Decimotercer domingo del Tiempo Ordinario
28 de junio de 2026
2 Reyes 4:8-11, 14-16a | Romanos 6:3-4, 8-11 | Mateo 10:37-42
Ser discípulo de Jesús exige plantearse muchas preguntas profundas e inquietantes: ¿por qué hago ciertas cosas? ¿Quiénes y qué guían mis decisiones? ¿La familia? ¿Los amigos? ¿El deseo de posesiones? ¿El estatus en la comunidad? ¿El placer personal? ¿El servicio a los demás? ¿El amor a Dios?
De hecho, las palabras de Jesús en el pasaje del Evangelio de hoy, tomado de Mateo, pueden resultar muy inquietantes; nos confrontan y cuestionan la calidad de nuestro discipulado, nuestro seguimiento genuino de Jesús.
Alguien ha señalado que el propósito de predicar el Evangelio es “consolar a los afligidos” (los pobres y los que sufren) y también “afligir a los acomodados” (aquellos que tienen lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas y, sin embargo, no muestran compasión hacia los necesitados). Una lectura atenta del Evangelio de hoy puede, de hecho, inquietarnos o “afligirnos”.
Escuchamos las palabras contundentes y directas de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí… el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. “Quien diera, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños… yo les aseguro que no perderá su recompensa”. ¿Cómo respondemos a los desafíos de Jesús?
Sabiduría papal
San Pablo VI, en su poderosa reflexión sobre la evangelización en el mundo moderno (Evangelii Nuntiandi), plantea una idea perspicaz: los Evangelios están destinados a desafiar nuestros valores, nuestras decisiones y nuestras relaciones. Escuchen a este Papa santo… ¡y déjense conmover!
La tarea de la Iglesia al predicar el Evangelio significa, según Pablo VI, “alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación”. (Párrafo 19)
Las exigencias del discipulado plantean preguntas reales: ¿pongo a Dios en primer lugar en mi vida —incluso por encima de la familia y los amigos? ¿Llevo de buena gana mis cruces diarias? ¿Estoy demasiado apegado a las posesiones materiales? Ser admirador de Jesús es fácil; ser un discípulo genuino requiere compromiso, dedicación y decisiones difíciles.
Testimonio contemporáneo
Una descripción válida y contemporánea del discipulado es entenderlo como un “testimonio contracultural”. Esto significa seguir las propias convicciones cristianas, incluso en contra de la corriente de los patrones culturales y valores sociales predominantes que son contrarios al Evangelio. Algunos ejemplos breves ayudan a ilustrar este punto “contracultural”.
Un joven que acaba de graduarse como médico o abogado deja su profesión y entra al seminario para formarse como sacerdote. Una mujer embarazada y soltera rechaza la salida fácil del aborto, sabiendo que esto cambiará radicalmente su vida, tiene que abandonar sus sueños de una carrera profesional. Un hombre valiente denuncia la corrupción en el gobierno o en los negocios, aunque eso le pueda costar su trabajo o poner en peligro su vida. Los miembros de una familia cuidan con amor a un niño con discapacidad, a costa de un gran sacrificio personal. Una mujer se ofrece como voluntaria para dejar una cómoda escuela privada y trabajar con niños en una escuela de una zona pobre. Una familia se compromete a compartir una comida y dedicar un tiempo a la oración en común varias veces a la semana.
Tanto la Iglesia como la sociedad necesitan el testimonio de personas contraculturales. Muchos líderes mundiales acompañaron a la humilde monja, Santa Madre Teresa, hasta su entierro (1997), pero su testimonio contracultural, creo yo, debe de haberlos hecho sentir (y a nosotros también) decididamente incómodos.
Desafíos significativos. Personalmente, en mis años de preparatoria, leí con gran entusiasmo dos libros de Dietrich Bonhoeffer, quien murió en 1945 a los 39 años en el campo de concentración de Flossenbürg, en Alemania. ‘El costo del discipulado’ (1937) y ‘Resistencia y sumisión’ (1951) son clásicos sobre lo que implica convertirse en discípulo de Jesús. ¡Siguen siendo relevantes para nuestros días y sus desafíos, especialmente en la sociedad estadounidense!
Pregúntate, ponte a prueba: ¿Qué sacrificios o cambios en mi vida son necesarios para que pueda ser un discípulo de Jesús más genuino y compasivo? ¿Cómo puedo morir más auténticamente con Cristo para vivir más abundantemente con él?
Para concluir, te pregunto: ¿Te han inquietado mis numerosas preguntas? Si respondes “Sí”, te diré: “Bien”. Quizás ahora ambos estemos más cerca de comprender el verdadero costo del discipulado como un auténtico seguimiento de Jesús. De hecho, el discipulado tiene un costo; a menudo, ese costo es alto.
El Padre Maryknoll James H. Kroeger sirvió en misión en Asia (Filipinas y Bangladés) durante más de cinco décadas. Aquí en EE. UU. publicó recientemente tres libros breves y meditativos: ‘Living in Joyful Hope’ (Vivir en la esperanza gozosa), ‘Exploring Vatican II Treasures’ (Explorando los tesoros del Concilio Vaticano II) y ‘A Joyful Journey with Pope Francis’ (Un viaje gozoso con el Papa Francisco).
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Imagen destacada: Foto cortesía de Jorge Luis Ojeda Flota, disponible en el dominio público a través de Unsplash.
