Decimocuarto domingo del tiempo ordinario
5 de julio de 2026
Zacarías 9, 9-10 | Romanos 8, 9, 11-13 | Mateo 11, 25-30
A medida que he ido aprendiendo y haciendo preguntas sobre Brasil, el país de misión al que llegué el pasado mes de febrero, uno de los temas que ha surgido repetidamente es la violencia doméstica. Me sorprendió ver, en el Día Internacional de la Mujer, un destacado monumento en memoria de las víctimas recientes de feminicidio, junto a algunos carteles que denunciaban la violencia contra las mujeres.
Los brasileños hablan cada vez más sobre la violencia doméstica y de género, crean sistemas de apoyo para las sobrevivientes de abusos y mejoran la forma en que las fuerzas del orden gestionan este tipo de situaciones. Sin embargo, un sacerdote me comentó que no es raro que un testigo de un caso de maltrato alivie su conciencia llevando el asunto a la confesión. Sigue siendo un delito del que apartamos la mirada.
Según datos de 2019 de la Investigación Nacional de Salud, aproximadamente el 2.5 % y el 8.9 % de los hombres y mujeres adultos de Brasil, respectivamente, han sufrido violencia sexual en algún momento de sus vidas¹. El Instituto de Georgetown para las Mujeres, la Paz y la Seguridad sugiere que, en 2025, el porcentaje de mujeres que alguna vez habían tenido pareja y que habían sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja en los 12 meses anteriores a la recopilación de datos era del 6.5 % en Brasil, frente al 5.7 % en El Salvador, el 6 % en EE. UU. y el 18.3 % en Bolivia².
Ante esto, me llega al alma leer las primeras líneas del pasaje bíblico de esta semana:
“Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso, humilde y montado en un burrito. Él hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra”. Es la visión hacia la que todos miramos con esperanza y es el Reino que estamos construyendo aquí y ahora a través de proyectos como “AFYA en Acción en las Escuelas Públicas” y los círculos de justicia restaurativa, así como a través de cada gesto de apoyo con el que un vecino ayuda a otro. La violencia doméstica conlleva una sensación de impotencia y aislamiento, ¡pero esa no es la voluntad de Dios!
El salmo entremezcla letras de alabanza con aclamaciones sobre quién es Dios: “compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas […] es siempre fiel a sus palabras, y lleno de bondad en sus acciones. Da su apoyo el Señor al que tropieza y al agobiado alivia”. En estas palabras, a las que sigue el mensaje de Pablo a los Romanos insistiendo en que el Espíritu de Dios habita en nosotros, tenemos un modelo de cómo ser hombres y mujeres a imagen de Cristo, cónyuges a imagen de Cristo, ciudadanos a imagen de Cristo: cómo ser cristianos. Si el maltrato surge de dinámicas de poder o de pasión, Pablo nos recuerda que no somos deudores de estas cosas. Si vivimos según la carne, cosechamos sufrimiento y muerte. Pero si vivimos en el Espíritu y dejamos atrás los viejos modelos de identidad, encontramos una cosecha abundante.
En el Evangelio, Jesús dice: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”. Pienso en aquellos que luchan contra sus patrones de abuso, contra su historia, contra su identidad. ¿Y si pudieran tomar el yugo de Jesús? ¿Es algo con lo que pueda ayudar?
James Pawlowicz se unió a los Misioneros Laicos de Maryknoll en octubre de 2025 y actualmente sirve en João Pessoa, Paraíba, Brasil.
Para leer otras reflexiones bíblicas publicadas por la Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll, haga clic aquí.
Imagen destacada: Un hombre observa una obra de arte creada por artistas en homenaje a Kathlen Romeu en un barrio pobre de Río de Janeiro, el 14 de junio de 2021. La diseñadora de interiores, de 24 años, estaba embarazada cuando fue asesinada a tiros el 8 de junio durante una operación policial, según los medios locales. El grafiti dice: “Que tu luz guíe los caminos de nuestra lucha”. (CNS/Pilar Olivares, Reuters)
