Reflexión Maryknoll: amar a los marginados

Tiempo de lectura: 5 minutos
Por: Oficina de Asuntos Globales
Fecha de Publicación: Ene 22, 2026

Por Genie Natividad, M.M. 

Tercer domingo del tiempo ordinario
25 de enero de 2026
Isa. 8, 23-9, 3 | 1 Cor. 1, 10-13, 17 | Mt. 4, 12-23 o 4, 12-17

Lo que más me llama la atención de las lecturas de la liturgia de este domingo —en particular del Evangelio de Mateo— es la forma en que se debe llevar a cabo la misión según el ejemplo de Jesús. Él comienza su acercamiento con personas marginadas, la gente de Cafarnaúm. Estas personas parecen estar al margen de la sociedad judía en su mayoría y tienen un historial de marginación.

La regiones de Zabulón y Neftalí formaban parte del Reino del Norte, cual fuera el primero en caer ante la invasión de los asirios y así, el primero en ser obligado al exilio durante unos 70 años. Estas personas eran una mezcla de judíos y no judíos (es decir, gentiles). No se les consideraba judíos puros y eran, por decirlo en términos modernos, “ciudadanos de segunda clase”. Sin embargo, en el Evangelio de San Mateo, fue a estas personas a quienes se les predicó primero la Buena Nueva, la buena noticia en la persona del mismo Jesús, el portador de la luz o, para ser más precisos, la luz misma de la que profetizó Isaías. Esto ya nos dice que el primer ministerio de Jesús fue para los marginados.

De hecho, Jesús siempre estaba ampliando el mundo de sus discípulos. No les dice que se acobarden y se establezcan en la tierra, una postura que iría de la mano del regionalismo. En cambio, los envía con una misión: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos…” (Mateo 28,19-20).

Hacer discípulos (es decir, “discipular”) significaba ir más allá de las fronteras. De hecho, hacer discípulos es construir comunidades fundadas en relaciones justas. Esto es lo que significa construir el reino de Dios.

Hay tres cosas que debemos recordar de esto:

1. La misión de Jesús se caracteriza por la misericordia y la compasión, no por juzgar al otro.
2. La misión de Jesús es inclusiva, no exclusiva; y es expansiva.
3. La misión de Jesús comienza y termina con los más pequeños, los pobres; en otras palabras, los marginados. La Iglesia basaría su enseñanza social en este principio: la opción por los pobres. 

Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Quién llevara a cabo la misión de Jesús en nuestros tiempos? Si seguimos el ejemplo de Jesús, ¿por dónde empezaríamos? La suya fue una misión para los vulnerables y marginados, una misión en los márgenes.

Nosotras las Hermanas Maryknoll, en nuestra Asamblea General de septiembre de 2021, dijimos: “Al observar los signos de los tiempos, nos comprometemos a abordar el cambio climático, la migración y todas las formas de discriminación como un enfoque prioritario para nuestro ministerio”.

Del mismo modo, el Papa Francisco ha hablado sobre el fenómeno mundial de la migración y el papel que desempeñan las iglesias, los religiosos y las comunidades de fe en esta crisis que atraviesa nuestro mundo.

En la 104ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, celebrada en 2018, afirmó: “Cada extranjero que llama a nuestra puerta es una oportunidad para encontrarnos con Jesucristo, que se identifica con los extranjeros acogidos y rechazados de todos los tiempos. Es necesario un cambio de actitud hacia los migrantes y los refugiados por parte de todos. Alejémonos de una actitud temerosa y defensiva, de la indiferencia y la marginación y adoptemos una actitud saludable basada en la cultura del encuentro”.

En consonancia con la misión de Jesús en los márgenes, nuestra comunidad se ha unido a otras para responder a la convocatoria de voluntarios para servir en la frontera entre Estados Unidos y México. Formé parte de un equipo de Hermanas Maryknoll que trabajó en Casa Alitas Welcome Center en Tucson, Arizona. Allí, en la frontera, acogimos a viajeros cansados, hambrientos y agotados de diferentes nacionalidades, todos en busca de refugio en Estados Unidos.

Durante uno de mis viajes al aeropuerto, acompañé a una madre mexicana y a su hijo de tres años hasta la puerta de embarque para esperar la salida del avión. Se les autorizó a viajar para reunirse con un familiar que los iba a acoger. Mientras esperaban, llegó otro vuelo. Uno de los recién llegados era un niño blanco estadounidense, también de la misma edad que el niño mexicano. Lo acompañaba su madre. Al ver al niño en la sala de espera, sin ton ni son, el recién llegado corrió hacia el pequeño mexicano y lo abrazó. El niño mexicano le correspondió. Todos se quedaron atónitos. Ante nuestros ojos estaba sucediendo algo totalmente inesperado: un gesto de hospitalidad y aceptación, sin preguntas, sin condiciones, tan inocente y sincero. No fue necesario intercambiar palabras.

No se presentaron ni sellaron documentos en papel. El abrazo que se produjo sin vacilar lo decía todo. Para los niños, no hay fronteras ni márgenes. El mundo entero es un patio de recreo donde todos son bienvenidos.

Estar en Casa Alitas Welcome Center con otros voluntarios fue una fuente de inspiración y fortaleza para mí. Estos voluntarios provenían de todos los ámbitos de la vida, de diferentes tradiciones religiosas, incluyendo judíos, musulmanes y cristianos. Había un sentido de cooperación y colaboración entre nosotros que surge de forma natural cuando nuestro objetivo común es el mismo: responder lo mejor posible a los derechos humanos básicos y las necesidades de cada persona que se cruza en nuestro camino. Me preguntaba: ¿qué los atrae a este lugar? ¿Qué les da la energía para estar con los migrantes que llegan en masa? ¿Qué los mantiene en marcha cuando las cosas se ponen difíciles? Nos une un mismo propósito: ofrecer misericordia y compasión.

Independientemente de nuestra tradición religiosa o ideología, compartimos la convicción de Jesús de que el servicio debe comenzar y terminar con los más pequeños, los marginados: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo” (Mateo 25,45).

Al final, creo que lo que nos motiva es un profundo sentido de satisfacción y gratitud cuando respondemos al llamado de Dios de estar con los demás. Nuestra fundadora, la Madre Mary Joseph, como la llamamos cariñosamente, dijo: “La parte que le corresponde al misionero es una conciencia especial de la sed y el hambre de Dios por el amor de todos. Fue para satisfacer este amor que vinimos aquí”.

La Hermana Maryknoll Genie Natividad, de las Filipinas, se unió a la congregación en 2007. Su primera asignación fue a Tanzania, donde sirvió a mujeres y niñas, además a personas con VIH/sida. También fue voluntaria en casas de acogida para migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos. Actualmente es parte del equipo de liderazgo de la congregación. 

Para leer otras reflexiones sobre las Escrituras publicadas por la Oficina de Maryknoll para Asuntos Globales, haga clic aquí.

Imagen destacada: La Hermana Maryknoll Genie Natividad ayuda a los niños con ejercicios de sanación del trauma en la Fundación Karibu (“Bienvenida”) para niños maltratados, fundada por una mujer canadiense con el fin de ayudar a poner fin al maltrato infantil. (Nile Sprague/Tanzania)

Sobre la autora/or

Oficina de Asuntos Globales

La Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll expresa la posición de Maryknoll en debates sobre políticas públicas en Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y ante los gobiernos de Estados Unidos y otros países, con el propósito de ofrecer educación en temas de paz y justicia social, la integridad de la creación y abogar por la justicia social, económica y del medio ambiente.

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