Un feligrés visita la tumba de San Oscar Romero en la Catedral de San Salvador, El Salvador. (Octavio Durán/El Salvador)

Visita a lugares de los mártires eleva espíritu de servicio de diáconos de Estados Unidos

“He sido diácono durante ocho años y creo que en este viaje descubrí qué es serlo”, dijo Joe Peters de Chicopee, Massachusetts, después del corto viaje de inmersión misionera, promovido por Maryknoll, que hizo a El Salvador. Él, su esposa Jan, y otros diáconos de Estados Unidos, sus esposas, y otros líderes pastorales, pasaron cinco días visitando los lugares donde católicos dieron sus vidas al servicio del Evangelio durante la guerra civil en El Salvador entre 1980 y 1992.

El Diácono Mike Berstene de Tolland, Connecticut, miembro del equipo Maryknoll Deacon Mission Partners, explica porqué esta peregrinación es importante. “El diácono está llamado a animar y dirigir la iglesia llevando la misión de Cristo al mundo, especialmente a aquellos que son pobres, y están perdidos u olvidados”, dice. “Un diácono cuyo corazón ha sido conmovido en una experiencia misionera puede traer esa pasión a la Iglesia y está mejor preparado para llevar a la Iglesia a las calles de su propia comunidad”.

El padre Spain y participantes visitan la iglesia en el Paisnal, cuna del sacerdote Rutilio Grande.

El asesinato del arzobispo salvadoreño Oscar Romero en 1980 por un asesino de un escuadrón de la muerte, mientras el arzobispo celebraba la misa en una capilla de un hospital, es quizá el crimen más notorio contra la Iglesia en El Salvador. Con solemne respeto, el grupo de peregrinos entró lentamente en la Catedral de San Salvador para rendir un homenaje en la tumba del mártir.

La celebración de la misa en la capilla donde fue asesinado Oscar Romero fue para el Diácono Bill Toller de Springfield, Massachusetts, “un encuentro sagrado que nunca olvidaré”.

“Romero se solidarizó con su gente a pesar de los riesgos. El compromiso con los pobres le costó la vida”, dijo el diácono Toller. “¡Rezo para que pueda ser una voz profética en mi ministerio, siempre de pie junto a los pobres!”

Diáconos de EE.UU. visitan lugares sagrados en El Salvador.

Diáconos de EE.UU. visitan lugares sagrados en El Salvador.

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Albas, cingulos y estolas de los padres jesuitas. Museo Uinversidad Centroamerican, El Salvador. (Foto: Octavio Durán/El Salvador)

Placa en memoria de los seis sacerdotes jesuitas asesinados en El Salvador el 16 de Noviembre de 1989. (Foto: Octavio Durán/El Salvador)

Oscar Romero se convirtió en una voz más fuerte para los que no tenían voz después del asesinato de su amigo, el Padre Rutilio Grande, quien había alentado a las comunidades cristianas de base a defender sus derechos contra una minoría opresiva de ricos terratenientes.

El grupo visitó la iglesia donde el padre Grande había servido y conocieron al padre Héctor Figueroa, quien conoció al mártir. Figueroa describió los tiempos difíciles de la represión militar que lo llevaron a su muerte y la muerte o desaparición de más de 75.000 personas.

Si bien El Salvador sigue siendo un país peligroso, lleno de pandillas, con uno de los índices de homicidios más altos del mundo, los sitios de las atrocidades de décadas anteriores son hoy santuarios de paz donde los visitantes recuerdan a los mártires de la Iglesia y se inspiran en su ejemplo. La peregrinación incluyó una visita a la Universidad Centroamericana (UCA) donde un jardín conmemora a seis maestros jesuitas, su cocinera y su hija, quienes fueron asesinados por soldados que creían falsamente que la universidad era un “refugio de subversivos”.

“Aprendí de este viaje que el tesoro de cada país es su gente”.

El Padre Maryknoll John Spain (izq.) explica el significado del Monumento a la Verdad y la Memoria en El Salvador, un muro donde se ven 30.000 nombres de personas asesinadas durante la guerra civil. (Sean Sprague/El Salvador)

Diáconos de EE.UU. visitan lugares sagrados en El Salvador:

El grupo visitó Santiago Nonualco, donde cuatro mujeres de la iglesia de Estados Unidos, incluyendo a dos Hermanas Maryknoll, una Hermana Ursulina y una misionera laica, fueron violadas y asesinadas por ayudar a los pobres, una actividad considerada como subversiva en ese momento.

“Estar en un campo pequeño, a la sombra de los árboles donde se encontraron sus cuerpos, fue una experiencia profundamente emocional”, dijo Jan Peters, y agregó que a medida que se leían las palabras de las cuatro mártires, “hubo una experiencia casi tangible de su continuo amor y presencia entre el pueblo salvadoreño”.

El grupo también tuvo momentos más ligeros, incluyendo una visita para ver a la veterana misionera laica Ann Greig preparar leche de soja. Los peregrinos compartieron oraciones cada mañana y reflexiones cada noche.

Celebraron la misa del domingo con feligreses en la Iglesia Cristo Salvador, luego visitaron a los enfermos en un hospital nacional con el Padre Maryknoll John Northrop y miembros de su grupo de cuidado pastoral. Al día siguiente, realizaron visitas domiciliarias a enfermos, lo que le dio a los peregrinos un vistazo de las vidas y viviendas de un barrio de San Salvador. “Aprendí de este viaje que el tesoro de cada país es su gente”, dijo el Diácono Raymond Moon de Hemet, California. “El pueblo salvadoreño es hermoso”.

El Padre Maryknoll John Spain, guía del grupo, quien ha vivido en El Salvador durante más de 30 años, sintió que el viaje de inmersión logró su objetivo. “Queríamos ayudar al grupo a tener un sentido de la gente, la cultura, la iglesia y la historia salvadoreñas”, dijo. “Estuve feliz de compartir eso. Maryknoll tiene un compromiso con la educación de la misión y la formación en la Iglesia de los Estados Unidos. Traemos información para que otros puedan entusiasmarse con la misión”. Estos peregrinos salen a encender el fuego.