Por Daniel Kim, M.M.
Séptimo domingo de Pascua
17 de mayo del 2026
Hechos 1, 12-14 | 1 Pedro 4, 13-16 | Juan 17, 1-11a
Hoy no solo es el séptimo domingo de Pascua, sino también la Fiesta de la Ascensión del Señor.
El tema común es el motivo de la muerte. Me refiero a la muerte, no en un sentido morboso, sino más bien como una vía de transición. Un hecho que queda claro en nuestro complejo mundo es que nos encontramos en un estado constante de cambio. En otras palabras, estamos constantemente en transición, de un momento a otro. Como dijo el filósofo griego Heráclito: “No nos podemos bañar dos veces en el mismo río, pues no es el mismo río y uno no es la misma persona”.
Ya sea al viajar de un continente a otro o al partir de esta vida a la otra, lo que alivia la angustia, el dolor y el miedo a dejar atrás lo familiar es nuestra comprensión, a nivel metafísico, de que toda la creación está conectada con Dios.
En la lectura del Evangelio de hoy, del capítulo 17 de Juan, escuchamos parte de lo que se conoce como “El discurso de despedida”, pronunciado por Jesús a once de sus discípulos inmediatamente después de la Última Cena en Jerusalén, la noche antes de su crucifixión. Jesús describe nuestra conexión con Dios cuando dice: “Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado”.
Ahora hay un problema particular que amenaza nuestra conexión con la Creación y con el planeta que llamamos nuestra casa: el cambio climático.
Nunca antes en la historia de la civilización la humanidad había imaginado que su modo de vida pudiera provocar la desaparición del planeta. A través del consumo patológico de recursos naturales y la emisión masiva de carbono, la vida útil de nuestra casa común —que antes se percibía como indefinida— se mide ahora, metafóricamente, en minutos en el Reloj del Juicio Final.
Sin embargo, según los expertos, todavía existe la posibilidad de revertir esta trayectoria, aunque la ventana de oportunidad se está cerrando. Es en este contexto tan grave donde el Papa Francisco publicó su encíclica Laudato Si’.
Laudato Si’ sirve como llamada de atención no solo para los católicos, sino para el mundo entero: a menos que se haga algo ahora para cuidar de nuestra casa común, el apocalipsis alegórico del Libro del Apocalipsis se convertirá en una cruda realidad.
“En la encíclica”, comenzó el Papa Francisco, “intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común”. Se dirigió no solo a los fieles, sino a todas las personas, porque, independientemente de la raza, la religión o el credo, todas y cada una de ellas están conectadas a este planeta y, por lo tanto, tienen un interés en su supervivencia.
Al invitar a todos al diálogo, el Papa Francisco demostró que el cambio climático no puede ser abordado por unos pocos países selectos, más bien, requiere la participación de todos los que consideran este planeta su hogar.
“La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común. Pero la misma inteligencia que se utilizó para un enorme desarrollo tecnológico no logra encontrar formas eficientes de gestión internacional en orden a resolver las graves dificultades ambientales y sociales. Para afrontar los problemas de fondo, que no pueden ser resueltos por acciones de países aislados, es indispensable un consenso mundial…” (Laudato Si’ 164).
Una vez que se establezca la conciencia global de la ecología integral —que todas las cosas del mundo están conectadas—, la ilusión de la independencia se desvanecerá, se verá la realidad de la interdependencia y prevalecerán la apertura y la voluntad de trabajar colectivamente. La luz de la interdependencia disipará el engaño del ego sobre la sostenibilidad y la eficacia de la independencia.
Siguiendo con este hilo de la interdependencia, el Papa Francisco no tardó en recordarnos que una ecología sana va precedida de una antropología sana:
“No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología” (Laudato Si’ 118).
¿Por qué?, se preguntarán.
“Un antropocentrismo desviado no necesariamente debe dar paso a un ‘biocentrismo’, porque eso implicaría incorporar un nuevo desajuste que no sólo no resolverá los problemas sino que añadirá otros. No puede exigirse al ser humano un compromiso con respecto al mundo si no se reconocen y valoran al mismo tiempo sus capacidades peculiares de conocimiento, voluntad, libertad y responsabilidad” (Laudato Si’ 118).
El Papa Francisco invitó a cada uno de nosotros a contribuir a nuestra manera propia y única. En el espíritu de las palabras de Leo Buscaglia: “Tu talento es un don de Dios para ti, lo que hagas con él es tu regalo de vuelta a Dios”. El Papa Francisco nos llamó a participar en esta misión global en honor a nuestra interconexión con Dios y la Creación.
Todos y cada uno de nosotros somos una obra maestra de Dios, única e irrepetible. Dentro de cada uno de nosotros hay un talento único y precioso que solo podemos ofrecer. Creo que esta es la gloria divina que Jesús expresa en su “Discurso de despedida”.
El Padre Maryknoll Daniel Kim nació y creció en el sur de California. Fue ordenado sacerdote Maryknoll en 2017 y actualmente sirve en la iglesia de Santa María en Kowloon, Hong Kong. Desde su misión, el padre Kim comparte lecturas bíblicas y reflexiones diarias del Evangelio en formato de audio.
Para leer otras reflexiones bíblicas publicadas por la Oficina de Asuntos Globales de Maryknoll, haga clic aquí.
Imagen destacada: Argie Aguirre, integrante de River Warriors, recoge basura del contaminado río Pasig en Manila, Filipinas, el 22 de junio de 2021. Hace 11 años, el 14 de mayo de 2015, el Papa Francisco emitió su encíclica medioambiental histórica “Laudato Si’”. (OSV News / Eloisa Lopez, Reuters)
