El Padre Maryknoll Eugene Murray bendice a la feligresa Wei Ren Jr en su parroquia de Nuestra Señora de China en el área de Taichung, Taiwán. (Nile Sprague/Taiwán)

Misionero octogenario refleja el amor de Dios

El Padre Maryknoll Eugene Murray resume la esencia de sus 62 años de sacerdocio misionero en dos frases: ser amable con las personas y confiar en la gracia de Dios.

“Disfruto mi vida misionera. Me encanta la parte sacramental de celebrar misa, dar la Comunión, ayudar a las personas en su relación con Jesús”, dice. “Mientras haces la obra misionera, tratas de mantenerte cerca de nuestro Señor y le pides Su ayuda y Sus gracias”.

Sus feligreses en la Iglesia de Nuestra Señora de China están ansiosos por enumerar las formas en que la bondad del sacerdote ha impactado a su comunidad. “Es desinteresado y tiene una sonrisa cálida”, dice Wei Ren Jr, quien fue bautizada en la parroquia y aprendió sobre la Biblia del padre Murray. “Comparte el amor de Dios en su vida diaria”.

Wang De Lan, una nueva feligresa, dice que está impresionada por la paciencia del sacerdote. “Él nunca habla de las faltas de los demás”, dice ella. “Realmente me gusta su forma de guiarnos. Es un buen pastor”.

El padre Murray y miembros de la Legión de María visitan a feligreses semanalmente en Taichung. El sacerdote ha servido a la gente de su parroquia por 35 años. (Cortesía de la Iglesia Nuestra Sra. De China/ Taiwán)

En Taiwán, el padre Murray, quien cumplirá 88 años este mayo, es conocido como el padre Dzeng Syan Dau, que significa “alguien que manifiesta la enseñanza”. Los feligreses explican cómo él enseña con el ejemplo.

“Ha encontrado muchas ovejas perdidas”, dice Wei a través de un intérprete. “Se preocupa por la comunidad, yendo a los hospitales y la cárcel”.

El padre Murray ha trabajado en varias parroquias, ha sido director del Centro de Idiomas Maryknoll en Taichung y enseñó inglés en una escuela secundaria y una universidad católica. También trabajó como capellán de la prisión durante más de 20 años, visitando a los internos semanalmente. “Uno de ellos animó a toda su familia a bautizarse y se unió a la Legión de María”, dice el padre Murray.

Eugene Murray, quien creció con ocho hermanos en el Bronx, Nueva York, se inspiró para ser sacerdote cuando escuchó al Padre Maryknoll Joseph English mientras asistía a la Escuela Secundaria Cardenal Hayes. “Nos habló de cuántas personas aún no han escuchado el nombre de Jesús, especialmente en lugares como China”, recuerda el padre Murray. “Eso me conmovió”.

El padre Murray, feligreses y dos sacerdotes de Corea y Filipinas que viven en la parroquia, sonríen después de una Misa en la Iglesia Nuestra Señora de China en la Diócesis de Taichung. ( Cortesía de la Iglesia Nuestra Sra. De China/ Taiwán)

El padre Murray ha servido como párroco de la Iglesia Nuestra Sra. De China desde 1985. (Nile Sprague/Taiwán)

En la actualidad, agrega, las necesidades de las personas no son financieras sino espirituales. En Taiwán, aproximadamente el 1.5 % de la población es católica. “La gente está buscando cosas que den más sentido a sus vidas”, dice. “No es solo ganar dinero y producir muchos bienes lo que te hace feliz. Es la paz mental que viene de Dios”.

Durante los tres años que pasó fuera de Taiwán, el trabajo del padre Murray incluyó ayudar a la Conferencia Católica de los Estados Unidos a reasentar a refugiados vietnamitas después de la Guerra de Vietnam.

El misionero regresó a Taiwán en 1976 y fue asignado a la parroquia de Shalu, que no tenía muchos católicos practicantes. El padre Murray y el catequista de la parroquia visitaron a los católicos registrados para invitarlos a regresar a la Iglesia.

Entonces Murray, de 15 años, se unió a Venard, el seminario menor de Maryknoll en Pennsylvania. Once años después, fue ordenado sacerdote. Fue asignado a Taiwán en 1958. “Se convirtió en toda mi vida”, dice.

Al recordar el Taiwán que encontró por primera vez, el padre Murray dice: “Era una sociedad agrícola”, donde la gente trabajaba en campos de arroz, pero tenía tiempo entre la siembra y la cosecha para escuchar a los sacerdotes y catequistas. “Tal vez 40 a 50 personas estudiaban la doctrina y se bautizaban juntas, formando una comunidad”, dice.

La industrialización transformó a Taiwán en la década de 1960, dice, lo que llevó a los jóvenes a mudarse a las ciudades para trabajar en fábricas. A pesar de que la Diócesis de Taichung y Maryknoll se acercaron a los católicos en las ciudades, dice, las demandas de la vida moderna hicieron más difícil atraer a nuevas personas en la Iglesia. “La gente está ocupada todo el tiempo, durante todo el año”, dice el misionero.

El padre Murray les enseña a feligreses parte del libro sobre Maryknoll en Taiwán. (Nile Sprague/Taiwán)

El misionero octogenario se siente bendecido de poder dedicar su vida a hace la labor de Dios en Taiwán. (Nile Sprague/Taiwán)

Recuerda a Tio Bi Le, una joven quien trabajaba en una fábrica y fue su primera catecúmena en Shalu. Antes de bautizarse, su madre le dijo: “Oh, vas a ser un fantasma hambriento”, refiriéndose a la costumbre de llevarle comida para los muertos durante los días de fiesta. El padre Murray agrega: “Le dijo a su madre: ‘No, no seré un fantasma hambriento. Recuerdo haber escuchado la doctrina con mucho cuidado, y para los católicos, hay un banquete eterno en el cielo’”. Luego se convirtió en catequista, se casó y crió hijos católicos.

“Las personas que creen y son bautizadas son bastante leales”, dice el padre Murray. “Es gratificante ver cuánto valoran su fe”.

Desde 1985, el padre Murray ha servido en la parroquia de Nuestra Señora de China en Ching Shui. “La mayoría de mis católicos son chinos continentales que vinieron en 1949 con Chiang Kai-shek”, dice.

El ejército nacionalista chino de Chiang Kai-shek se retiró a Taiwán después de ser derrotado por los comunistas bajo Mao Zedong. Los soldados y sus familias vivían en aldeas militares que el gobierno taiwanés construyó para ellos.

El padre Murray visita a feligreses mayores o enfermos por lo menos tres veces a la semana, llevándoles los sacramentos. (Cortesía de la Iglesia Nuestra Sra. De China/ Taiwán)

Hace diez años, el gobierno recuperó la tierra, construyó edificios de 10 pisos y trasladó a la gente a estos apartamentos. Los soldados y sus familias, que llegaron cuando tenían 20 años, ahora son ancianos y a menudo necesitan los cuidados de trabajadores extranjeros. “Los visito a menudo con los miembros de la Legión de María”, dice. “Les llevamos la Comunión y les damos la unción de los enfermos, si es necesario”.

“Él es como una figura paterna”, dice Li A Hau, una feligresa que acompaña al padre Murray en sus visitas. “Cuando un feligrés necesita algo, él padre trata de satisfacer todas las necesidades del feligrés. Pero el padre nunca les pide a los feligreses que hagan algo por él”.

El padre Murray se convirtió oficialmente en ciudadano taiwanés en 2017, después de que el gobierno permitiera a los extranjeros tener doble ciudadanía. “Solicité la ciudadanía alentado por algunos de mis católicos”, dice.

Muchos feligreses elogian su fluidez en los idiomas mandarín y taiwanés. “Está completamente inmerso en nuestra cultura, tradición, familia y valores sociales taiwaneses”, dice Wei. “Excepto por su apariencia, es totalmente taiwanés”.

El padre Murray se siente agradecido de poder compartir el mensaje de Dios en Taiwán. “El crédito es para Dios y la gracia de Dios”, dice.

La comunidad del padre Murray en Taichung es muy devota y activa. En la foto se ve a los niños que participan del catecismo. (Cortesía de la Iglesia Nuestra Sra. De China/ Taiwán)

Al padre Murray siempre se le puede encontrar en el confesionario antes de la misa, dicen sus feligreses (Nile Sprague/Taiwán)