Católicos de EE. UU. se unen a Maryknoll y CRS en un viaje de inmersión misionera a Guatemala
Cuando me invitaron a unirme a un grupo de Maryknoll y colaboradores de Catholic Relief Services (CRS) para participar en un viaje de inmersión a Guatemala, no sabía qué esperar. Me preguntaba: ¿es esto para mí? Sin embargo, sentí el llamado a aprender sobre otras realidades, desafíos y esperanzas cotidianas de comunidades locales allí.
El viaje de julio pasado fue liderado por el diácono Leonel Yoque, miembro del Ministerio de Formación Misionera Maryknoll, y por Marcos Guerrero Martínez, quien supervisa a los voluntarios de CRS. “Esta colaboración ofreció a los participantes no solo una visión de la labor de desarrollo, sino también un encuentro transformador con resiliencia, fe y solidaridad”, afirma Martínez.
Maryknoll y CRS colaboraron para presentarnos un país que sufrió una sangrienta guerra civil de 36 años entre las fuerzas gubernamentales y las insurgentes, además de las masacres genocidas de la población indígena maya. Los guatemaltecos que conocimos se referían a esa época como “la época de violencia”.
Empezamos nuestra jornada en Caminando por La Paz, un centro fundado por el difunto Padre Maryknoll Thomas Goekler para ayudar a los jóvenes de Centroamérica a superar la pobreza y la violencia de las pandillas. Disfrutamos conocer a los niños que venían a almorzar al mediodía y vimos cómo la Hermana Eva Rodríguez, una participante del viaje, les enseñaba sobre el rosario misionero y la belleza de los continentes.
Lourdes Hernández, una participante del grupo, reparte alimentos en Caminando por la Paz, un centro fundado por un misionero Maryknoll. (Jeffrey Keller/Guatemala)
El diácono Yoque bailó con los niños y estaban encantados. Nos reíamos mientras los niños rompían una piñata con forma de payaso y, luego, cuando se derramaron los caramelos y se lanzaron a recogerlos. Carlos Miranda, presidente del proyecto y nuestro conductor durante ocho días, infló globos en forma de animales para los alegres niños.
Nos recibieron con sonrisas cuando recorrimos el barrio con uno de los voluntarios del centro. Al lado de mis nuevos amigos, descendí con cuidado por las empinadas escaleras de cemento. Pasamos por casas con techos de láminas de zinc, cañerías improvisadas y ropa colorida tendida bajo el ardiente sol.
Al regresar al centro ayudamos a servir tamales. Una vez que los niños se fueron a casa, disfrutamos de una comida con el personal. Uno de ellos, Ron Covey —de 90 años y afiliado Maryknoll— ha sido voluntario en Caminando por La Paz por 23 años. Covey reemplazó al Padre Maryknoll Thomas Goekler tras su fallecimiento en 2010.
Otro día, después de un agobiante embotellamiento en la carretera por una huelga de maestros, llegamos a la comunidad de Santa Rosa, en el departamento de Chiquimula, donde CRS tiene varios programas. Nos recibieron trabajadores guatemaltecos de CRS que fueron nuestros anfitriones en el rancho donde nos hospedamos.
Brandon explica cómo obtuvo apoyo de trabajadores locales de CRS, como Jessica (a la dcha.), para crear su propio huerto y generar ingresos. (Jeffrey Keller/Guatemala)
Jessica, una de las trabajadoras, me contó sobre un importante proyecto de CRS que se suspendió por los abruptos recortes financieros de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés). Me preguntó si tenía esperanzas de que se reanudara la financiación. Con tristeza, respondí que no. Se me partió el corazón al ver su rostro entristecido. Aun así acogió con cariño a nuestro grupo, a pesar de que el apoyo estadounidense a su trabajo ahora es inestable.
Conocimos a Brandon, un joven agricultor de la misma comunidad, a quien miembros de CRS le enseñaron a cultivar una parcela muy pequeña para que obtenga ganancias. Con orgullo nos mostró su granja, con huertos que producen 2.500 libras de tomates y están protegidos con mallas contra plagas y regados por goteo.
Heidi Villaluz, otra participante del viaje, describe el trabajo de Brandon como un tema de causa y efecto. “Sus éxitos ya han sido una motivación para muchos: seguridad financiera para su familia multigeneracional, liderazgo y mentoría para otros jóvenes del programa”, dice. “En un país donde más de la mitad de la población es menor de 25 años, la resiliencia y los logros pueden aliviar parte de la presión que los jóvenes sienten para abandonar sus hogares en el campo o incluso su país”.
Otro programa de CRS en la comunidad de Santa Rosa son las Comunidades de Ahorro y Préstamos Internos. Las mujeres que participan en esta cooperativa nos comentaron sobre los productos locales que elaboran y luego venden en los mercados. Tras invertir en la cooperativa, se le ofrecen préstamos a corto plazo para apoyar su producción. Algunos de los productos que vimos fueron champús, velas y bordados. También hay fondos disponibles para vacunar pollos y asegurar una camada sana.
Los participantes de Maryknoll y CRS viajan en lancha hacia Santiago La Laguna, en el Lago de Atitlán, Panajachel, Guatemala. (Leonel Yoque/Guatemala)
Al regresar a Ciudad de Guatemala, visitamos la Casa del Migrante, un albergue donde Maryknoll lleva a participantes en viajes de inmersión cada año para concientizar sobre la inmigración. La Casa del Migrante también perdió su financiación de USAID, otorgada a través del Consejo Noruego para los Refugiados, una organización humanitaria internacional. Su equipo se redujo recientemente de nueve a cuatro personas.
El refugio alberga a personas deportadas de Estados Unidos que regresan a su país. Los repatriados permanecen unos días en el centro hasta reencontrarse con sus familias. Se les proporciona alimento, sábanas y cobijas, y se les da la bienvenida mientras deciden la siguiente etapa de su viaje. La mayoría de los huéspedes carece de fondos, dado que a menudo sus parientes ya habían utilizado sus ahorros para pagar el viaje inicial a Estados Unidos.
La Casa del Migrante también ofrece ayuda a migrantes de otros países. Conocimos a una familia venezolana que no pudo llegar a Estados Unidos ni regresar a su país. El albergue ofrece un refugio temporal para aquellos que se encuentran en un limbo.
Niños hacienda la oración para bendecir los alimentos en el centro Caminando por la Paz en la Ciudad de Guatemala. (Leonel Yoque/Guatemala)
Mientras estábamos allí, nos informaron que 120 guatemaltecos deportados acababan de llegar y que el personal de la Casa del Migrante se dirigía al aeropuerto por si necesitaban ayuda. Desafortunadamente, no pudimos esperar para conocerlos.
Las personas que conocimos en Guatemala fueron cálidas, amables y acogedoras. Sentí un gran cariño por ellos, aunque me resultaba difícil procesar las injusticias que vivían y la falta de empatía de nuestro país hacia ellos.
Al iniciar este viaje, no tenía claro qué esperar. Nuestro objetivo, según el diácono Yoque, era presenciar de primera mano los proyectos locales y comprender su impacto colectivo. El viaje sin duda cumplió su cometido.
Pero según Martínez, la colaboración entre Maryknoll y CRS fue más que solo un viaje: “Fue un tapiz de encuentros, desafíos y esperanza compartida”, dice. “Los participantes regresaron al pueblo de Guatemala con los corazones entrelazados, listos para inspirar y apoyar la misión de CRS y Maryknoll”.
Esta experiencia me ha transformado. Ahora buscaré maneras de apoyar a mis hermanos y hermanas guatemaltecos, promoveré la justicia social aquí y en el extranjero, y compartiré el tesoro de mi misión.
Marcos Guerrero Martínez colaboró con este artículo.
Imagen destacada: Participantes del viaje de inmersión misionera, incluida Donna Kling Knudson (al centro, con polo blanco y lentes), visitan el Arco de Santa Catalina en la ciudad de Antigua Guatemala. (Leonel Yoque/Guatemala)
