Misionera Laica Maryknoll Joanne Miya, dcha., posa con miembro del Centro Uzima, en Tanzania. Uzima apoya a personas con VIH para que tengan plenitud de vida. (Jerry Fleury/Tanzania)

Ministerio de misionera laica Maryknoll en un centro en Tanzania empodera a personas con SIDA/VIH

Un miércoles por la mañana, unas 40 personas se congregaron en la sala de reuniones del Centro Uzima en el barrio Ilemela de Mwanza, Tanzania. Es hora de la reunión mensual de un grupo de apoyo para vecinos que viven con el VIH, y Joanne Miya, la directora del centro, le pide a quien se sienta cómodo que comparta un poco de su historia.

Mónica es la primera en hablar. Cuando se conectó por primera vez con el Centro Uzima, ella estaba débil y luchaba con muchas infecciones secundarias. Ahora el Centro Uzima la está ayudando a obtener sus medicamentos, y ella forma parte del programa “Alimentos por Receta”, a través del cual el centro proporciona a sus miembros con bajo peso asistencia alimentaria crucial y específica. “Mi salud ha mejorado mucho”, dice ella.

Mónica tiene cinco hijos, tres de los cuales también son VIH positivos y reciben ayuda en el Centro Uzima. Uno de ellos está en secundaria y dos en primaria, y el centro ayuda a pagar sus uniformes y útiles escolares. “Les está yendo bien en la escuela”, dice Mónica con orgullo.

Johana, habitual en las reuniones del grupo de apoyo, dice que está muy agradecido por la orientación que ha recibido en el Centro Uzima sobre la vida con el VIH. “Esa educación me ha ayudado a aprender cómo vivir con mi condición, y la asistencia con medicamentos me ha permitido mantenerme saludable”.

La Misionera Laica Maryknoll Joanne Miya, directora del Centro Uzima, conversa con personas de la comunidad durante las reuniones del grupo de apoyo para vecinos que viven con VIH. (Jerry Fleury/Tanzania)
A través del programa “Alimentos por Receta”, el Centro Uzima proporciona a sus miembros con bajo peso asistencia alimentaria crucial y específica. (Jerry Fleury/Tanzania)

El Centro Uzima también le ha enseñado la importancia de llegar a los demás. “Cuando conoces a alguien que está en la misma situación, lo más importante es darle esperanza y asegurarle que el diagnóstico no significa que va a morir”, dice Johana. “Hay esperanza y hay ayuda. Y, sobre todo, también les digo que Dios está allí en sus vidas, que Dios está con ellos en todo esto”.

Ese tipo de aliento es lo que llevó a Mary al Centro Uzima. Siendo abierta sobre su propio estado seropositivo, su vecino la invitó a ir al centro. “No tenía esperanza”, dice Mary, “pero ahora estoy agradecida de tener un vecino tan bueno”.

Los inicios del Centro UZIMA

El centro tuvo sus inicios en 1997, cuando la Hermana Maryknoll Rosemarie Milazzo comenzó a reunirse debajo de un árbol con algunas mujeres que cuidaban a parientes enfermos. Al visitarlas, se enteró que la mayoría de los enfermos tenían SIDA. En 2005, a medida que el programa continuó creciendo, se construyó un pequeño edificio, que albergaba una oficina, una sala de reuniones, un almacén y una sala para servicios médicos, en los terrenos de la Iglesia Católica Ilemela.

“Nos enfocamos en brindar esperanza, salud y educación”, dice Miya, quien ha sido la directora del Centro Uzima desde 2006. “Son clave tanto para nuestros adultos como para los niños porque sin esperanza, el resto realmente no importa. Sin esperanza, se puede proporcionar toda la educación y la atención médica, pero no tendrá un impacto real”.

Miya y Lorencia, participante del Centro Uzima, comparten momentos de esperanza después de la reunión del grupo de apoyo. (Jerry Fleury/Tanzania)

El núcleo del enfoque de Uzima son sus grupos de apoyo, que crean comunidad y solidaridad entre las personas que viven con VIH y se convierten en un lugar para el asesoramiento, intercambio y aliento mutuo entre pares.

“La palabra uzima en swahili significa plenitud o integridad de la vida”,  explica Miya. “Nuestra esperanza es que todos nuestros clientes puedan vivir la vida al máximo. Ese es nuestro sueño. Para cada persona, eso sería diferente, pero nos esforzamos por ayudarlos individualmente a ser todo lo que pueden ser a pesar del hecho de que viven con el VIH”.

Hoy, Uzima Centre brinda servicios a alrededor de 300 personas que viven con VIH, tanto adultos como niños. También tiene un programa, los sábados, para huérfanos y niños vulnerables que ayuda a otros 100 niños con apoyo educativo, actividades y asesoramiento y, para los estudiantes de secundaria, proporciona participación generadora de ingresos a través de la producción artesanal de Bongo Beads.

Beatrice muestra los productos de Uzima Crafts, un programa donde jóvenes vulnerables crean Bongo Beads y otras artesanías para generar ingresos. La tienda Vipaji Vyetu tiene productos de varias ONG’s incluyendo al Centro Uzima. (Jerry Fleury/Tanzania)
Productos en la tienda Vipaji Vyetu, que incluye artesanías de varias ONG’s incluyendo al Centro Uzima. Según Miya, el Hno. Maryknoll Loren Beaudry aplicó para un grant para poder abrir la tienda. Y aunque el grant se terminó la tienda puede continuar por si sola. (Jerry Fleury/Tanzania)
La tienda Vipaji Vyetu en Mwanza, que incluye artesanías de varias ONG’s ayuda a las vidas de las personas al darles la oportunidad de obtener ingresos con sus talentos. S (Jerry Fleury/Tanzania)
Nuevos retos para el Centro UZIMA

Pero durante una de las reuniones  del grupo de apoyo, un participante señala que debido a la falta de recursos, el Centro Uzima actualmente ya no puede registrar a ningún adulto adicional que viva con el VIH. Él enfatiza que la necesidad es grande y que a muchas más personas les gustaría unirse al programa.

“Es un desafío hacer malabares para hacer lo que hacemos con lo que tenemos”, confirma Miya. Y el progreso que se ha logrado en los últimos años con el manejo de las infecciones por VIH se suma a ese desafío.

“Cuando me uní a este programa por primera vez, teníamos 30 clientes adultos que eran VIH positivos. Más o menos, fue un programa de hospicio. Pasamos mucho tiempo yendo a funerales. Los medicamentos antirretrovirales aún no estaban disponibles. Todos los meses registrábamos a algunas personas y luego fallecían algunas personas. Los números se mantenían alrededor de 30”.

Pero la amplia disponibilidad de medicamentos antirretrovirales ahora está dando a las personas una vida más larga. “Gracias a Dios, la puerta giratoria se ha detenido, pero eso ha significado que los números en nuestro programa sigan creciendo. Ahora ya no se trata de morir con dignidad, sino de vivir su vida al máximo”.

El grupo de apoyo ahora incluye a personas como Lorencia, quien dice, con una sonrisa, que se unió al Centro Uzima “hace mucho tiempo”. Ha usado medicamentos antirretrovirales desde que estuvieron más disponibles hace casi 20 años. Después de haber estado tomando medicamentos antirretrovirales fielmente y asistiendo regularmente a la clínica, ahora necesita ir a los controles solo dos veces al año.

El VIH/SIDA en Tanzania

Aunque, según las Naciones Unidas, la prevalencia del VIH/SIDA en Tanzania ha bajado de casi el 10% en 2000 a menos del 5% en 2018, sigue teniendo una de las tazas de prevalencia más altas del mundo. “Aquí en Tanzania”, dice Miya, “no encontrarás una familia que no tenga algún miembro infectado con el VIH”.

Si bien el gobierno ha hecho que los medicamentos antirretrovirales gratuitos estén ampliamente disponibles en las clínicas del gobierno, las personas aún necesitan ayuda con la compra de medicamentos para tratar infecciones secundarias. Muchos no pueden encontrar un trabajo adecuado para satisfacer las necesidades básicas de sus familias. Miya dice que a menudo se le recuerda que quienes acuden al Centro Uzima en busca de ayuda lo hacen “no solo porque son VIH positivos, sino también porque son pobres. La pobreza es la raíz de muchos de sus problemas”.

Y Miya ha observado que la otra cara del VIH/SIDA que se ha vuelto más manejable es que “el factor miedo ha disminuido, lo que significa que algunas personas se están volviendo más descuidadas, más laxas en sus comportamientos, algo de lo que hablamos en los grupos de apoyo”.

El centro también tiene programas especiales para niños y jóvenes que nacieron con VIH. Y un programa materno-infantil de prevención de la transmisión para mujeres VIH positivas y embarazadas o en período de lactancia ha tenido mucho éxito.

Miya, quien se unió a los Misioneros Laicos Maryknoll en 1983, es una de las misioneras que ha estado sirviendo por más tiempo. Al reflexionar sobre sus años en Tanzania—que incluyó criar a cuatro hijos, un hijastro y un huérfano—Miya dice: “Lo que me mantiene aquí es saber que incluso las cosas más pequeñas que hago marcan una diferencia”.

“Los tanzanos son extremadamente agradecidos y tienen una gran fe,” dice Miya. “Muchas veces, si me desanimo, mi personal dirá: ‘No, no, no. Mungu Yupo Nasi (Dios está con nosotros). Todo estará bien’… Ellos me desafían a confiar en Dios en todas las cosas”.