Entregarse de todo corazón a Dios y a los demás

Tiempo de lectura: 7 minutos
Por: Giovana Soria
Fecha de Publicación: Sep 1, 2026

Una Hermana Maryknoll ofrece cuidado espiritual a reclusos y pacientes en Chicago.

La Hermana Maryknoll Julia Shideler camina con calma por los pasillos de la cárcel del condado de Cook, en Chicago, dirigiéndose a la sección de seguridad media del centro. Allí sirve como capellana a través de Kolbe House, el ministerio penitenciario de la Arquidiócesis de Chicago.

Mientras la Hermana Shideler y otra facilitadora organizan las sillas en círculo, unos 12 reclusos vestidos con uniformes beige entran en la sala. Los hombres que forman el círculo se turnan para decir sus nombres y expresar cómo se sienten.

“Hago una pregunta para romper el hielo e iniciar la conversación, para que poco a poco vayamos conociéndonos”, explica la Hermana Shideler. “Podemos hablar de su infancia o de sus esperanzas”. Luego, reparte una lectura para analizarla en grupo.

“Los reclusos empiezan a expresarse”, comenta la Hermana Shideler. “Puede tratarse de Dios o de aspectos psicológicos de sus vidas, incluidos sus pensamientos, recuerdos y sentimientos. Hablamos sobre cómo afrontar los traumas; a veces el tema se vuelve algo profundo, pero es una conversación valiosa”.

Las personas privadas de libertad a veces hablan de la diferencia entre las máscaras que llevamos y el verdadero yo que se esconde tras ellas, señala la Hermana Shideler. Comparte el testimonio de un recluso: “Soy un tipo recio y la máscara que llevo para desenvolverme me ayuda a sentirme seguro. Nadie se mete conmigo”, decía el preso. “Pero cuando entro en mi celda y me encuentro en silencio, soy consciente de la realidad y siento miedo. No sé cómo será cuando salga ni si mi familia me recibirá bien”.

Escucharse mutuamente fomenta la apertura, afirma la misionera, y los reclusos enriquecen sus comentarios a partir de lo que dicen los demás. “A veces los reclusos lloran”, dice. “Estamos allí para acompañar, escuchar y responder sin juzgar”.

La Hermana Maryknoll Julia Shideler y la Hermana dominica Tien Mai dirigen sesiones de<br />
Oración Centrada todos los viernes a doce internos en la cárcel del condado de Cook, como<br />
parte del ministerio penitenciario Kolbe House de la Arquidiócesis de Chicago. (Catherine Luchins/EE. UU.)

La Hermana Maryknoll Julia Shideler y la Hermana dominica Tien Mai dirigen sesiones de Oración Centrada todos los viernes a doce internos en la cárcel del condado de Cook, como parte del ministerio penitenciario Kolbe House de la Arquidiócesis de Chicago. (Catherine Luchins/EE. UU.)

La Hermana Shideler, de 48 años, cuenta que ha sido testigo de cómo la gracia y la bondad humana fomentan la confianza entre algunas de las personas más vulnerables y angustiadas de Chicago. Los hombres encarcelados se reúnen para conversar y orar en silencio, mostrando actos de gracia unos a otros. “He visto crecimiento y transformación”, afirma la misionera, quien dirige sesiones de Oración Centrada en la cárcel del condado. “Nuestros encuentros los viernes por la mañana me inspiran a vivir con más esperanza”.

En su exhortación apostólica Dilexi Te, el Papa León XIV recordó las palabras de su predecesor, el Papa Francisco: “La cárcel es un lugar de gran humanidad… una humanidad puesta a prueba, a veces desgastada por las dificultades, la culpa, los juicios, los malentendidos y el sufrimiento, pero al mismo tiempo llena de fortaleza, de deseo de perdón y de anhelo de redención”. La Hermana Shideler afirma que, cuanto más se encuentra con personas en estas situaciones, más se profundiza su vocación de acompañarlas.

Como capellana voluntaria, la Hermana Shideler también realiza visitas individuales a hombres reclusos en la Unidad de Diagnóstico y Tratamiento Residencial de la cárcel del condado de Cook. Muchos de los internos son personas mayores que padecen enfermedades físicas y mentales, y gran parte de ellos son hispanohablantes. “Buscan oración y acompañamiento”, comenta.

Además de su ministerio con los reclusos, la Hermana Shideler trabaja como capellana a tiempo parcial en UI Health, hospital de la Universidad de Illinois, y como capellana eventual en el Centro Médico de la Universidad Rush. Sus ingresos contribuyen a financiar la educación de otras hermanas Maryknoll.

Su labor en el hospital consiste en brindar apoyo emocional y espiritual a los pacientes y a sus familias, explica, “ya sea que se trate de pacientes hospitalizados o de personas que llegan a emergencia sintiéndose desconcertadas, asustadas o en estado de shock”.

En el Centro Médico Rush, el capellán Gordon entrega el turno diurno a la Hermana Shideler.<br />
El acompañamiento espiritual es su "mejor respuesta" al llamado de Dios, dice la misionera,<br />
quien además sirve como capellana en UI Health, un hospital de la Universidad de Illinois. (Octavio Durán, OFM/EE. UU)

En el Centro Médico Rush, el capellán Gordon entrega el turno diurno a la Hermana Shideler. El acompañamiento espiritual es su «mejor respuesta» al llamado de Dios, dice la misionera, quien además sirve como capellana en UI Health, un hospital de la Universidad de Illinois. (Octavio Durán, OFM/EE. UU)

En su papel de capellana, escucha los sentimientos y las inquietudes de los pacientes como de sus familiares. “Les animamos a compartir sus historias y a expresar lo que nesecitan”, señala. “Si un paciente tiene fe pero tiene dudas o no comprende la presencia de Dios en su situación, rezamos juntos pidiendo gracia o sanación”.

En ocasiones, explica la misionera, acompaña a las familias durante el proceso de fallecimiento de un ser querido, ofreciendo apoyo en el duelo. “Nos centramos en las emociones principales —el dolor, la ansiedad, la tristeza y la confusión— para luego pasar a brindar atención espiritual”, afirma.

La Hermana Shideler recuerda una ocasión en la que una mujer perdió inesperadamente a su bebé. “Celebramos una ceremonia para darle un nombre y bendecimos al bebé”, relata la misionera. “Queríamos que ella recordara que, si bien el niño había fallecido, hicimos todo lo posible por honrarlo e integrarlo en la familia de Dios”.

Clare Takash, musicoterapeuta del Rush Center, afirma que la Hermana Shideler demuestra una empatía excepcional y una gran capacidad de escucha atenta. “Durante los servicios conmemorativos, acompaña a las familias en duelo, les ofrece un contacto reconfortante y reza con ellas”, comenta. “Julia ha influido positivamente en muchas personas durante algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Agradecemos su ministerio y su corazón bondadoso”.

El corazón compasivo de la misionera se cultiva en la iglesia St. Thomas the Apostle, ubicada en el barrio de Hyde Park, en Chicago. “Allí sirvo semanalmente como acólita, lectora o ministra extraordinaria de la Comunión”, explica.

La Hermana Shideler, nacida en Oakland, California, creció en una familia bilingüe franco-estadounidense. Se graduó en la Western Washington University con especialización en español e ingresó a la congregación de las Hermanas Maryknoll en 2005.

La Hermana Shideler, junto a la Hermana Maryknoll Susan Wanzagi (segunda de la izquierda)<br />
y niños de la aldea de Daisoli después de una Misa en el 2018. La misionera sirvió durante 14<br />
años en Timor Oriental, trabajando en los ámbitos de la educación y ministerio pastoral. (Cortesía de Julia Shideler M.M./Timor Oriental)

La Hermana Shideler, junto a la Hermana Maryknoll Susan Wanzagi (segunda de la izquierda) y niños de la aldea de Daisoli después de una Misa en el 2018. La misionera sirvió durante 14 años en Timor Oriental, trabajando en los ámbitos de la educación y ministerio pastoral. (Cortesía de Julia Shideler M.M./Timor Oriental)

“Sentí la llamada a ser religiosa porque, durante mis años universitarios, me di cuenta de que quería que mi trabajo estuviera en consonancia con mi estilo de vida”, afirma. “No quería limitarme a tener un empleo, sino entregarme de todo corazón a Dios y a las personas”.

Tras considerar distintas congregaciones, cuenta que le impresionó ver que las Hermanas Maryknoll tenían misiones en países en desarrollo de todo el mundo, lugares donde ella se veía a sí misma sirviendo.

Después de un noviciado de dos años en Chicago, su primera misión en el extranjero tuvo lugar en 2008 en Aileu, Timor Oriental. Allí impartió clases en escuelas secundarias públicas y católicas y elaboró planes de estudio centrados en la paz, la salud integral y la conciencia ecológica. Apoyó a los estudiantes en su acceso a la educación superior mediante becas y los motivó mediante actividades extracurriculares.

Además de aprender tetum y portugués —los idiomas oficiales de este pequeño país insular del Sudeste Asiático—, la Hermana Shideler realizó labores de pastoral en aldeas locales y en el ámbito de la pastoral vocacional. Durante su servicio en Aileu hasta 2022, ayudó a los jóvenes a levantar su propia voz, definir su proyecto de vida y fortalecer su mundo interior a través de la fe. Estos años de servicio despertaron en ella el deseo de seguir formándose. “Las semillas de la llamada que me llevó a estudiar se sembraron en Timor Oriental”, comenta la misionera.

La Hermana Shideler regresó a Chicago para cursar una maestría y formarse en capellanía hospitalaria en la Universidad Loyola de Chicago. Este año obtuvo la certificación profesional de la Asociación Nacional de Capellanes Católicos (National Association of Catholic Chaplains). Asimismo, consiguió certificados en dirección espiritual y consejería pastoral.

Una vez que complete su Maestría en Divinidad el próximo año, la misionera discernirá junto a la congregación cómo y dónde aplicar sus cualidades. “El don de la dirección espiritual es útil allí donde las personas están dispuestas a profundizar en su fe y a fortalecer su relación con Dios”, asegura.

“Enfocar mis estudios en el arte del acompañamiento espiritual —mientras sirvo en hospitales, centros de cuidados paliativos, cárceles y parroquias— me parece la mejor respuesta que puedo ofrecer a Dios, quien me llama a la misión”. 

Foto destacada: La Hermana Maryknoll Julia Shideler sonríe mientras recibe la comunión de manos del fallecido Padre Maryknoll John (Jack) Sullivan durante la Misa de profesión de votos perpetuos, celebrada el 28 de septiembre del 2014 en el Centro de las Hermanas Maryknoll en Ossining, Nueva York. (Gregory A. Shemitz/CNA/EE. UU.) 

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Sobre la autora/or

Giovana Soria

Giovana Soria nació y creció en Lima, Perú. Completó una licenciatura en Ciencias de la Comunicación/Periodismo en la Universidad de San Martín de Porres de Lima. Como redactora, ella escribe y traduce artículos para la revista Misioneros y Maryknoll magazine, nuestra publicación en Inglés. Sus artículos también han sido publicados en la revista bilingüe ¡OYE! para jóvenes católicos hispanos. Su trabajo ha sido premiado por la Asociación de Prensa Católica de Estados Unidos y Canadá. Vive en el condado de Rockland, Nueva York.

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