Yvonne Dilling (dcha.) se rencontró en El Salvador en el 2003, con dos mujeres que conoció en un campamento para refugiados en Honduras en la década de 1980. (Cortesía de Yvonne Dilling/El Salvador)

promotora misionera Maryknoll comparte el camino de su propia vocación misionera

Araceli Guardado ha sido maestra de escuela desde que tenía 10 años de edad y agradece a Yvonne Dilling por inspirarla a seguir esa vocación.

Dilling conoció a Guardado y muchos niños como ella cuando, como voluntaria para Cáritas, una organización sin fines de lucro, coordinó un programa de educación para niños en Mesa Grande, campamento de refugiados de las Naciones Unidas, en la frontera de Honduras y El Salvador en los 1980s.

Fue la época en la que miles de salvadoreños huyeron a Honduras de la guerra civil que por 12 años aterrorizó al país centroamericano.

Debido al presupuesto reducido y pocas profesoras, explica Dilling, Cáritas seleccionó a refugiados—entre adultos, jóvenes y niñas como Guardado—y los entrenó para que eduquen a los niños.

Guardado ayudó a otros niños a aprender el alfabeto y los números, empezando así su vocación por la educación. Ahora Guardado, 42, es una profesora titulada de la Universidad Nacional de El Salvador.

“Los refugiados eran los protagonistas”, dice Dilling, de Fort Wayne, Indiana, quien fue voluntaria para Caritas por dos años y medio. “Los refugiados partían los lápices en mitad para que cada niño tuviera un pequeño lápiz para escribir. Hacíamos nuestras pizarras, lijábamos un triplay y luego la pintábamos con pintura negra”.

Dilling sirviendo en Tabor House, una comunidad cristiana en San Antonio, Texas, donde asistió a refugiados como María, una mujer que cayó del tren conocido como ‘La Bestia’ y perdió sus piernas. (Dennis Dunleavy/Texas)

Yvonne Dilling durante su servicio voluntario para Cáritas en un campamento de refugiados de las Naciones Unidas, en la frontera de Honduras y El Salvador en los 1980s (Yvonne Dilling/Honduras)

Después de obtener un bachiller en Estudios de Paz de la Universidad de Manchester en Indiana, Dilling trabajó para una organización sin fines de lucro en Washington, D.C., donde supo de la realidad de los migrantes de El Salvador. El mismo año que asesinaron a San Oscar Romero, en 1980, Dilling aceptó la invitación de Cáritas para trabajar con refugiados.

Antes de viajar, ella buscó una consejera espiritual y le recomendaron a la entonces Hermana Maryknoll Peggy Healy. “Con ella conocí el carisma misionero, el discernimiento y cómo ayudar a los demás”, dice Dilling.

Dilling sintió el llamado misionero acompañando a refugiados y presenciando su sufrimiento. “Dios me abrió las puertas, sentí Su llamado y respondí que sí”, dice. “Yo sabía que estaba donde Dios quería que estuviera”.

Para Dilling fue una bendición conocer a niñas como Guardado. “Araceli siempre quería aprender”, dice.

A partir de 1987 miles de salvadoreños retornaron a su país. Guardado inició una nueva vida en la comunidad en el departamento de Chalatenango. Dilling regresó a Estados Unidos, pero años después volvió a El Salvador como misionera laica.

Entre el 2000 al 2006, Dilling sirvió a los ex refugiados y se reencontró con Guardado, quien estaba concluyendo sus estudios de educación. Guardado recuerda a Yvonne con cariño, “Ella era como mi segunda madre. Ella me inspiró y aconsejó para estudiar. Me ha acompañado en este camino y ha sido un buen ejemplo”.

Yvonne y Ruiz (primera fila camiseta verde) con un grupo de jóvenes que fueron a Houston para ayudar a dos familias afectadas por el Huracán Harvey. (Nora Ruiz/Texas)

Jóvenes de la parroquia St. Brigid en Texas que fueron a Houston para ayudar a dos familias afectadas por el Huracán Harvey. (Nora Ruiz/Texas)

Luego de sus dos misiones en Centroamérica, Dilling regresó a Estados Unidos para cuidar a sus padres.

Al fallecer sus padres, Dilling se mudó a San Antonio, Texas. Así comenzó su trabajo con la Sociedad Maryknoll hace cinco años. Ella es animadora misionera y es parte del equipo de alcance hispano. Desde la oficina que Maryknoll tiene en Mexican American Catholic College (MACC), ella sigue cultivando la relación que Maryknoll tiene con la Arquidiócesis de San Antonio. En un canal de televisión de la arquidiócesis, ella conduce el programa Hispanos en Misión donde entrevista a líderes latinos.

Como promotora misionera de Maryknoll, Dilling, 64, brinda cursos de formación para que líderes parroquiales profundicen su misión de una forma espiritual y teológica; y acompaña a grupos que quieran tener una experiencia misionera de corto tiempo en el extranjero o en Estados Unidos. “Nuestra misión no es simplemente ayudar al necesitado sino compartir el amor de Dios”, dice.

En marzo, Dilling acompañó al grupo juvenil Jesus & Mission (JAM) de la Parroquia St. Brigid en San Antonio, a un viaje misionero a Houston, donde reconstruyeron dos casas destruidas por el Huracán Harvey que causó estragos en Texas en 2017. Los 23 participantes, entre padres y estudiantes, viajaron en su semana de vacaciones para brindar la ayuda.

Grupo de jóvenes de la parroquia St. Brigid en Texas hacen una oración antes de empezar su ayudar a dos familias afectadas por el Huracán Harvey. (Nora Ruiz/Texas)

Dilling coordinó el viaje con Nora Ruiz, directora de la pastoral juvenil de la Parroquia St. Brigid, y Taylor Richardson, 18, una estudiante del Colegio Marshall en San Antonio. Los jóvenes se encargaron de la comida, transporte, y ofrecieron su mano de obra. “La misión de ellos es salir a servir a la comunidad. Cuando se enteraron de estas familias, ellos sintieron el llamado misionero”, dice Ruiz.

Ruiz quien en el 2016 fue a un viaje misionero a El Salvador con Dilling, dice que su misión es también motivar a los jóvenes a apoyar a las misiones en el extranjero. Durante tres años los jóvenes de St. Brigid enviaron donaciones a un proyecto en la comunidad de Ellacuria, donde Dilling sirvió.

“Ella es un modelo a seguir”, dice Richardson sobre Dilling.

Dilling seguirá acompañado a personas que trabajan con jóvenes como Guardado, Ruiz y Richardson para que encuentren su misión en su vida. “Siento que la juventud va a responder al llamado misionero. Veo en ellos un amor por Dios”, dice. “Ellos van a continuar la misión”.