A PESAR DE RECORTES EN FONDOS, UN MINISTERIO CONTRA EL SIDA BRINDA ESPERANZA EN NAIROBI
Florence Mwikani recorre los estrechos callejones del extenso barrio marginal de Mathare, Nairobi, con una misión sagrada: salvar vidas.
Por 33 años Mwikani ha acompañado a personas con VIH, primero ofreciendo consuelo mientras sucumbían al virus, y luego animándolas cuando los medicamentos modernos les permitieron seguir viviendo.
Ahora se enfrenta a un nuevo desafío. Los recortes de financiación del año pasado redujeron drásticamente los presupuestos de programas contra el sida en todo el mundo.
Mwikani ha sido trabajadora de salud comunitaria del Programa de Alivio del Sida del Decanato del Este (EDARP por sus siglas en inglés) desde 1993, cuando el Padre Maryknoll Edward Phillips pidió a las iglesias católicas de los barrios marginales del este de Nairobi que convocaran voluntarios. Pocos se presentaron debido al miedo y al estigma asociados con el VIH.
Sin embargo, cuando supo del llamado en una reunión de su comunidad eclesial de base, Mwikani dice que no dudó en aceptar. “Quería ser las manos y pies de Cristo en mi comunidad”, dice.
En humildes hogares construidos con despojos de madera y láminas de metal oxidadas, Mwikani cuidaba a sus pacientes cuando se enfermaban. A veces los cargaba a cuestas hasta la cercana clínica EDARP. Ella y otros trabajadores comunitarios a menudo eran vistos como heraldos de muerte. A veces, los vecinos se negaban a abrirles la puerta.
Fue entonces que llegaron los medicamentos antirretrovirales, un alivio farmacéutico que suprime los niveles del virus en el cuerpo y permite a las personas seropositivas llevar vidas relativamente normales. El papel de Mwikani cambió. Se convirtió en monitora, asegurándose de que sus pacientes tomaran sus medicamentos además de que otras necesidades se cubrieran en el barrio.
Aunque sus pacientes desahuciados tenían acceso a medicamentos salvavidas, a menudo carecían de suficiente comida. Como parte del compromiso de EDARP con el bienestar integral de sus pacientes, Mwikani brindaba asistencia nutricional.
También ofrecía asistencia especial a mujeres embarazadas, tanto antes como después del parto. Al asegurar que las mujeres embarazadas sigan con su medicación, EDARP ha prevenido la transmisión del virus de madre a hijo en más del 98% de los nacimientos en los últimos años.
La tuberculosis es endémica en Kenia y es la principal causa de muerte entre las personas con VIH. Como resultado, EDARP integró la detección y el tratamiento de la tuberculosis en su programa de VIH, convirtiéndose en un modelo internacional para el manejo de ambas enfermedades.
Alice Njoroge, directora general del Programa de Alivio del Sida del Decanato del Este, charla con un cliente. Njoroge dice que 8 de las 14 clínicas de EDARP cerraron por recortes financieros. (Paul Jeffrey/Kenia)
Cuando no había otras fuentes de financiación disponibles, la Sociedad Maryknoll a menudo intervenía para cubrir los servicios que EDARP ofrece, tales como un programa de detección de cáncer de cuello uterino, el cual es seis veces más propenso a aparecer en mujeres seropositivas.
El Padre Phillips dice que EDARP siempre ha ofrecido mucho más que solo tratamiento clínico para enfermedades.
“Desde el principio hemos estado localizados en los barrios donde viven los más pobres”, dice. “Desde el comienzo ofrecimos una cálida bienvenida a cualquiera que buscara nuestra ayuda, tal como Jesús acogió a los leprosos y a los ciegos”.
Cuando Stacy Adhiambo se enteró de que era seropositiva a los 15 años, sintió que era el fin del mundo. Pero Josephine Kamau, una trabajadora de salud comunitaria de EDARP, la convenció de que no se rindiera.
“Sentí ganas de suicidarme cuando me dijeron que era seropositiva”, dice Adhiambo, ahora de 26 años. “Gracias a Dios por Josephine. Me explicó lo importantes que eran los medicamentos y las razones por las que debía tomarlos. Gracias a ella todavía estoy viva”.
EDARP también emplea a 46 mentores seropositivos. Al pasar ellos por el mismo diagnóstico y tratamiento, brindan asesoramiento a los pacientes recién diagnosticados.
Maureen Mauti es una de ellos. Dice que lo principal es brindar esperanza.
Alice Njoroge, directora general del Programa de Alivio del Sida del Decanato del Este, charla con un cliente. Njoroge dice que 8 de las 14 clínicas de EDARP cerraron por recortes financieros. (Paul Jeffrey/Kenia)
“La gente a menudo se siente sin esperanza cuando se entera de su estado, pero cuando les cuentas tu historia, recuperan la esperanza de que se puede sobrevivir”, dice.
A medida que la salud de los adultos mayores con VIH en los barrios marginales de Nairobi se estabilizó, la directora general de EDARP, Alice Njoroge, identificó otra necesidad. La organización tiene ahora como objetivo ayudar a los jóvenes, cuya tasa de nuevas infecciones es mayor y de cumplimiento de terapia antirretroviral es menor. Njoroge dice que EDARP comenzó recientemente a colaborar con farmacias privadas.
“Muchos adolescentes van a las farmacias en lugar de ir a las clínicas. Van allí, compran sus medicamentos y listo”, dice. “Hemos trabajado con las farmacias para que los remitan a nosotros”.
De los 1.4 millones de personas que viven con VIH en Kenia, 1.3 millones reciben terapia antirretroviral, y la disponibilidad de medicamentos y servicios sigue siendo de vital importancia. En colaboración con organizaciones internacionales y grupos locales como EDARP, el gobierno keniano hacía avances para gestionar y financiar por completo la respuesta nacional al VIH para 2030.
Njoroge dice que EDARP ya estaba trabajando en formas para garantizar su sostenibilidad en los próximos años. Lo que no esperaban, dice, fue el cese abrupto del apoyo estadounidense cuando el presidente Donald Trump, en su primer día en el cargo, emitió una orden de emergencia para detener todos los proyectos humanitarios financiados por Estados Unidos en todo el mundo.
Con miles de vidas en juego, el personal y los voluntarios de EDARP no estaban dispuestos a detener su labor. Aunque se envió de inmediato un memorando a todo el personal para informar oficialmente sobre los despidos, alrededor del 95% del personal de EDARP se presentó a trabajar al día siguiente, aun sabiendo que no recibirían pago.
Njoroge dice que la noticia de la suspensión de empleo se extendió rápidamente, creando pánico.
“Los pacientes estaban desesperados. Algunos decían que iban a dejar de tomar sus medicamentos. Y algunos pacientes que recién comenzaban el tratamiento decían: ‘¿Por qué debería continuar con este medicamento si no estamos seguros de que seguirá estando disponible?’”, dice Njoroge.
“Les dije: ‘Todavía tenemos medicamentos. Por favor, sigan tomándolos’”, dice. “Nuestro papel era tranquilizarlos, aunque nosotros mismos no sabíamos qué iba a pasar”.
Josephine Kamau visita a Stacy Adhiambo y a su hijo de un año Byalian, quien nació seronegativo. Adhiambo nació seropositiva pero no supo de su condición hasta 2005, tras lo cual empezó tratamiento. (Paul Jeffrey/Kenia)
Aunque parte de la financiación se reanudó tras unas semanas, EDARP ha tenido dificultades para continuar prestando servicios. El año pasado, el presupuesto anual de la organización se redujo de 3.7 a 2.2 millones de dólares. La financiación vital sigue proveniendo de los Padres y Hermanos Maryknoll y otros recursos de la Iglesia, compañías farmacéuticas y Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.
De los aproximadamente 400 empleados de EDARP a principios de 2025, solo 191 seguían trabajando al final del año. Ocho de las 14 clínicas de EDARP —más de la mitad— se vieron obligadas a cerrar.
Muchos de los 1.537 trabajadores de salud comunitarios de EDARP recibían un estipendio de 20 dólares al mes, pero en octubre los estipendios terminaron. A pesar de ello, los voluntarios continúan sirviendo a sus vecinos.
“Es una vocación. Sentimos la necesidad de servir a nuestros pacientes”, dice Josephine Kamau, quien, junto con otros trabajadores de salud comunitarios, fue formalmente nombrada para este rol durante una Misa en su parroquia.
Njoroge afirma que el personal y los voluntarios de EDARP seguirán brindando esperanza.
“La gente aquí sigue atenta a lo que sucede en Estados Unidos. Así que, sea lo que pase allí, vienen a nosotros y nos preguntan cómo les afecta en sus vidas y los medicamentos que toman. Les seguimos asegurando que no los abandonaremos”, dice Njoroge.
“Estuve allí cuando morían, cuando todavía no teníamos nada. No puedo evitar preocuparme de que tengamos que presenciar lo mismo de nuevo”.
Imagen destacada: Florence Mwikani camina por un callejón del barrio marginal Mathare en Nairobi, Kenia, donde visita y monitorea a pacientes con sida en su labor como trabajadora de salud comunitaria. (Paul Jeffrey/Kenia)
