”, dice. “Eso me inspiró a pedirle a Maryknoll que me ayudara a ser sacerdote”.

Josephat Odundo, un seminarista Maryknoll, aprendió mandarín en Taiwán durante su entrenamiento y ahora continúa sus estudios en la universidad Catholic Theological Union en Chicago. (Paul Jeffrey/Taiwán)
Josephat Odundo, un seminarista Maryknoll, aprendió mandarín en Taiwán durante su entrenamiento y ahora continúa sus estudios en la universidad Catholic Theological Union en Chicago. (Paul Jeffrey/Taiwán)

Madukwa, de 33 años, dice que su experiencia de OTP en Taiwán le está dando las destrezas necesarias para una vida en misión.

“Si lo único que hiciéramos para prepararnos para el sacerdocio fuera estudiar en el seminario, sería como leer un libro sobre natación sin nunca mojarnos”, dice.

Al principio, “somos como bebés, afrontando una nueva cultura y lengua. Aprendemos al cometer errores, y el OTP ofrece un entorno seguro para hacerlo”, afirma. “En mis primeros meses, me trababa con el lenguaje y sus matices”.

Este proceso toma tiempo, añade. “Tenemos paciencia, con nosotros mismos y con los demás, lo que nos permite enamorarnos de la gente y de su cultura. Hay bondad en toda cultura. Dios se encuentra en cada cultura”, dice. “La gente es muy generosa, incluso con los seminaristas que constantemente luchan por encontrar el tono adecuado para pronunciar la palabra correcta”.

Además de supervisar el entrenamiento en Taiwán de candidatos aceptados a Maryknoll, el Padre Tajonera ya había establecido un primer paso: un programa de discernimiento vocacional para jóvenes que consideran el sacerdocio misionero o la hermandad.

Jethro Natividad, de las Filipinas, era uno de ellos. Tras haber estudiado en un seminario diocesano y enseñado en Miriam College —fundado por las Hermanas Maryknoll— le intrigó la invitación a Taiwán del parte del Padre Tajonera. Tras una experiencia de dos meses a principios del 2023, renunció a su trabajo para continuar su discernimiento. Ahora trabaja en Ugnayan, el albergue Maryknoll para trabajadores migrantes en Taichung.

“Pronto aprendí que esto requiere un entendimiento diferente de lo que es el sacerdocio”, dice. “Aquí en el albergue fregamos los suelos, lavamos los platos, caminamos con la gente. Cada día que vivimos entre los migrantes se nos recuerda que Cristo vino a la tierra no como un gran conquistador, sino como un bebé pobre que creció hasta convertirse en un hombre humilde”.

Natividad también dirige el coro de la Iglesia Católica Tanzi, donde la congregación se conforma de migrantes filipinos.

“Cada sábado por la mañana tenemos ensayo del coro. Aunque muchos de ellos trabajaban el turno nocturno y salían de la fábrica a las 8 de la mañana, a las 9 ya estaban en la iglesia listos para cantar”, dice. “Practican las canciones toda la semana, y los domingos por la mañana ofrecen su talento al Señor”.

Mientras Natividad toca el piano, Guilervan Ignacio Omnes —que también completó el programa de discernimiento vocacional— acompaña al coro con su violín.

Omnes dejó un seminario diocesano en las Filipinas para estudiar Derecho y ayudar a víctimas de injusticias. Sin embargo, en vísperas de entrar a la Facultad de Derecho, supo del programa de discernimiento vocacional de Maryknoll y se dirigió a Taiwán.

“Una fría noche de invierno, bien pasada la medianoche, un tipo apareció en nuestro albergue Ugnayan, temblando y descalzo. Era un marinero que acababa de escapar de su barco, donde no comía ni dormía lo suficiente. En cuanto le di la bienvenida al albergue, supe lo que quería hacer el resto de mi vida”, dice Omnes.

Omnes y Natividad solicitaron ingreso a la sociedad misionera y fueron aceptados recientemente. Ahora son seminaristas Maryknoll.

Trabajar con el Padre Tajonera, dice Omnes, ha “encendido en mí el fuego de la vocación” —una llama que se aviva ante desafíos. “El Padre Joy siempre nos dice que estemos preparados para lo que la gente necesite”, dice el seminarista.

“Poco después de nuestra llegada, el Padre Joy nos dijo que íbamos a algún sitio. Jethro y yo empacamos maletines pesados”, recuerda Omnes. Entonces el Padre Tajonera les dijo que volvieran a empacar y llevaran solo lo mínimo. “La misión, nos dijo, nunca se trata de nosotros. Se trata de ellos”.

Imagen destacada: El seminarista Maryknoll Paschal Madukwa se prepara para el sacerdocio misionero en un programa de entrenamiento en Taiwán. (Paul Jeffrey/Taiwán)

Sobre la autora/or

Paul Jeffrey

Paul Jeffrey es un fotoperiodista que trabaja por todo el mundo. Fundador de Life on Earth Pictures, él vive en Oregon.

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