Cartas desde una prisión en Hong Kong

Tiempo de lectura: 6 minutos
Por: Andrea Moreno-Diaz
Fecha de Publicación: Jun 1, 2026

UNA HERMANA MARYKNOLL ACOMPAÑA A PERSONAS EXTRANJERAS ENCARCELADAS EN HONG KONG

Asha, 35, está lejos de su casa en el este de África. Ella se sienta a un lado de la cabina para visitas en la Institución Correccional Lo Wu para mujeres en Sheung Shui, en el norte de Hong Kong. Al otro lado de la cabina está la Hermana Maryknoll Esther Warioba, que se ha convertido en el único contacto externo de Asha en un lugar lejano.

Vistiendo un uniforme a cuadros blanco y café, con el cabello arreglado en nudos bantú, Asha habla de la profunda cicatriz en su cuerpo que le quedó después de un ataque con machete a causa de una deuda. Fue aquello lo que la obligó a buscar dinero rápido.

Unas semanas después sería detenida por transportar drogas ilegales en Hong Kong, una región administrativa especial de China. Tras declararse culpable, fue sentenciada a siete años en prisión. Asha dice que una amiga la engañó con la promesa de un trabajo y la utilizó como mensajera.

“Hay muchas mujeres de diferentes países. De naciones africanas, sudamericanas y asiáticas”, dice la Hermana Warioba de las cinco prisiones que visita en su ministerio con Voice for Prisoners (Voz para los Prisioneros), una organización sin ánimo de lucro radicada en Hong Kong.

Antes de su visita, la Hermana Warioba hace una parada en el polvoriento camino al lado de la prisión Lo Wu. En una caseta metálica que funciona como tienda para los visitantes, ella compra artículos preaprobados como toallas higiénicas, desodorantes, champús y acondicionadores.

Saca un papel con los nombres, números de identificación y países de origen de los 20 reclusos que visita. Ha garabateado sus solicitudes al lado de sus nombres.

La Hermana Warioba también se asegura de comprar tarjetas para que los reclusos hagan llamadas internacionales. A ellos se les permite solo una llamada telefónica de 10 minutos al mes. Para prisioneros de países remotos que no reciben otros visitantes, esos valiosos minutos son la única manera de escuchar la voz de un ser querido.

Para las demás ocasiones en que reclusos como Asha necesitan una amiga, la Hermana Warioba está ahí.

En ruta a la prisión para mujeres de Lo Wu, la Hermana Warioba compra artículos que las reclusas han solicitado. La hermana visita a un total de 20 reclusos en cinco cárceles de Hong Kong. (Andrea Moreno-Díaz/Hong Kong)

En ruta a la prisión para mujeres de Lo Wu, la Hermana Warioba compra artículos que las reclusas han solicitado. La hermana visita a un total de 20 reclusos en cinco cárceles de Hong Kong. (Andrea Moreno-Díaz/Hong Kong)

“La Hermana Esther es como mi hermana de sangre”, dice Asha. “Escucha cada palabra. Aprecio su presencia tanto.” Luego añade: “Si no rezas, no sobrevivirás aquí”.

“Me siento con mucha energía cuando los visito, incluso si estoy cansada”, dice la Hermana Warioba. “Escucharlos y encontrarme con ellos toma esfuerzo, pero también es una bendición”.

Solo se permiten dos visitas de media hora al mes. Por lo tanto, gran parte de la comunicación entre visitas se realiza mediante cartas.

Además de ser amigos por correspondencia para los reclusos, los voluntarios con Voice for Prisoners como la Hermana Warioba se ponen en contacto con las familias de reclusos extranjeros a través de la aplicación telefónica WhatsApp. Los parientes de los reclusos, a su vez, envían fotos y cartas por mensaje de texto que los voluntarios imprimen y llevan a los prisioneros.

La Hermana Warioba dice que esto ayuda a las familias a mantenerse al tanto de lo que ocurre con sus seres queridos.

Voice for Prisoners, fundada en el 2018 por el Padre oblato John Wotherspoon, también trabaja en campañas para concientizar sobre las tácticas que los traficantes utilizan para engatusar a personas pobres como Asha.

“La mejor manera de ayudar a los prisioneros es evitar que vayan a prisión”, dice el Padre Wotherspoon. “Hay personas malvadas en el negocio del tráfico humano que explotan a personas más pobres que necesitan dinero con urgencia. Especialmente mujeres que necesitan dinero para sus familias, su educación o sus pagos médicos”.

El Padre Wotherspoon ha viajado a países en África, el sur de Asia y Latinoamérica para informar sobre los riesgos de transportar drogas a Asia, donde las leyes para crímenes relacionados con las drogas son más duras y llegan a incluir la pena capital. Él también se ha reunido con periodistas, autoridades locales y organizaciones como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés).

El Padre oblato John Wotherspoon, fundador de Voice for Prisoners, viaja por el mundo para combatir el tráfico humano. (Cortesía de Esther Warioba, M.M./Hong Kong)

El Padre oblato John Wotherspoon, fundador de Voice for Prisoners, viaja por el mundo para combatir el tráfico humano. (Cortesía de Esther Warioba, M.M./Hong Kong)

Como parte de la campaña de disuasión de Voice for Prisoners, la campaña No More Mules/No más mulas publica en su sitio web cartas de reclusos en Hong Kong. El objetivo es alertar a través de los testimonios de prisioneros de las estrategias coercitivas, fraudulentas y en muchos casos violentas de traficantes, así como sobre los riesgos de transportar droga.

Poco después de su llegada a Hong Kong en 2018, la Hermana Warioba empezó a visitar a reclusos del este de África que solo hablaban suajili, aunque su ministerio se ha extendido a personas de otras regiones.

Cada domingo, su voz llega dentro de las prisiones a través de un programa de radio de Voice for Prisoners para reclusos que no hablan cantonés o mandarín. Ella escribe y graba reflexiones de las Escrituras en suajili que son transmitidas en el programa.

“Quieren realmente conectarse con Dios”, dice la Hermana Warioba. “Sienten mucha gratitud por los católicos que están cerca”.

Marta, 30, de Venezuela, es otra reclusa que la Hermana Warioba visita. Está cumpliendo una sentencia de 11 años por transportar drogas después de declararse inocente.

“Las visitas de la Hermana Esther han sido una bendición de Dios”, dice Marta. “Ella sabe cómo inyectarme paz. Es charladora, llena de conocimiento y no subestima a nadie”.

Marta participa en un programa de Voice for Prisoners que ofrece ayuda académica a manera de rehabilitar y prevenir la reincidencia. “Amo el poder del conocimiento”, dice Marta. “Cuando vivía en Venezuela, hubo muchas noches que le pedí a Dios que me diera la oportunidad de estudiar”.

El reporte anual de la organización para el 2024 dice que “los reclusos que obtienen un diplomado de dos años tienen un 85% menos probabilidad de volver a prisión, y los que tienen licenciatura tienen un 95% menos probabilidad de reincidir”.

En el 2025, Marta obtuvo un diplomado en Estudios Generales y espera titularse en Estudios Sociales antes de cumplir su condena. La Hermana Warioba dice que esta es una “de las muchas oportunidades de transformación” para reclusos en el programa de Voice for Prisoners.

“Mis sueños para el futuro no son imposibles”, dice Marta. “Espero encontrar un trabajo donde pueda hacer lo que otros han hecho por mí. Sueño con ayudar a prisioneros, niños, madres solteras como yo”.

La preocupación central de muchos prisioneros son sus familias, dice la Hermana Warioba. Voice for Prisoners también apoya a las familias de los reclusos ayudándoles a pagar matrículas escolares para los niños. Más recientemente, el programa empezó a ofrecer subsidios para pequeños negocios a las familias de exconvictos.

Eso es “lo que Jesús nos dijo que hiciéramos: cuidar a los que no tienen hogar, están enfermos o están en prisión”, dice el Padre Wotherspoon. Él dice estar agradecido por voluntarios como la Hermana Warioba, “que son compasivos con estas personas en prisión y las ayudan hasta el día que puedan reunirse con sus familias”.

Para Asha, cuya cicatriz física aún duele, ese acompañamiento la ha ayudado a sanar heridas espirituales. “Tenía ansiedad, vergüenza, odio contra mí misma y miedo”, dice. “Desde que conocí a la Hermana Esther, todo ha cambiado”.

La Hermana Warioba dice que el amor encapsula su enfoque.

“El amor nos une”, dice. “Algunos tienen miedo de regresar con sus familias. Yo les digo: ‘Eres un hijo de Dios. Si estás cerca de Dios, todo saldrá bien’”.

Para su protección, los nombres reales de las reclusas han sido cambiados.

La Hermana Maryknoll Esther Warioba, que profesó votos perpetuos el año pasado, visita a reclusos extranjeros sentenciados por ser “mulas”. (Paul Jeffrey/Hong Kong)

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Sobre la autora/or

Andrea Moreno-Diaz

Nació en Bogotá, Colombia. Tiene un título en Literaturas Hispánicas de City College of New York. Como editora asociada escribe, edita y traduce historias en español e inglés. Vive en Ossining, Nueva York.

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