MISIONEROS OFRECEN ESPERANZA Y ACOMPAÑAMIENTO A MIGRANTES EN CENTROS DE DETENCIÓN
Cada semana Adrián se levantaba de buen ánimo y esperaba la visita de la Hermana Leticia Gutiérrez en el centro de detención migratorio de Camp East Montana en El Paso, Texas. “Es la única oportunidad que tengo de ver a gente diferente de la barraca, un momento para salir de ese espacio cerrado en el que me encuentro”, le decía Adrián a la misionera. “Me hace bien escucharla y dialogar con usted”.
Adrián, un inmigrante guatemalteco de 27 años que estaba en proceso de asilo, fue arrestado el año pasado por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) mientras trabajaba como albañil en Filadelfia. Fue recluido en un centro de detención local por varios meses. Luego fue trasladado a otro centro en la ciudad de Búfalo y, en diciembre, a El Paso, Texas.
Adrián es uno de los cientos de inmigrantes detenidos que reciben visitas de un grupo de religiosos y voluntarios, incluidos miembros de Maryknoll, dirigido por la Hermana Gutiérrez, directora del Ministerio de Hospitalidad para Migrantes diocesano en El Paso.
El Ministerio para Migrantes, dice la Hermana Gutiérrez, sigue un modelo pastoral de acompañamiento que consiste en asistir a citas en los juzgados, acompañar a personas en centros de detención y apoyar a sus familiares.
Los voluntarios asisten a los dos juzgados migratorios del Paso tres veces por semana. Fuera de los juzgados, les aconsejan a las personas citadas tomar una foto de su número de registro de extranjero y enviarla a sus familias para que puedan monitorear su estatus. “Les sugerimos que memoricen un número telefónico o lo escriban en algún lugar de su cuerpo”, dice la Hermana Gutiérrez.
Tras la audiencia, aquellos inmigrantes que reciben una orden de deportación son detenidos por ICE, a pesar de que se les otorgan 30 días para apelar. Antes de ser esposados, los inmigrantes tienen la oportunidad de compartir un momento espiritual con los voluntarios.
El Padre Maryknoll Kenneth Moody, que sirvió como voluntario en el ministerio, afirma que presenciar los arrestos es una experiencia intensa. Las audiencias pueden durar hasta tres horas, dice, “y el acompañamiento y la oración son apenas de tres minutos.”
Rubén García, director de la red de albergues Annunciation House con historial de más de 48 años en El Paso, Texas, le da la bienvenida a una joven inmigrante con discapacidad. (Octavio Durán/EE. UU.)
Él dice que el acompañamiento “consiste en convencer a los detenidos de que el Señor siempre está con ellos y que pueden acudir a él abriendo su corazón”.
El Padre Moody, que sirvió en Venezuela por 24 años y en Bolivia por 14 años antes de empezar su misión en la frontera en 2021, dice que hablar español y tener disposición para escuchar han sido clave para su labor.
La Hermana Gutiérrez explica que el segundo deber del acompañamiento consiste en ir a los centros de detención bajo la denominación de amigos. “Hacemos visitas semanales personalizadas a quienes son arrestados en las cortes o a quienes sus familiares nos contactan”, dice la misionera. “Como en el caso de Adrián, cuya prometida lo visitó y, preocupada por su salud emocional, nos pidió ayuda”.
En Camp East Montana, uno de los centros de detención más grandes del país, las instalaciones son similares a depósitos. En las barracas, como las llaman los detenidos, duermen más de 70 personas hacinadas, dice la misionera.
“El hecho de visitarlos,” dice ella, “es como si fuéramos una familia adoptiva que los acompañará durante el tiempo que estén aquí”.
El ministerio apoya a los detenidos asegurándose de que puedan hacer al menos una llamada telefónica inicial y depositan 25 dólares en sus cuentas para que sigan en contacto con sus familias. “Les llevamos libros de oraciones y sopa de letras para que ocupen el tiempo”, dice ella. “Oramos cuando nos lo piden y los acompañamos hasta su deportación o liberación”.
El Padre Moody celebraba Misa una vez al mes en los centros de detención a la que asistían de 60 a 80 detenidos. “Les indicaba que buscaran a Dios en los momentos más difíciles”, dice el misionero, que ahora reside en la sede central de Maryknoll en Nueva York. “Los centros de detención eran más duros que la cárcel. En la cárcel, un máximo de seis personas compartían celda, pero en los centros migratorios los detenidos estaban en un solo espacio, donde podían llegar a ser hasta 70 personas”.
La Hermana Leticia Gutiérrez (izq.) y la Hermana Elisete Signor, directora de operaciones del Ministerio de Hospitalidad para Inmigrantes, asisten a una marcha proinmigrante. (Octavio Durán/EE. UU.)
El tercer elemento del modelo de acompañamiento pastoral, según la Hermana Gutiérrez, se enfoca en conectar con los familiares. “Ellos viven angustiados, con ansiedad y depresión. Practicamos la terapia de la escucha, de hacerles saber que estamos ahí”, dice. La experiencia de detención es angustiante, añade. “Hoy pueden estar en este centro de detención y a medianoche los trasladan a otro, lo que genera incertidumbre entre sus seres queridos”.
La Hermana Gutiérrez visitó a Adrián desde diciembre hasta finales de enero. Su prometida y otras organizaciones pagaron los honorarios del abogado, y solicitaron el amparo del hábeas corpus. Finalmente pudo salir bajo fianza con un grillete de monitoreo.
Adrián, cuyo caso de asilo continúa, fue trasladado a Annunciation House (Casa de la Anunciación), una organización de voluntarios con 48 años de historia que brinda hospitalidad a inmigrantes y refugiados en El Paso. Actualmente llegan allí a diario entre 10 y 15 personas liberadas por ICE.
Otro centro dentro de la misma red de Annunciation House, el Albergue Papa Francisco, sirve a mujeres y familias que ya residían legalmente en los Estados Unidos. A muchas se les suspendió su autorización de empleo por nuevos protocolos migratorios y ahora no pueden sostenerse económicamente, dice Rubén García, director de Annunciation House.
Él comenta que muchas personas en los albergues ya tienen un proceso de asilo o han iniciado algún trámite migratorio. Poseen documentos que, en ocasiones, incluyen la autorización de trabajo, el seguro social temporal y la licencia de conducir. Anteriormente, personas con ese estatus no eran objeto de detenciones por autoridades migratorias. Sin embargo, bajo la administración Trump, ICE ha sido instruido para que “ponga de lado esos documentos y los detenga”, dice García. “Y eso es catastrófico para las familias”.
Muchos creían que, porque sus casos estaban en proceso, no serían detenidos, dice García. “Salen muy afectados y con una expresión de trastorno”.
Muchos de los liberados llegan a los albergues sin sus pertenencias personales, copias de sus documentos o papeleo sobre su caso, dice. Los voluntarios les ayudan a programar su viaje para que regresen a las ciudades donde vivían.
Los Obispos Mark J. Seitz de El Paso, Evelio Menjívar-Ayala de Washington y José Guadalupe Torres Campos de Ciudad Juárez participan en una vigilia contra las deportaciones masivas. (OSV/Fernando Ceniceros/EE. UU.)
La labor voluntaria, incluyendo la de muchos misioneros Maryknoll, es fundamental, dice García. Nos corresponde a cada uno de nosotros escuchar y responder al llamado del espíritu de Dios, añade.
Kevin McCarthy, un promotor misionero del Ministerio de Formación Misionera Maryknoll, fue asignado a El Paso el año pasado. Cada semana visita un centro de detención en El Paso.
McCarthy dice estar preocupado por una detenida ecuatoriana de 27 años. “La última vez que la vi, estaba bastante deprimida. Me dijo: ‘Hoy se cumplen dos años desde que estoy encerrada’”. La mujer, considerada en riesgo, ha sido trasladada a una pequeña celda con otra mujer.
El mensaje de Maryknoll y de la Doctrina Social de la Iglesia es defender la dignidad humana de cada persona, dice McCarthy. “Ella está luchando para quedarse,” añade.
Para la Hermana Gutiérrez, este ministerio de acompañamiento fortalece la fe y dedicación de los religiosos y voluntarios al darles una espiritualidad profunda en cada encuentro con los detenidos.
“Para el interno, Dios es el único sostén real”, afirma. “Sigamos difundiendo la ternura de Dios, compartiendo, escuchando, dialogando con ellos y manteniendo viva la esperanza y la fe en este Dios que siempre camina con su pueblo”.
El nombre de Adrían ha sido cambiado para proteger su identidad.
Imagen destacada: Durante una marcha y vigilia en El Paso, Texas, manifestantes sostienen pancartas de niños y adultos inmigrantes que han fallecido bajo custodia de ICE. (Octavio Durán/EE. UU.)
