Ébola: las lecciones de África y el papel de la Iglesia para contener el virus

Tiempo de lectura: 5 minutos
Por: ACI Prensa
Fecha de Publicación: Oct 5, 2026

Por David Ramos, ACI Prensa

Los brotes de ébola que han golpeado África han dejado importantes lecciones para contener el virus, desde la rápida detección y aislamiento de los casos hasta una tarea menos técnica pero igualmente necesaria: ganarse la confianza de las comunidades, un esfuerzo en el que la Iglesia puede desempeñar un papel importante.

En declaraciones a ACI Prensa, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) explicaron que un caso importado fuera del continente africano no necesariamente deriva en una transmisión sostenida.

Por su parte, la Hna. Angèle Gapio, coordinadora de emergencias de Cáritas Bunia, en la República Democrática del Congo, destacó la “contribución enorme” de la Iglesia como un espacio “de sensibilización” frente a la enfermedad y sus mecanismos de contagio.

El ébola es una enfermedad viral grave, identificada por primera vez en 1976 tras dos brotes simultáneos en los actuales Sudán del Sur y República Democrática del Congo. Aunque su reservorio animal no se conoce con certeza, se sospecha de los murciélagos frugívoros. Nuevos brotes pueden surgir cuando el virus pasa de animales infectados a personas y luego se transmite entre humanos por contacto directo con fluidos corporales.

Los primeros síntomas pueden incluir fiebre, cansancio, dolores musculares, dolor de cabeza y de garganta, seguidos de vómitos, diarrea, dolor abdominal y erupciones cutáneas.

La enfermedad puede ser mortal: según la OMS, la tasa media de letalidad es de alrededor del 50 %, aunque en diferentes brotes ha oscilado entre el 25 % y el 90 %. La atención temprana aumenta las posibilidades de sobrevivir.

¿Casos fuera de África?

Aunque los brotes de ébola se han concentrado principalmente en África, se han registrado casos de personas infectadas que han llegado a países fuera del continente.

La Copa Mundial de Fútbol FIFA 2026, que tuvo como anfitriones a mediados de este año a México, Estados Unidos y Canadá, coincidió con brotes de la enfermedad en África central y oriental, lo que llevó a reforzar las medidas sanitarias para viajeros procedentes de algunos de los países afectados.

Mientras que Estados Unidos y Canadá implementaron medidas de entrada y control sanitario —que han sido prorrogadas a lo largo del año— para viajeros procedentes de República Democrática del Congo, Uganda y Sudán del Sur, México decidió poner en marcha “medidas preventivas” en aeropuertos internacionales, incluidos “filtros sanitarios”.

Consultados por ACI Prensa, los CDC explicaron que “el riesgo de importación aumentaría ante un brote de mayor magnitud o que se estuviera expandiendo geográficamente, particularmente en zonas con un volumen considerable de viajes internacionales”.

Entre los factores que pueden incrementar ese riesgo señalaron “el volumen y el destino de los viajes, los retrasos en el reconocimiento o la confirmación de los casos, las deficiencias en el rastreo de contactos o en la vigilancia fronteriza, y la especie del virus del ébola involucrada”.

Sin embargo, subrayaron que “un caso importado no necesariamente conduce a una transmisión sostenida”. La experiencia en Nigeria, Senegal y Mali, indicaron, mostró que estos casos pudieron ser contenidos cuando los países identificaron y aislaron rápidamente a los pacientes, realizaron pruebas de laboratorio, rastrearon los contactos y aplicaron medidas de prevención y control de infecciones.

“La experiencia de los CDC durante la epidemia de África Occidental de 2014-2016 demuestra que pueden producirse casos importados, pero también que estos pueden contenerse rápidamente con una preparación y una respuesta adecuadas”, señalaron.

Para reducir la posibilidad de nuevos contagios, los CDC destacaron la importancia de detectar y aislar rápidamente los casos sospechosos, disponer de pruebas de laboratorio, rastrear y vigilar a los contactos, proteger al personal sanitario y contar con equipos capaces de coordinar una respuesta rápida.

También precisaron que la especie del virus es relevante porque “no existen vacunas autorizadas ni tratamientos específicos para todos los virus del género Ebolavirus”. No obstante, subrayaron que “la ausencia de una vacuna o de un tratamiento específico no significa por sí misma que un caso importado vaya a generar una transmisión sostenida”.

Los líderes religiosos y la confianza para contener el ébola

Desde el organismo de salud pública destacaron que su experiencia en países como Sierra Leona mostró que los mensajes de líderes religiosos pueden ayudar a que entre la población haya “una mayor disposición a aceptar alternativas seguras para los entierros y a esperar la llegada de equipos capacitados para realizarlos”.

“Los proveedores de atención sanitaria vinculados a organizaciones religiosas y los líderes religiosos que cuentan con la confianza de las comunidades pueden contribuir al reconocimiento temprano de los casos y a su derivación, reforzar una comunicación precisa sobre los riesgos, reducir el estigma y favorecer la aceptación de prácticas de entierro seguras y dignas”, indicaron.

El testimonio de la Hna. Angèle en la República Democrática del Congo apunta precisamente a la importancia del liderazgo religioso frente a una “concepción equivocada de esta enfermedad” por parte de la población, que en ocasiones no aceptaba que es una epidemia.

De acuerdo con información gubernamental difundida por Reuters, el actual brote de ébola en la República Democrática del Congo, causado por el virus de Bundibugyo, ha dejado más de 4.000 muertos desde que fue declarado oficialmente en mayo de este año.

En algunos casos, los pobladores pensaban que “se trataba de envenenamientos, de cosas místicas y demás” y, al no aceptar la enfermedad, continuaban atendiendo a los enfermos y enterrando a los fallecidos sin las medidas necesarias para evitar nuevos contagios.

“Ese rechazo de la enfermedad o de la epidemia por parte de la comunidad hizo que esta epidemia se propagara dentro de nuestra comunidad”, señaló.

En ese contexto resultó clave el trabajo “muy fuerte” de sensibilización llevado a cabo desde la Iglesia: “incluso el obispo preparó mensajes que fueron leídos en todas las iglesias”.

“Los párrocos en las parroquias y los religiosos predicaban y sensibilizaban también en las escuelas”, continuó, mientras que “Cáritas proporcionó kits, kits de higiene en todas partes, para el lavado de las manos, además de carteles que colocábamos en distintos lugares para que la gente pudiera leerlos”.

A través de Radio Fides, recordó, “todos los días se hablaba (…) de la enfermedad del ébola, de los tratamientos, de cómo puede matar, de cómo puede uno contagiarse”.

Para la religiosa, este trabajo “fue una contribución enorme, enorme” para combatir al virus.

“La Iglesia contribuyó muchísimo durante ese período y continúa contribuyendo hasta el día de hoy a través de los medios de comunicación, de los carteles, de la sensibilización, de la predicación y demás”, aseguró.

Ante un brote de ébola, lo primero: sensibilizar a la comunidad

Para la Hna. Angèle Gapio, “lo primero que se debe hacer cuando aparece un primer caso es, ante todo, sensibilizar a la comunidad”, pues esta puede desconocer la enfermedad y “la ignorancia no es algo bueno”.

Es importante, continuó, enseñarle a los pobladores “a reconocer que uno está enfermo, a reconocer los síntomas y a acudir rápidamente a las estructuras sanitarias”, así como “respetar las medidas de protección, la higiene y demás”.

“Hay que enseñarles a no tocar los cadáveres, a no manipular los cadáveres, a no enterrar ellos mismos los cadáveres y a no acercarse a ellos”, añadió, al tiempo que se debe dejar “que los servicios que tienen la competencia se encarguen de realizar entierros dignos y seguros”.

Además, es importante “combatir los rumores sobre esta enfermedad”, como aquellos que dicen que el ébola “se debe a maleficios que alguien ha lanzado”.

“También debemos evitar el rechazo de los enfermos” y “evitar la estigmatización de los supervivientes, porque son nuestros hermanos y nuestras hermanas, tenemos que acogerlos”.

Imagen destacada: Richard Mbagaro, supervisor del campamento de desplazados internos de Kigonze, se dirige a los residentes en Bunia, Congo, el 25 de mayo de 2026, instándolos a lavarse las manos con jabón o ceniza ante el creciente temor por la propagación del ébola, mientras las autoridades intensifican los esfuerzos para contener un brote de ébola causado por el virus Bundibugyo. (OSV News/Gradel Muyisa Mumbere, Reuters)

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