Amistades en Cristo en Taiwán
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Misionero en Taiwán ayuda a compartir la Buena Nueva siendo hospitalario

Desde su primera asignación como párroco en Taiwán, hace más de 27 años, el Padre Maryknoll Nhuan Nguyen tiene la costumbre de invitar a amigos y feligreses a tomar té o comer una comida casera, preparada por él.

Un día, al servir el té para sus visitantes, el misionero elogió las virtudes del té verde, un regalo de una amiga de 90 años. “Ella no tiene presión arterial alta y tiene buena memoria”, dice el misionero. “Así que bebo té para tener buena salud”.

Para el padre Nguyen, el té, y la amistad asociada con este, es parte de su ministerio misionero.

Una mujer local y el padre Nguyen están jun- to a una cruz hecha por el misionero a pedido de un sacerdote vietnamita enTaiwán. (Cortesía de Nhuan Nguyen/Taiwán)

Una mujer local y el padre Nguyen están jun- to a una cruz hecha por el misionero a pedido de un sacerdote vietnamita enTaiwán. (Cortesía de Nhuan Nguyen/Taiwán)

El sacerdote dice que evangelizar en Taiwán, donde los católicos son sólo el 1,5% de los casi 24 millones de habitantes, no es fácil. Sin embargo, dice, la forma de ayudar a otros a conocer a Jesucristo es “de amigo a amigo”.

Él hace amigos fácilmente, probablemente porque habla y bromea mucho. Él continúa esta costumbre en su parroquia actual, St. Joseph the Worker, en la Diócesis de Chiayi.

“Debido a que el padre Nguyen es bastante hospitalario con sus visitantes, estamos comenzando a atraer a creyentes”, dijo el Arzobispo de Taipéi, Thomas Chung An-zu, quien, cuando era obispo de Chiayi, invitó al sacerdote a ser el primer misionero Maryknoll que sirve en la diócesis.

Él espera que se replique la exitosa labor evangelizadora del sacerdote Maryknoll en la Iglesia Guadalupe, en la Diócesis de Taichung. “El padre Nguyen tiene experiencia en hacer crecer la parroquia local, convirtiéndola en un lugar de peregrinaje”, dijo el arzobispo durante una visita.

Cuando el padre Nguyen llegó a St. Joseph en 2017, el terreno de la iglesia estaba en ruinas. Las malas hierbas cubrían la propiedad y “sólo las palomas venían a quedarse aquí”, recuerda.

“La iglesia estaba en muy malas condiciones”, dice el Dr. John Chu. Él y su esposa, Justine, solían ir a iglesias cercanas antes de que llegara el padre Nguyen.

El padre Nguyen muestra una estatua de San José ayudando a Jesús, una de muchas estatuas en el terreno de la Iglesia St. Joseph the Worker. (Cortesía de Nhuan Nguyen/Taiwán)

El padre Nguyen muestra una estatua de San José ayudando a Jesús, una de muchas estatuas en el terreno de la Iglesia St. Joseph the Worker. (Cortesía de Nhuan Nguyen/Taiwán)

Se necesitaron seis meses para arreglar la iglesia, dice el misionero. Con fondos parroquiales limitados, él usó su experiencia en su antigua parroquia y en la construcción de escuelas y hogares para los necesitados en su Vietnam natal. También contó con el apoyo económico de sus amigos católicos en Taichung.

Los nuevos feligreses dicen que las estatuas en el recinto de la iglesia, que el padre Nguyen obtuvo de Vietnam, atraen a vecinos y a viajeros. “Las estatuas de mármol de San José ayudando al joven Jesús, la Asunción de María con los ángeles circundantes, los doce discípulos, son tan llamativas que los taiwaneses saben que esta es una iglesia católica”, escribieron los Chu en un correo electrónico.

“Le doy la bienvenida a cualquier persona que quiera venir”, dice el padre Nguyen, quien cumplirá 68 años en mayo. “Abro las puertas de la iglesia. La gente entra para tomar fotografías con las estatuas. Voy a ellos de inmediato y empiezo conversaciones”.

  El padre Nguyen visita a la madre, de 96 años, de un feligrés de Taichung. Visitar a los enfermos y ancianos en hospitales o hogares es parte del ministerio del misionero. (Cortesía de Nhuan Nguyen/Taiwán)

El padre Nguyen visita a la madre, de 96 años, de un feligrés de Taichung. Visitar a los enfermos y ancianos en hospitales o hogares es parte del ministerio del misionero. (Cortesía de Nhuan Nguyen/Taiwán)

En diciembre pasado, el padre Nguyen recibió una llamada de un hombre que pedía una misa fúnebre para su esposa. “La señora era budista. Todos eran budistas”, dice el misionero, quien fue a visitar a la familia. “Le pregunté ‘¿Por qué una misa?’ y dijeron que la esposa había trabajado en un jardín de infancia católico”. La familia quería ir a la iglesia ese viernes, que era el 25 de diciembre. “Había mucha gente cantando por la Navidad y dije que Jesús nació para nosotros y nos trajo una nueva vida. La familia estaba muy feliz. Seguimos en contacto”.

El padre Nguyen pasa la mayor parte de su tiempo visitando hospitales, atendiendo a ancianos y cultivando amistades—mientras comparte la Buena Nueva. También pastorea a trabajadores migrantes vietnamitas.

Durante este Año de San José, la parroquia está animando a los jóvenes trabajadores vietnamitas a seguir el ejemplo de paternidad del santo, dice el padre Nguyen.

“Dejaron su tierra natal para venir aquí y ganar algo de dinero para que sus familias puedan vivir decentemente”, dicen los Chu, agregando que la fe de los trabajadores trae nueva vida a la parroquia.

La iglesia acoge de 25 a 35 trabajadores migrantes vietnamitas que asisten a misa los domingos. En días festivos, como Navidad y Año Nuevo Chino, llegan hasta 100. “Si la gente no puede venir es porque están trabajando horas extras”, dice el padre Nguyen sobre los jóvenes migrantes. “Siempre están trabajando, trabajando, trabajando. Les digo que si están demasiado ocupados, recen en casa. Pero que no se olviden del domingo”.

También los anima a mantenerse en contacto unos con otros. “Están solos”, explica. “Los visito a veces”.

El padre Nguyen aprendió en su tierra natal sobre la importancia de salir a servir a la gente. Como monaguillo, Nhuan, de 10 años, se unió al Padre Vu Dinh Trong, su párroco, durante las visitas domiciliarias en un suburbio al sur de Saigón, la capital de Vietnam del Sur en ese entonces. El país estaba en guerra entre el Norte comunista y el Sur anticomunista. Cada semana había un funeral o misa conmemorativa, recuerda. Durante las visitas, el párroco daba la Comunión a las personas que estaban de luto.

Trabajadores migrantes vietnamitas comparten una comida con el padre Nguyen después de la misa, en la época en que el sacerdote trabajaba para reconstruir la parroquia. (Cortesía de John y Justine Chu/Taiwán)

Trabajadores migrantes vietnamitas comparten una comida con el padre Nguyen después de la misa, en la época en que el sacerdote trabajaba para reconstruir la parroquia. (Cortesía de John y Justine Chu/Taiwán)

Un día, el sacerdote necesitaba recaudar dinero para la iglesia. “Acudió a todas las familias”, dice el padre Nguyen. “Pero cuando íbamos a una familia pobre, él no pedía dinero, les daba dinero”.

Inspirado por el ejemplo del sacerdote y la fuerte fe católica de su propia familia, Nhuan ingresó al seminario menor de la Congregación Mother Co-Redemptrix cuando tenía 13 años. Ahí aprendió construcción y carpintería, construyendo casas para necesitados. Pero en 1975, cuando los comunistas tomaron el poder, fue uno de los miles que huyeron a Estados Unidos en botes.

Más tarde, dejó la congregación y obtuvo una licenciatura en ciencias de datos para negocios. Siguiendo un sueño de servir a otros en el extranjero, ingresó a Maryknoll en 1985. Fue ordenado como el primer sacerdote vietnamita de Maryknoll en 1993.

Asignado a Taiwán, se enfocó en aprender la historia, la cultura y el idioma del país. Rápidamente, se hizo amigo de los taiwaneses. “Si sabes mandarín (el idioma oficial), la gente te dice ‘hola y adiós’, pero el idioma taiwanés es para la familia”, dice.

El misionero está feliz de que St. Joseph the Worker sea ahora un lugar acogedor, donde los feligreses participan en actividades de evangelización, incluidas procesiones y celebraciones. Estos eventos, dice, ayudan a las personas a reconocer que Dios ya vive y actúa en esta área de Chiayi.

Imagen destacada: El Arzobispo de Taipéi Thomas Chung An-zu (izquierda), entonces obispo de Chiayi, visitó al Padre Maryknoll Nhuan Nguyen en su parroquia en 2018. (Nile Sprague/Taiwán) 

About the author

Maria-Pia Negro Chin

Nació y creció en Lima, Perú. Completó una maestría en periodismo con especialización en multimedia en la Universidad de Maryland y una licenciatura en comunicaciones en La Universidad de Loyola en Maryland. Como directora asociada, ella escribe, edita y traduce artículos para las revistas MISIONEROS y MARYKNOLL de los Padres y Hermanos Maryknoll. Su trabajo ha sido premiado por la Asociación de Prensa Católica de Estados Unidos y Canadá. Vive en Nueva York, Estados Unidos, con su esposo e hijo.

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