La familia Maryknoll hace un llamado a la compasión y rechaza la “erosión sistemática” de las protecciones a los migrantes.
Como las cuatro entidades de la familia Maryknoll —hermanas, padres y hermanos, misioneros laicos y afiliados— nos mantenemos unidos en nuestro compromiso con el Evangelio, que nos impulsa a dar la bienvenida al extranjero como lo haríamos con Cristo. Nuestro siglo de misión global nos ha enseñado que, si bien las fronteras pueden definir a las naciones, no limitan la dignidad humana.
Contemplamos con gran tristeza un panorama nacional cada vez más marcado por el miedo y la erosión sistemática de las protecciones humanitarias. Este cambio conlleva un profundo costo humano que contradice nuestra creencia fundamental de que cada persona está hecha a imagen de Dios. Debido a este reflejo divino, toda vida humana es sagrada y debe ser protegida. Lamentamos la pérdida de cada vida, tanto la de los inmigrantes que buscan un mejor futuro como la de los ciudadanos estadounidenses afectados, y sostenemos que la dignidad humana es nuestra prioridad común y principal.
Rechazamos absolutamente la tendencia actual hacia la detención indiscriminada y las deportaciones masivas. Nuestros misioneros son testigos de primera mano del trauma que se inflige cuando se separa a padres e hijos. Estas acciones van más allá de la simple aplicación de la ley; fracturan la unidad básica de la sociedad: la familia. Pedimos el cese inmediato de las tácticas de aplicación de la ley que priorizan la rapidez administrativa por encima del derecho moral y legal al debido proceso.
Nuestra perspectiva se basa en décadas de experiencia compartida con quienes se encuentran en los márgenes del sur global. Las personas no huyen de sus hogares y dejan a sus familiares por capricho, huyen por una necesidad desesperada de sobrevivir. La migración es un síntoma de la desigualdad global. Cuando se alivia el yugo de la pobreza, la persecución y la violencia, las familias pueden ejercer su derecho a no migrar y, en su lugar, prosperar en sus comunidades de origen.
Nos encontramos en una encrucijada. Podemos elegir el camino de la exclusión y el miedo, o el del Buen Samaritano. La familia Maryknoll mantiene su compromiso con el amor, caminando junto a nuestros hermanos y hermanas migrantes hasta que cada persona sea tratada con la dignidad que le corresponde como hijo de Dios.
Hermanas Maryknoll
Misioneros Laicos Maryknoll
Padres y Hermanos Maryknoll
Afiliados Maryknoll
Imagen destacada: Zuanny, de ocho años, coloca luminarias con mensajes de su madre —una “Dreamer” del programa DACA—, de ella misma y de sus hermanas, durante una vigilia en La Colaborativa, en Chelsea, Massachusetts, en 2025, en apoyo a la comunidad afectada por las redadas y detenciones realizadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. (OSV News / Brian Snyder, Reuters)
