Reflexión Maryknoll: Deténte y escucha a los necesitados

Tiempo de lectura: 4 minutos
Por: La Oficina de Asuntos Globales Maryknoll
Fecha de Publicación: Oct 25, 2024

Por Antoinette “Nonie” Gutzler, M.M.

Tercer domingo ordinario
Domingo 27 de octubre del 2024
Jer 31, 7-9 | Heb 5, 1-6 | Mc 10, 46-52

Hay varios temas en el Evangelio de esta semana que hablan de los “signos de los tiempos” y nos da, en Jesús, un ejemplo de cómo responder a ellos.

San Marcos nos dice que la multitud viajaba con Jesús y que éste “se detuvo” al oír el llamado de Bartimeo, un hombre ciego. Las Escrituras nos dicen que Bartimeo era el hijo de Timeo, así que sabemos que pertenecía a una familia y vemos que Bartimeo, al acercarse, da testimonio del poder transformador de esa urgencia interna de la fe, la cual nos levanta de la muerte hacia la vida.

La multitud presenta un obstáculo para que Bartimeo recobre la visión porque intentan silenciarlo. He aquí una pregunta: ¿Acaso la multitud no quería que se curara al ciego? ¿O acaso sólo unas pocas voces son culpables de acallar al hombre y los demás no dijeron nada? Nuestra respuesta a esta pregunta es importante, porque la realidad es que a veces hacemos o decimos cosas en una multitud que no haríamos o diríamos cuando estamos solos. La presión de un grupo puede comprometer nuestra convicción por aquello que realmente sentimos en nuestros corazones, aquello que la fe interna nos llama a hacer. Nos quedamos, entonces, en silencio.

Luego escuchamos que Jesús “se detuvo” al escuchar las suplicas de Bartimeo. Para mí, esto se asemeja al episodio de Moisés y la zarza en llamas: Moisés tuvo que detenerse para prestar atención y así darse cuenta que la zarza no estaba siendo consumida por las llamas. Las Escrituras nos invitan a especular sobre el ritmo de Jesús al andar. ¿Era lento y deliberado? ¿O era rápido y directo? Sospecho que Jesús caminaba lentamente, permitiéndose así prestar atención a todo a su alrededor y así poder llamar al ciego y hacer que recuperara la vista. Nuestras vidas hoy están tan llenas de tantas cosas para hacer y como sugiere un escritor, “la prisa es el gran enemigo de la vida espiritual”. La prisa resulta en la incapacidad de estar quieto y percibir el dolor, el sufrimiento y la injusticia a nuestro alrededor.

Este Evangelio suscita preguntas incómodas. ¿Cómo vamos a aferrarnos a tener la valentía de ignorar las voces de la multitud, las voces que dicen que “no es nuestro problema”? Además, ¿cuáles son los beneficios de detenerse y prestarles atención a los necesitados alrededor nuestro y en nuestro mundo?

Un ejemplo de esta valentía es la misión de las Hermanas Maryknoll en Panamá, quienes han abierto las puertas de su centro de cuidado pastoral para responder al flujo de inmigrantes entrando por el Tapón del Darién. Las Hermanas se “han detenido” para cuidar a migrantes que han andado de 60 a 100 millas para alcanzar un lugar de refugio y que casi fueron devorados por la jungla del Darién y que aun así son olvidados o vilipendiados por el resto del mundo.

En marzo de este año, la misionera laica Maryknoll Heidi Cerneka, otra mujer de valentía que “se detiene” para escuchar las súplicas de los migrantes, viajó a Panamá para escuchar de primera mano las experiencias y en número récord de migrantes que sobrevivieron el pasaje a través de la jungla del Darién. Ella entrevistó tanto a migrantes como a los trabajadores humanitarios y trabajadores religiosos en el frente de batalla. Ella escribe que los migrantes que sobreviven el viaje son “parte de una realidad global en la que más de 120 millones de personas viven en situaciones de desplazamiento forzado a dejar sus casas de manera involuntaria debido a la violencia, economía y desastres naturales”.

Historias y experiencias como estas le dan vida al Evangelio y desafían nuestro compromiso para seguir a Jesús. El Evangelio también suscita preguntas: ¿Me permito escuchar otras perspectivas respecto a la Iglesia y los problemas sociales de nuestros días? ¿O escucho sólo a aquellos que piensan igual a mí? O quizás, ¿dejo que una multitud que piensa toda igual afecte mi sensatez y no me deje pensar que las cosas pueden ser diferentes? Como dijo el padre dominico Timothy Radcliffe una vez, una comunidad de gente que piensa igual no es un signo del Reino de Dios.

Para mí, la pregunta del Evangelio de esta semana es profundamente personal: ¿Cómo me influencias las voces de la multitud que no me permiten detenerme y que me impiden ver y responder a los necesitados en este mundo? ¿Qué preguntas y desafíos suscita el Evangelio para ti?

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La Hermana Nonie Gutzler de Brooklyn, Nueva York, ingresó a las Hermanas Maryknoll en 1964 y fue asignada a Tanzania en 1971. Ella también sirvió en Taiwán, Hong Kong, Tierra Santa y Estados Unidos. Del 2014 al 2021 fue elegida como presidenta de la Congregación de las Hermanas Maryknoll.

Imagen destacada:  Migrantes de Venezuela y Haití se preparan para subir a un bote en Necolí, Colombia, el 28 de abril del 2023. (OSV/Manuel Rueda, Global Sisters Report)

Sobre la autora/or

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La Oficina de Asuntos Globales Maryknoll (MOGC por sus siglas en inglés) expresa la posición de Maryknoll en debates sobre políticas públicas, con el propósito de ofrecer educación en temas de paz y justicia social, defender la integridad de la creación y abogar por la justicia social, económica y del medio ambiente. Visita maryknollogc.org

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