Confiando En el Plan de Dios
Tiempo de lectura: 5 minutos
Por: Maria-Pia Negro Chin
Fecha de Publicación: Dic 1, 2022

Decir “sí” a Dios guía el camino de una discípula misionera.

La gente a menudo le pregunta a Silvana Martínez cómo puede tener una actitud tan positiva en la vida. Ella responde que es una misionera de corazón. “Cada uno de nosotros tiene una pequeña llamita misionera desde nuestro bautismo”, dice Martínez.

La llama en Martínez se encendió cuando se unió al Centro Misionero Maryknoll en Cochabamba, Bolivia, después de trabajar en un banco por 10 años. Sus compañeros de trabajo se sorprendieron de que dejara su puesto como gerente de una sucursal bancaria para comenzar un nuevo trabajo por un tercio del sueldo. Pero Martínez, ahora de 41 años, no tenía dudas de que quería servir a Dios.

“Nosotros, humanamente, queremos hacer las cosas con un poquito de seguridad”, agrega, “pero yo sabía que los planes de Dios eran mejores que los míos”.

Entre sus muchas responsabilidades en el centro de Maryknoll, Martínez coordinó programas de posgrado, trabajó con voluntarios extranjeros, facilitó y trabajó en relaciones públicas, dando a conocer la labor del centro y visitando congregaciones y organizaciones tanto en Estados Unidos como Bolivia. Aprendió de misioneros como el Padre Maryknoll Eugene Toland, un experto en metodologías que ayudan a las personas “empoderándolas en sus relaciones”.

“También podía apreciar el encuentro con los extranjeros que llegaban (como voluntarios),” agrega. “Conversar con ellos, ver a Dios en medio de ellos y ayudarlos a que se sientan cómodos en una cultura diferente”.

Silvana Martínez junto a la imagen de la Virgen de Guadalupe en el Centro Sagrado Corazón, que ayuda a migrantes en Richmond, Virginia. (Cortesía de Silvana Martínez/EE.UU.)

Silvana Martínez junto a la imagen de la Virgen de Guadalupe en el Centro Sagrado Corazón, que ayuda a migrantes en Richmond, Virginia. (Cortesía de Silvana Martínez/EE.UU.)

Durante más de cinco años, Martínez pudo ver a los misioneros Maryknoll en acción: trabajando en orfanatos, con niños que viven con el VIH y con personas sin hogar.

Entre tantos recuerdos, ella menciona cómo, al comienzo de la pandemia de COVID-19, el Misionero Laico Maryknoll Juan Gómez empezó a preparar alimentos para darle de comer al creciente número de personas sin hogar. El proyecto comenzó con 20 personas, pero pronto llegaron filas de personas en busca de un plato de comida. Luego esta respuesta a una necesidad urgente se convirtió en un comedor social para la comunidad. “Eso es lo que nos enseñó Maryknoll”, dice. “Si quieres hacer algo, tienes que empezar a caminar para que el Señor te vaya mostrando lo demás”.

Ese año, sintiendo que había logrado su propósito en el centro y discerniendo un llamado a servir más allá de las fronteras de su país, Martínez tomó una decisión que le cambió la vida. Llegó a Estados Unidos con una maleta y un corazón lleno de confianza en Dios. 

“Yo dije, ‘Voy a ir y me pongo en tus manos, Señor, y tú me vas a dirigir donde quieras que esté’”, recuerda.

Martínez, originaria de la ciudad de Tarija, en el sur de Bolivia, llegó a Virginia y comenzó a buscar trabajo en la Iglesia local para servir a Dios.

“Vi cómo Dios provee”, dice Martínez. Ella comparte que cuando llegó por primera vez, al no tener un automóvil, era difícil movilizarse por Richmond. Una noche, mientras se preguntaba cómo podría llegar a una tienda cuando no tenía nada para comer, escuchó que llamaban a la puerta. Era alguien de su parroquia trayendo un pequeño plato de comida. “Me dije a mí misma: ‘Ese es Dios’”, recuerda Martínez entre lágrimas. “Aunque no tengo familia aquí… no estoy sola porque Dios ha puesto a personas superlindas en mi camino”.

Durante un viaje a Kenya, Martínez visitó a mujeres artesanas en la comunidad Maasai Mara. Hablar con la gente y aprender más sobre su cultura fue lo más destacado de su viaje. (Cortesía de Silvana Martínez/Kenya)

Durante un viaje a Kenya, Martínez visitó a mujeres artesanas en la comunidad Maasai Mara. Hablar con la gente y aprender más sobre su cultura fue lo más destacado de su viaje. (Cortesía de Silvana Martínez/Kenya)

Martínez es fotografiada hablando con niños bolivianos durante una visita al programa de tutoría que dirige la Misionera Laica Maryknoll Phuong Minh Nguyen en Tacopaya. (Cortesía de Silvana Martínez/Bolivia)

Martínez es fotografiada hablando con niños bolivianos durante una visita al programa de tutoría que dirige la Misionera Laica Maryknoll Phuong Minh Nguyen en Tacopaya. (Cortesía de Silvana Martínez/Bolivia)

Martínez, quien es residente permanente en EE.UU., consiguió un trabajo como asistente administrativa en Sagrado Corazón, una parroquia jesuita en Richmond. Allí, usa su español para servir a feligreses de México, Guatemala, El Salvador y Honduras.

Lo mejor de todo, dice, es que trabajar en el Sagrado Corazón le da a Martínez la oportunidad de apoyar a los demás. Además de su trabajo administrativo, ella es voluntaria en la Sociedad de San Vicente de Paúl, que apoya a las personas que viven cerca del umbral de la pobreza. 

También está involucrada con Richmonders Involved to Strengthen our Communities, una organización de ministerio de justicia social compuesta por 22 congregaciones en el área, incluyendo a Sagrado Corazón. La organización crea conciencia sobre vivienda asequible, temas laborales, migración y cuidado de la creación.

“Yo realmente estoy aprendiendo muchísimo”, dice. “Estamos más sensibles a las problemáticas de las personas que vienen a la parroquia”.

Aunque está inmersa en actividades locales, Martínez no ha perdido su conexión con Maryknoll.

“Silvana ha tenido un gran cariño por Maryknoll desde sus días trabajando con nosotros en Cochabamba”, dice Kevin McCarthy, líder del equipo de maestros y catequistas de los Padres y Hermanos Maryknoll. “Desde que se mudó a Estados Unidos, ha seguido colaborando con nosotros”.

Él explica que Martínez ha ayudado a Maryknoll a facilitar cursos virtuales de formación de discipulado misionero y continúa sus lazos con ellos. 

Para mantener su “llamita misionera” ardiendo brillantemente, Martínez continúa su propia formación como discípula misionera. Por eso, se unió a las Comunidades de Empoderamiento de Adultos Jóvenes de Maryknoll (YAE por sus siglas en inglés), un programa de acompañamiento de dos años. Ahora dirige un pequeño grupo de adultos jóvenes en su parroquia, donde comparte la riqueza de recursos que adquirió a través del programa.

El verano pasado, Martínez amplió sus horizontes misioneros cuando viajó a Kenya con un grupo de amigos que acompañaban al recién ordenado Padre John Siyumbu. El grupo asistió  al regreso a casa del padre Siyumbu y también se reunieron con seminaristas Maryknoll y otros misioneros en la casa de Nairobi. “Fue como un viaje de inmersión,” dice. “Teníamos reflexiones y Misa diaria.”

Martínez dijo que lo que más la impresionó del viaje fue conocer a las personas en diferentes comunidades. “Hay mucha riqueza cultural”, dice, y agrega que la gente le recordó apreciar el presente. “Poder compartir con la gente, ¡los niños! Comer con ellos, bailar con ellos, disfrutar de su cultura fue increíble”.

Al volver a Virginia, Martínez anima a estadounidenses y personas que viven en Estados Unidos, especialmente a los jóvenes, a vivir en el presente, ser agradecidos y confiar en Dios.

“Cuando sientas un llamado, sé lo más valiente que puedas y síguelo”, dice. “Ve más allá de la incertidumbre. Ten ánimo en la certeza de que Dios no nos abandona en el camino”. 

Imagen destacada: Silvana Martínez, originaria de Bolivia, en las oficinas de Catholic Volunteer Network en Washington D.C. El voluntariado es una parte importante de su vida, dice. (Cortesía de Silvana Martínez/EE.UU.)

Sobre la autora/or

Maria-Pia Negro Chin

María-Pía Negro Chin nació y creció en Lima, Perú. Completó una maestría en periodismo con especialización en multimedia en la Universidad de Maryland y una licenciatura en comunicaciones en La Universidad de Loyola en Maryland. Como directora asociada, ella escribe, edita y traduce artículos para las revistas MISIONEROS y MARYKNOLL de los Padres y Hermanos Maryknoll. Su trabajo ha sido premiado por la Asociación de Prensa Católica de Estados Unidos y Canadá. Vive en Nueva York, Estados Unidos, con su esposo e hijo.

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