Nuevos misioneros Maryknoll (de izq. a dcha.): Jillian Foster, Brenda Seymour, Hermana Maryknoll Rolande Kahindo, Greg Garrity y Julie Lawler. 

Cinco nuevos Maryknoll son enviados a misión

Acompañados por tambores y la alegre entonación de una canción de alabanza swahili, cinco nuevos misioneros Maryknoll salieron bailando de la Capilla de la Anunciación de las Hermanas Maryknoll. Cuando los seminaristas y hermanas de Kenya y Tanzania sonaron los tambores, ulularon y cantaron “Utukuzwe” (Sean Glorificados) y “Aleluya”, la alegría fue contagiosa.

La conmovedora canción fue final apropiado para la ceremonia de envío a misión del pasado 14 de diciembre.

“Nuestras ceremonias de envío a las misiones son unos de los eventos más importantes y alegres en la vida de Maryknoll”, dijo la Hermana Antoinette Gutzler, presidenta de las Hermanas Maryknoll, en su discurso. “Dan testimonio de nuestra comprensión evolutiva de la misión intercultural, el llamado del discipulado y lo que significa ser parte de las comunidades llenas de fe que llamamos Maryknoll”.

Los directores de las cuatro entidades Maryknoll (Padres y Hermanos, Hermanas, Misioneros Laicos y Afiliados) participaron en el envío de los cuatro nuevos misioneros laicos Maryknoll y una Hermana Mary-
knoll, quienes recibieron sus cruces misioneras, expresaron su compromiso y fueron bendecidos por su partida. Ellos son Brenda Seymour, de Massachusetts, enviada a Kenya; la Hermana Maryknoll Rolande Pendeza Kahindo, de la República Democrática del Congo, a Timor Oriental; Julie Lawler, de Texas, a Camboya; Greg Garrity, de Connecticut, a Kenya y Jillian Foster, de Ohio, a Haití.

Los cinco nuevos misioneros Maryknoll leyeron la oración de compromiso durante su ceremonia de envío el pasado diciembre. (Meinrad Scherer-Emunds/Nueva York)

Marj Humphrey, directora de misiones de los Misioneros Laicos Maryknoll, le da una cruz misionera a Greg Garrity durante la ceremonia de envío en diciembre del 2019.(Debbie Northern/Nueva York)

En su bienvenida, Ted Miles, director ejecutivo de los Misioneros Laicos Maryknoll, dijo: “La belleza, la sabiduría y la gracia presentes en cada cultura nos recuerdan que Dios no está limitado por las fronteras internacionales de ningún país. De hecho, el amor de Dios no tiene fronteras”.

Miles citó de una homilía del Papa Francisco que “el cristiano … siempre está en movimiento, con rumbo al exterior. Ir es, de hecho, el imperativo de Jesús en el Evangelio”.

La “misión”, dijo Miles, “requiere abrirse camino en el desierto, ir más allá de lo que es familiar y cómodo, ir con paciencia y confianza en el camino, vigilando con ojos compasivos de que no perdamos la invitación de Dios al amor, naciendo de nuevo donde quiera que estemos”. Él pidió a todos que dieran gracias por y para los cinco nuevos misioneros Maryknoll. “Te damos gracias a ti y a todos los misioneros que eligen decir ‘Sí’ cuando Dios dice ‘Ve’. Te damos gracias, porque tu sí da testimonio del amor de Dios, que siempre y en todas partes está haciendo algo nuevo en nosotros y en el mundo. Y damos gracias a nuestro Dios, cuya gracia y alianza con cada uno hace posible todo esto”.

Los directores de las entidades Maryknoll (Padres y Hermanos, Hermanas, Misioneros Laicos y Afiliados) participaron en el envío de los nuevos misioneros Maryknoll. (Meinrad Scherer-Emunds/Nueva York)

Christina Lamas, directora ejecutiva de la Federación Nacional para el Ministerio de la Juventud Católica, se dirigió a los misioneros en su discurso: “Al llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo, nos recuerdan a través de su valiente testimonio que todos aquí somos llamados a ser un regalo donde estemos”. Y repitió las palabras de Madre Mary Joseph Rogers, fundadora de las Hermanas Maryknoll: “Vayamos juntos y veamos lo que Dios nos tiene reservado”.

El compromiso con la misión en ultramar y con Maryknoll está arraigado en la familia de Garrity: su tío Thomas Garrity y su tía Rosemary Garrity fueron sacerdote y hermana Maryknoll. Ambos sirvieron en misión en América Latina. Por su ejemplo, dice Greg, él siempre quiso ir a la misión. “Ahora que me he retirado de mi carrera en servicios sociales y mis cuatro hijos han crecido, es un buen momento para cumplir un objetivo de vida: servir a la Iglesia y a Cristo en una misión en el extranjero”.

Aunque la hermana Kahindo creció en Congo, conoció a las Hermanas Maryknoll en Tanzania. “Me sentí atraída a su simplicidad de vida, su espíritu misionero de cruzar las fronteras para conocer a quienes viven en los márgenes y su disposición a ir a zonas remotas y compartir la vida con los pobres de acuerdo con sus talentos. La hermana Kahindo hizo sus primeros votos en agosto pasado.

Nuevos misioneros Maryknoll durante su ceremonia de envío el pasado diciembre. (Meinrad Scherer-Emunds/Nueva York)

En los años setenta y ochenta, Seymour sirvió como voluntaria del Cuerpo de Paz en Kenya y con el Movimiento de Voluntarios Misioneros en Uganda. También se retiró recientemente, en su caso, de enseñar inglés como segundo idioma. Seymour se unió a los Misioneros Laicos Maryknoll porque “quería contribuir a la justicia y la paz en el mundo, especialmente ahora porque hay tanta división en el mundo”. Ella dice que está respondiendo al llamado del Evangelio a ser “los cuidadores de nuestros hermanos y hermanas”.

Como una maestra de educación para sordos durante los últimos 11 años, Julie Lawler está entusiasmada con el Programa de Desarrollo de Sordos de Maryknoll en Camboya, donde ahora sirve. Su nueva misión le permite unir su pasión por la educación para sordos junto con su compromiso con la fe católica y con la misión.

A sus 23 años, Jillian Foster es la más joven del grupo. Después de graduarse de la Universidad de Dayton en 2018, se unió a FrancisCorps, sirviendo a adultos con discapacidades en la comunidad de L’Arche en Syracuse, Nueva York. Asignada a Haití, ella vive en comunidad con otros dos misioneros laicos Maryknoll, ayudando a expandir los ministerios de la relativamente nueva presencia de los Misioneros Laicos Maryknoll allí.

En la oración de compromiso que leyeron en voz alta durante el envío, los nuevos misioneros se comprometieron “a presenciar las Buenas Nuevas de Jesucristo, en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas marginados y oprimidos”. También prometieron “cuidar la tierra, nuestro hogar común, y a responder en servicio para ayudar a crear un mundo más justo y compasivo”. Y se comprometieron “a esta sagrada misión de construir Tu reino en la tierra con justicia, paz y amor”.