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Las Hermanas Maryknoll celebran 100 años de misión mundial.

El 12 de septiembre de 1921: las primeras Hermanas Maryknoll partieron para la misión en China. Su partida fue alegre y a la vez triste, ya que se despidieron de sus familias y patria de por vida. 

Los viajes en avión no eran comunes, por lo que las seis mujeres se embarcaron en un viaje de 40 días por un mar agitado hasta Kowloon, Hong Kong. Se sintieron aliviadas al ver a sacerdotes y hermanos Maryknoll en la orilla gritándoles desde lejos y saludándolas en señal de bienvenida. Las Hermanas Paul McKenna, Lawrence Foley, Barbara Froehlich, Rose Leifels, Monica Moffatt e Imelda Sheridan habían arribado. Después siguió un siglo de hermanas en misión extranjera.

A principios del siglo XX, valientes hombres y mujeres jóvenes católicos aspiraban a viajar a China, dispuestos a dar su vida para difundir el Evangelio de Jesús y “salvar almas”. Los primeros hombres de Maryknoll que llegaron en 1918 se habían dado cuenta de que se necesitaban misioneras para ministrar a las mujeres de China. Sin embargo, muchos, especialmente en el Vaticano, dudaban de que las mujeres estadounidenses pudieran soportar los rigores de la vida en el Oriente.

Llenas de entusiasmo e ideas románticas de ser misioneras, las hermanas no tenían experiencia y no estaban preparadas para la vida en China. Pero, fortalecidas por su profunda fe, y la gracia salvadora del sentido del humor, se remangaron las mangas y se pusieron a trabajar. Las mujeres fregaron las paredes y los pisos de la vieja casa donde establecieron su residencia. Pronto tuvieron una pequeña capilla para el Santísimo Sacramento.

En 1922, llegaron seis hermanas más. Ante la invitación del Padre Maryknoll Francis X. Ford, un grupo fue a Yeungkong, en el sur. Allí, el padre Ford las puso a cargo de una escuela, una casa para ancianos y niñas ciegas, un orfanato y un dispensario.

La Hermana Gertrude Moore, una enfermera, dirigió el dispensario. En 10 meses trató unos 6.000 casos de parásitos, enfermedades de la piel, envenenamiento de la sangre e infecciones de ojos. Cuando estalló una epidemia de fiebre tifoidea, la hermana Gertrude atendió de 50 a 100 pacientes al día, hasta que contrajo la enfermedad y murió unas semanas después. Este fue un golpe terrible para el grupo de las misioneras principiantes.

100 años de envío: La Hermana Maryknoll Madeleine Sophie Karlon, quien fue enviada a China en 1934, se dedicó a la labor de la evangelización directa con mujeres y niños en la Diócesis de Kaying.

La Hermana Maryknoll Madeleine Sophie Karlon, quien fue enviada a China en 1934, se dedicó a la labor de la evangelización directa con mujeres y niños en la Diócesis de Kaying.

La Madre Mary Joseph Rogers, la madre superior de las Hermanas Maryknoll, visitó a las hermanas en China por siete meses. Allí compartió con ellas el dolor por la muerte de la hermana Gertrude y también experimentó las difíciles condiciones de vida que soportaban sus jóvenes hermanas. Por ejemplo, el único medio de transporte local era en sucios “juncos”, botes abarrotados de animales de granja en jaulas y un balde como instalaciones sanitarias.

Durante la visita de la madre Mary Joseph, el padre Ford observó con qué facilidad las mujeres y los niños chinos se relacionaban con ella y las hermanas. Le preguntó si permitiría que parejas de hermanas visitaran a las mujeres rurales en sus hogares. Era inaceptable que los hombres lo hicieran. Las hermanas podrían quedarse con las familias, hacer amistades y aprender de ellas. La madre Mary Joseph lo aprobó de todo corazón: ¿no fue así como Jesús envió a sus discípulos a evangelizar, de dos en dos?

La Hermana Maryknoll Paulita Hoffmann, asignada al área de Hakkaland in 1938, recuerda, “El padre Ford nos dijo enfáticamente, ‘Los cristianos construirán escuelas y orfanatos más tarde; ustedes están aquí para traerles el don de la fe y enseñarles la doctrina’’. 

“El problema era que teníamos que aprender el dialecto local de las mujeres, que era diferente al cantonés”, explicó la hermana Hoffmann. Hubieron muchas risas, dijo, mientras las hermanas intentaban repetir las palabras usando inflexiones que las mujeres del pueblo les enseñaron.

“Después de copiar cuidadosamente lo que escuchábamos en nuestros cuadernos, cuando íbamos a casa, les dábamos las nuevas palabras y frases a dos de las hermanas que las estaban reescribiendo en un libro”, continuó la hermana Hoffmann. “Después de cuatro o cinco años, tenían un curso completo ¡con 18 libros!” 

Este nuevo tipo de ministerio (llamado “evangelización directa”) fue recibido con críticas por otras congregaciones religiosas, que se opusieron a que hermanas dejaran la protección y seguridad del convento. El aliento llegó en 1939 con una carta a la madre Mary Joseph del cardenal Pietro Fumasoni-Biondi. Él elogió sus esfuerzos y escribió: “Tal trabajo y sacrificio … muestra coraje y devoción”.

Para 1941, había más de 450 misioneros Maryknoll en Asia (sacerdotes, hermanas y hermanos). En un momento, aproximadamente 100 hermanas atendían cuatro escuelas primarias y dos secundarias en Hong Kong.

Un doloroso cambio de curso llegó con la Segunda Guerra Mundial. Los misioneros en China fueron vistos como espías estadounidenses. Muchos fueron internados y otros deportados. Peor aún, la posterior toma de posesión comunista destruyó la mayoría de las misiones. Algunas hermanas fueron internadas en prisión; a otras las mantuvieron bajo arresto domiciliario, y se habrían muerto de hambre si los amables vecinos no les hubieran dejado comida en secreto. En 1951, las Hermanas Maryknoll abandonaron China renuentemente.

(Déle clic a la imagen para ver una presentación de fotos de las Hermanas Maryknoll)

Imágenes de Maryknoll Mission Archives: 1) La Hermana Marie de Lourdes Bourguignon, enfermera titulada, le venda el pie a un joven paciente en Yeungkong en 1923. 2) Las Hnas. Lawrence Foley (izq.) y Monica Moffatt en misión en Yeungkong en 1923. 3) La Hna. Paul McKenna (izq.) y la Madre Mary Joseph sonríen con niños en China en 1926. 4) La Hermana Paulita Hoffmann, quien falleció en el 2019 después de haber servido como una misionera Maryknoll por 85 años, saluda a una madre y su bebé en Kaying donde profesó sus votos perpetuos en 1939. 

Con la puerta cerrada para ellas en China continental, las hermanas cruzaron a Hong Kong para acercarse a los millones de chinos que huían de su tierra natal en busca de un nuevo hogar y libertad. Hoy, solo hay nueve hermanas Maryknoll en la Región de China. Pero las escuelas y un hospital continúan, administrados de manera eficiente por los chinos. Aunque los cristianos chinos fueron perseguidos, y sus iglesias destruidas, ellos tenían la semilla de la fe profundamente arraigada en sus corazones.

En 1962, el Concilio Vaticano II buscó adaptar pastoralmente la Iglesia y el apostolado a un mundo en plena transformación. Era una época nueva, una época para revisar las ideas sobre la misión. La “evangelización directa” de las hermanas Maryknoll estaba en sintonía con esto. 

Esa comprensión de la misión evolucionó hacia un apostolado de dar a conocer y experimentar la misericordia y el amor de Dios a través del encuentro entre las personas y con Jesucristo en cinco continentes.

Cuando se le preguntó cómo todo esto había afectado su comprensión de su vocación misionera, una hermana dijo: “Entiendo de una manera más profunda que somos enviadas a personas de otras creencias religiosas, no para llevarles a Dios, sino para ayudarles a encontrar a un Dios amoroso dentro de ellas”.

La Hermana M. Colombiere Bradley juega con niñas en un orfanato de Loting, China, uno de los muchos ministerios de las Hermanas Maryknoll en su primer destino misionero.

La Hermana M. Colombiere Bradley juega con niñas en un orfanato de Loting, China, uno de los muchos ministerios de las Hermanas Maryknoll en su primer destino misionero.

Hoy, la presidenta de las Hermanas Maryknoll, Antoinette Gutzler, dice, “A medida que nos acercamos al centenario de la partida de las primeras seis hermanas Maryknoll que fueron a misión en China, nuestros corazones se llenan de gratitud”.

Agrega que las hermanas han elegido el 12 de septiembre como fecha de inicio de su próxima Asamblea General. “Percibiremos las ‘señales de nuestro tiempo’, emprenderemos nuevos caminos en la misión y elegiremos nuestro próximo Equipo de Liderazgo Congregacional”.

La comprensión de lo que es la misión ha cambiado; pero el llamado a salir permanece. “Abrazamos el espíritu de nuestras primeras hermanas que dejaron sus hogares, familias, amigos y todo lo que conocían para predicar el Evangelio”, afirma la hermana Gutzler. “Ellas dieron sus vidas para ‘hacer visible el amor de Dios’. Prometemos hacer lo mismo”.

Imagen destacada: El co-fundador de la Sociedad Maryknoll el Padre James A. Walsh y (sentada, segunda de la izq.) la Madre Mary Joseph Rogers con el primer grupo de misioneras Maryknoll que fueron a China: las Hermanas (de pie, de izq. a dcha.) Imelda Sheridan, Barbara Froehlich, Monica Moffatt; (sentada, izq.) Rose Leifels, (sentada, segunda de la dcha.) Paul McKenna, y (sentada, dcha.) Lawrence Foley. (Maryknoll Mission Archives)

 

¿Quisiera ser una Hermana Maryknoll? Llama a la Hermana Gloria Ardenio Agnes: 914.941.7575 ext. 5612 || vocation@mksisters.org

About the author

Mary Ellen Manz, M.M.

La Hermana Maryknoll Mary Ellen Manz de Jamaica, Nueva York, ingresó a la Congregación de las Hermanas Maryknoll en 1950 después de graduarse de The Mary Louis Academy. Sirvió 20 años como misionera en Chile y 25 años en el sur de Sudán. Ella es el enlace de las Hermanas con las revistas MISIONEROS y MARYKNOLL y ha escrito muchos artículos sobre las Hermanas para nuestras publicaciones.

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